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Adentro de un mundo mágico

Recorrida por el backstage del Cirque du Soleil.

Ensayo de uno de los números que llegarán a Montevideo. Foto: Florencia Barre
Ensayo de uno de los números que llegarán a Montevideo. Foto: Florencia Barre
La carpa vacía antes de que se prendan las luces. Foto: Florencia Barre
La carpa vacía antes de que se prendan las luces. Foto: Florencia Barre
La carpa de Amaluna llegará a fin de mes a Uruguay. Foto: Florencia Barre
La carpa de Amaluna llegará a fin de mes a Uruguay. Foto: Florencia Barre
Los contenedores que cargan con la carpa por el mundo. Foto: Florencia Barré
Los contenedores que cargan con la carpa por el mundo. Foto: Florencia Barré
Gabriella Argento es una clown brasilera, esperó 7 años para ser convocada. Foto: Florencia Barre
Gabriella Argento es una clown brasilera, esperó 7 años para ser convocada. Foto: Florencia Barre
Esfuerzo y cansancio tras bambalinas. Foto: Florencia Barre
Esfuerzo y cansancio tras bambalinas. Foto: Florencia Barre
Los artistas entrenan todos los días. Foto: Florencia Barre
Los artistas entrenan todos los días. Foto: Florencia Barre
Los artistas entrenan todos los días. Foto: Florencia Barre
Los artistas entrenan todos los días. Foto: Florencia Barre
Los artistas descansan en medio del entrenamiento. Foto: Florencia Barre
Los artistas descansan en medio del entrenamiento. Foto: Florencia Barre
El Cirque ensaya en Paraguay. Foto: Florencia Barre
El Cirque ensaya en Paraguay. Foto: Florencia Barre

Bajo el sol que baña el puerto de Asunción, el amarillo y el azul se desparraman vibrantes por una carpa que, rodeada de silencio y de los 65 contenedores que en cuestión de días estarán viajando a Montevideo, esconde un mundo mágico que en pocos minutos se nos va a revelar, inmenso y fascinante, cuando la primera lona se corra y se convierta en la puerta del armario que da paso a Narnia.

Son las 14:45 de un jueves precioso y toca seguirle los pasos a Mami Okhi, una japonesa diminuta que aprovecha cada minuto que puede para prender un cigarrillo, amable pero exigente, que marca el tiempo para las entrevistas, los espacios para sentarse —las colchonetas de los entrenamientos están prohibidas para intrusos—, el mejor lugar para hacer el mejor plano posible para el video.

La japonesa, encargada de prensa de Amaluna, recorrió Sudamérica con Kooza —Uruguay incluido; todavía no se olvida del frío del Parque Roosevelt— y le gustó tanto que pidió cambiarse de espectáculo para poder seguir por aquí. Dice que está contenta de volver a suelo charrúa porque no tuvo mucho tiempo de pasearlo antes, y celebra cuando se entera que esta vez la carpa estará montada en el Faro de Punta Carretas, con la rambla servida para recorrerla de punta a punta.

Del 30 de agosto hasta el 15 de septiembre, Amaluna estará en Montevideo y es un show que vale la pena ver (entradas en Abitab con todas las tarjetas). "Díganle a todos sus amigos que vayan", comenta Mami Okhi al pasar. La primera puerta ya está abierta.

El silencio.

Hace calor y en la tienda artística, una acróbata seria de auriculares ensaya su rutina en el palo chino. Se sostiene sólo con las piernas, se impulsa con los brazos para luego llevar el torso hacia abajo, enlazarse con sus piernas y probar posibilidades. Repetirá la secuencia un rato y después se sentará, con la cabeza entre las manos, en un gesto de cansancio pero también de entrega total.

Son las 15:54 y sobre la moquete azul que tiene distintas áreas delimitadas con cintas, una chica flexiona las piernas como su entrenadora lo indica. Luego se sentará frente a un televisor para ver su performance, y en unas horas flotará sobre el escenario de la carpa principal haciendo la danza de la diosa Pavo Real, con un vestido blanco a lo Marilyn Monroe y una delicadeza absoluta.

Gabriella Argento, la clown de Amaluna, también estuvo en esa silla, frente a esa misma pantalla, mirándose por un rato. Es una de las protagonistas del espectáculo porque se encarga de articular la historia central que es la de Miranda, hija de la diosa Próspera, que llegó a la mayoría de edad y deberá enfrentarse a varias pruebas para poder vivir el amor.

"Tenemos que ver constantemente cómo estamos, si hay que arreglar una cosita aquí o allá. Todo el tiempo estamos trabajando, pasamos como 12 horas en esta carpa todos los días", dice a cara lavada la brasileña y se ríe.

"Mi entrada al circo es muy curiosa, tenía 22 años y mi entrenadora me obligó a hacer la audición", cuenta Argento. "Todos los payasos de Brasil la estaban haciendo pero yo no quería, porque era una cosa muy grande y no tenía experiencia. Al final fui la única brasileña aprobada, pero se tomaron siete años para llamarme para un papel", cuenta.

Aunque no es acróbata, la clown debe entrenarse para estar en forma y mantener la energía, y eso se acompasa con un trabajo de meditación y respiración que preservan su salud mental.

Por toda la tienda hay artistas trabajando, en solitario o con un compañero. La disciplina acá va por cuenta de cada uno, y aunque el compañerismo es evidente, el del circense es, por lo que se ve, un trabajo muy personal.

La penumbra.

A media luz, la escenografía de Amaluna se adivina hermosa. Son las 17:12 y no vuela una mosca. Hace frío y ante gradas vacías, seis acróbatas ensayan su número alrededor de una báscula, en la que van alternando saltos. Cae uno en la punta de esta suerte de subibaja y el otro vuela por el aire, con el cuerpo en una línea perfecta, los brazos abiertos hacia los costados y las manos inclinadas. Vuelan alto, algunos giran, controlan el tiempo y van agregando dificultad. Y todo se ve simple.

Una mujer de remera rosada que combina con sus mejillas, les avisa que el turno terminó y se chocan las manos antes de llevarse las colchonetas. Entonces entra Anna Stankus, con un traje blanco ceñido al cuerpo, y empieza a jugar con los aros: usa uno, dos, tres; los lanza por el aire con los pies y los vuelve a controlar en tierra, sonríe, se desliza por el espacio. En las primeras filas, varias personas supervisan la prueba de un nuevo número para una posible variación de Amaluna. Con suerte y práctica, se verá en Montevideo.

De vuelta en la tienda artística, la dinámica ya está cambiando. La protagonista del show, Miranda, anda de acá para allá con una sonrisa, mientras Mami Okhi espera por nuestra última entrevista y mueve los pies al ritmo de "Despacito". Antes de invitarnos a disfrutar del show nos lleva al buffet donde suena Soda Stereo y donde entre ensaladas, carne, gratín de papas, quinoa, frutas para licuar y hasta una torta de cumpleaños, acróbatas con su maquillaje perfecto, técnicos y directores charlan relajados. Falta menos de una hora y media para la función pero nada parece perturbarlos: el Cirque du Soleil es un universo de cronograma estricto y disciplina absoluta, dos de las claves que en escena se traducen en perfección y un virtuosismo que asombra. Son los mejores del mundo y en unos días vuelven a Uruguay: vaya lujo.

Tras esa escena.

Los artistas pasan la mayor parte del día en la carpa artística, donde mucho de su entrenamiento sucede. Una coach prepara a una acróbata (arriba a la izquierda), que después mirará su trabajo junto al director artístico James Santos (centro, izq.). Una de las parejas formadas en el circo (arriba, derecha) toma una pausa sobre una colchoneta, mientras que la clown Gabriella Argento (arriba, centro) posa para la cámara de El País. Abajo, los acróbatas practican su número en la báscula (en inglés, esa rampa se llama teeterboard).

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