TEATRO

El adentro y el afuera de la manada masculina

El Teatro Victoria y una nueva obra de Martín Inthamoussu.

El eterno femenino de una imaginativa pintora
Valentín Ibarburu, el hijo de Noelia Campo, baila hip hop. Foto: Mauro Martella

El Teatro Victoria se sigue afirmando como espacio para la danza, y la obra Manada, de la compañía de Martín Inthamoussu, busca indagar desde esa antigua sala en un tema muy presente hoy: lo masculino y sus modelos en el mundo y en el Uruguay actual. "Trabajé con los bailarines varones de mi compañía en esta reflexión sobre el lugar hegemónico de determinado modelo de lo masculino, y qué tiene que hacer un hombre (o lo que se nos dice que tiene que hacer), para pertenecer a esa manada, de ahí el nombre. Y qué pasa con el que pretende salirse de ese modelo. ¿Cuáles son los espacios de libertad que puede llegar a tener un hombre para generar su propia identidad?", comentó a El País Inthamoussu, a cargo de la coreografía, que correrá al ritmo de la música de Arditti Quartet, Jordi Savall, René Aubry, Rufus Wainwright y Mozart.

Y el resultado ya está en escena, y se puede ver hoy y mañana a las 21:00, y desde el viernes 2 al domingo 4 de diciembre, siempre en el mismo horario. Las entradas se venden en la sala (Río Negro 1479), a $ 300.

"El mundo de la danza es bastante machista. Y en la danza clásica se ve bien claro, por ejemplo en el rol de un bailarín masculino en un pas de deux: tiene que ver con la fuerza, con la resistencia, mientras lo etéreo tiene más que ver con la mujer. En la danza contemporánea tenemos más libertad, y más posibilidad de reinterpretar esos roles", reflexiona el coreógrafo, también director de las Escuelas de Formación Artística del Sodre.

La puesta, multidisciplinaria, tiene textos nacidos de las propias experiencias de los bailarines, que cobraron forma escénica de la mano de Gabriel Calderón y María Mendive. "Tiene escenas muy teatrales, de lo que se podría llamar teatro físico", indica el artista. "Además hay un invitado, Valentín Ibarburu, hijo de Noelia Campo y Nicolás Ibarburu, que tiene 10 años y baila hip hop. Porque tampoco quiero tener un mensaje negativo, y sí afirmar que las nuevas generaciones tienen un nuevo modelo".

Manada narra anécdotas reales, que buscan hablar directamente al público. "No es autobiográfico, no habla de mí, pero me reconozco en muchas cosas que les pasaron a los bailarines: no se trata de mostrar solo el virtuosismo del bailarín, sino de cosas que le pudo pasar a un espectador o a alguien cercano a él", agrega el coreógrafo, que en este trabajo apeló a una estética muy apoyada en blancos y negros. "Tiene que ver con esa dicotomía, pertenecés o no, sos parte de la manada o no", remata el artista.

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