ENTREVISTA

Alberto Rivero sobre "Yentl": "Lo judío acá no está en un primer plano"

Esta noche a las 21.00 se estrena en Teatro Movie este clásico, en versión de comedia dramática con fuerte acento musical

Yeltl
Yentl, en Teatro Movie. Foto: María José Medina

Yentl es la historia de una mujer judía, que se hace pasar por hombre para ser aceptada por la comunidad de académicos. Hoy sube a escena una versión local, protagonizada por Melanie Catán, Victoria Césperes y Chepe Irisity. Su director, Alberto Coco Rivero, habló con El País sobre este estreno.

-¿Cómo nació esta versión que hoy se estrena en Teatro Movie?

-A mí la película me había parecido un poco lenta, pero leyendo el libreto teatral, empecé a encontrar cosas muy interesante. Sobre todo cosas para desarrollar desde la actualidad, y así este conflicto sobre una mujer dentro de una comunidad ortodoxa judía, traerlo a cuestiones más amplias.

-¿Es más comedia dramática que musical?

-Es una comedia dramática con música. Hay una banda en vivo, pero yo no lo llamaría una comedia musical, ni teatro musical. Hay dos intérpretes que cantan, de un elenco con 25 integrantes. Lo que lo hace musical es que hay una banda de música klezmer en vivo.

Yentl
Yentl, una mujer que lucha en una comunidad tradicional. Foto: María José Medina

-¿Cómo trabajaste los rubros técnicos?

-El vestuario es de Mercedes Lalanne, y tiene que ver con un aire clásico y a la vez contemporáneo, muy definido por colores, con algunos elementos de la tradición judía. Pero no está planteado para que sea un vestuario típico, sino más bien es un guiño potente a eso. Y la escenografía y las luces, que son de Gustavo Petkoff, tienen si se quiere una influencia shakesperiana. La idea es que sean varios tablados,

-Contame un poquito de la parte vocal.

-Las intérpretes que cantan son Bettina Mondino y Melanie Catán, esta última a cargo del personaje protagónico, Yentl. Y Bettina nos interesó como contrapunto, y canta generando los climas del espectáculo. 

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Yentl, teatro con música en vivo. Foto: María José Medina

-¿Qué diferencias marcarías con la película protagonizada por Barbra Streisand, de 1983?

-El ritmo, el texto. Una de las cosas que trabajamos es una palabra que se llama Jaroset, que es una mezcla de nuez, miel, ingredientes dulces que se consume en la pascua judía, el Pesaj, para mojar las hierbas amargas. Y su sentido tiene que ver con recordar que siempre en lo amargo hay algo dulce, y en lo dulce, algo amargo. Y la idea del espectáculo está concebida desde ahí: encontrar todo el tiempo un grado de amargor, y de dulzura. Que el espectador mientras se ría pueda llorar, y que mientras llora se pueda reír.

-Hay un sentido muy profundo en esa mujer que se disfraza de hombre.

-Sí, la idea de Yentl es que se traviste a hombre para poder estudiar. Y eso está como en la esencia misma de lo teatral. Tenemos ese juego a lo shakesperiano, del cambio de la apariencia de un género a otro. Con tan solo un par de lentes, Yentl es Anshel. En ese sentido hay un trabajo muy teatral, de las máscaras. Bien básico de los inicios de lo teatral. Una de las cosas que trabajamos como centro de este espectáculo es que nuestra alma es andrógina.

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Yentl, historia de una luchadora. Foto: María José Medina

-¿Tiene aspectos coreográficos el montaje?

-No, se baila como parte del juego de lo teatral, pero no tiene el sentido que tendría El violinista en el tejado. Si bien aparecen cosas de la cultura judía, tratamos de sacarle el folklorismo, para no darle una cosa de gueto. Buscamos algo más universal.

-¿Hoy existe un teatro judío como existió antes, y Yentl cómo se inscribe en eso?

-No, yo laburé en Caníbales, que tenía un sentido de lo judío muy fuerte. Hice Mein Kampf, farsa. Y esto no se inscribe en ese juego. Esto es otra cosa: si bien es una obra de corte claramente judío, en la versión que hacemos no está el acento ahí. Nuestro planteo es infinitamente más universal. Lo judío acá no está en un primer plano.

-¿Es una puesta de época?

-No, ni cerca. Hablamos de ‘este era mi pueblo’, pero no es de época, ni contemporáneo. Se ubica en un territorio que no sea claro, que sea ambiguo. Y la idea es dar cuatro funciones, siempre los miércoles, y si se agota, seguimos haciendo funciones.

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