GAME OF THRONES

Siete reinos cerca del final

Hoy comienza la séptima y penúltima temporada de la popular serie de HBO.

El eterno femenino de una imaginativa pintora
Cersei Lannister (Lena Headey/, en el Trono. Foto: Difusión

Se acerca el final y si se aprendió algo de esta serie, es que los penúltimos episodios son los más explosivos y sorprendentes. Si la séptima y penúltima temporada siguiera ese esquema, cabe esperar bastante de esta nueva visita a Westeros.

Antes de seguir, una puesta al día. La temporada anterior terminó, a grandes rasgos, así: en Kings Landing donde está el Trono de Hierro, Cersei Lannister se deshizo de sus enemigos con una explosión de fuego verde. Ahí perecieron, entre otros, los principales de la secta religiosa Gorriones y Margaery Tyrell, la nuera de Cersei. Tommen, hijo de Cersei, se suicidó cuando se dio cuenta que su madre había matado a su esposa. Por primera vez hay una mujer en el Trono de Hierro.

La Madre de dragones, Daenerys Targaryen, empezó su marcha hacia Kings Landings con el apoyo de tropas Dothraki, los Inmaculados, tres dragones, la flota de los hermanos Greyjoy y los consejos de Tyrion Lannister —que no se olvidó que su hermana Cersei no tuvo problema alguno en mandarlo a la muerte en la cuarta temporada— y Lord Varys, el calvo eunuco que junto a Tyrion y El Meñique son los que más astutos y calculadores de la serie.

Jon Snow se unió a su media hermana Sansa luego de la Batalla de los Bastardos y los Stark recuperaron el Norte, la zona del eterno invierno. La Stark que sigue deambulando por los Siete Reinos (Arya) se vengó de otro de los que fueron responsables de La Boda Roja, Walder Frey, y seguirá (se supone) buscando a quienes integran su lista de personas a asesinar. Además, los Caminantes Blancos se acercan a La Muralla para arrasar con todo lo que se interponga en su camino.

Todo pronto entonces, para desplegar en la pantalla de HBO esta historia que, por más condimentos fantásticos que tenga, es un drama político en el cual la acción casi siempre es impulsada por los más ruines propósitos de sus protagonistas.

La serie es una superproducción como ha habido pocas en la televisión estadounidense reciente. Hasta los grandes éxitos de HBO —Los Soprano, Westworld, Sexo en la ciudad y True Detective, entre otros— lucen tímidos en comparación con la exuberancia de recursos invertidos en Game of Thrones, que además ostenta todo tipo de récords, desde Premios Emmy ganados (35) hasta ser la serie más pirateada en Internet durante cinco años consecutivos.

La revista estadounidense Time, que estuvo en una parte de los rodajes de la temporada que comienza hoy por HBO, atribuye parte de la popularidad de la serie a un "efecto acumulación", a tono con estos tiempos de "Peak TV", término que designa la desmesura de la oferta de series, tanto de las cadenas televisivas tradicionales como en los noveles servicios de streaming, con Netflix a la cabeza: "¿Te gustaban las series con un antihéroe? Game of Thrones tiene cinco Tony Soprano construyendo imperios sobre sangre derramada, cinco Walter White (el protagonista de la serie Breaking Bad) descubriendo hasta dónde pueden llegar para ganar, y cinco Don Draper (protagonista de Mad Men), narcisistas sin complejos ni culpas por serlo (…) La serie, en sus típicas temporadas de 10 episodios, tiene un costo de realización equivalente a cinco producciones cinematográficas de alto presupuesto".

Esa hipótesis omite que se trata de una serie que rompió con muchos esquemas, entre ellos el imperativo a mantener con vida a los personajes más queridos o nobles. En el pasado, uno terminaba agotado de ver una y otra vez, semana tras semana, a los mismos protagonistas. Sacar de la historia a Ned Stark, Hodor o Ygritte no hizo mella en la popularidad de Game of Thrones, como tampoco mermó la convocatoria de The Walking Dead, otra serie popular en la que también se fueron personajes clave.

Es probable que ahí esté otro de los atractivos de Game of Thrones. En este mundo fantástico y anacrónico, hay muy pocas cosas que permanecen inalteradas más allá de los principales rasgos que constituyen la condición humana.

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