TERROR Y BELLEZA

Un vampiro al que le pasan demasiadas cosas: ¿cómo es el Drácula de Netflix?

Se estrenó una miniserie en tres episodios sobre el Conde Drácula, que va desde su castillo en Transilvania hasta el mundo en el siglo XXI

Drácula
Drácula, una nueva miniserie de Netflix en tres episodios. Foto: Difusión

El Drácula, de Netflix, es un tríptico muy cinematográfico, que conjuga una serie de fantasía y terror, a través de tres extensas películas, que están unidas por el argumento pero también algo independientes entre ellas. La serie británica, basada lógicamente en la famosa novela de Bram Stoker, sigue al terrorífico personaje desde sus orígenes en Europa del Este hasta el presente, prolongando los ataques a sus víctimas a lo largo de generaciones. Quizá para mostrar cómo el legendario vampiro podría cambiar de contextos, y cómo encajaría, o no tanto, en el mundo de hoy.

Drácula
Drácula, una gran leyenda que Netflix no podía ignorar. Foto: Difusión

Este Drácula puede provocar una sensación ambigua. Por un lado, la belleza de las imágenes de los tres episodios es innegable. Pero la fantasía de la trama, lo imbricado del argumento, y la cantidad de personajes en juego, con sus trasmutaciones y sus diversas identidades, hacen que el resultado pueda ser algo arduo y confuso, especialmente para quienes no están muy acostumbrados al género.

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Drácula, con Claes Bang en el rol protagónico. Foto: Difusión

El primer episodio (The Rules of the Beast) comienza magníficamente. Todo el tramo en que está más ceñido al libro original, la serie corre atrapante. Las situaciones en el castillo en Transilvania, entre el monstruo con fachada de caballero (a cargo de Claes Bang), y el abogado que llega a tramitar un papeleo, están tan bien concebidas como realizadas. El equilibro entre realidad y fantasía es perfecto, y hay escenas notables de un terror de gran nivel. 

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Drácula, la bestia viaja hasta el presente. Foto: Difusión

Hay, obviamente, decorados visualmente impresionantes, en ese castillo laberíntico donde pasan quizá las mejores escenas de la serie. Luego la acción se traslada a un convento, donde en algunos puntos la fantasía se desborda, dejando al espectador que gusta de no apartarse tanto de la verosimilitud, algo desencantado. 

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Drácula, una historia llena de fantasía y horror. Foto: Difusión

El segundo episodio (Blood Vessel) transcurre en el barco Deméter, donde Drácula viaja hacia Inglaterra. Y en ese universo cercado por mar, ocurre una larga cadena de crímenes, en la que se sigue indagando en la línea difusa entre los vivos y los muertos, entre la realidad y lo onírico

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Drácula, un relato apasionante sobre la maldad. Foto: Difusión

El episodio final, The Dark Compass, ubica a la bestia ya en el siglo XXI, y cobra un poco más de humor, a través de toda la humorada que supone que un caballero que ha recorrido 500 años de historia, tenga que adaptarse al mundo de la tecnología y los celulares. Pero como el propio Drácula explica, él ha atravesado cinco siglos y está habituado a adaptarse a los cambios. 

Por momentos la serie recuerda un poco el lenguaje de David Lynch, con sus cambios abruptos de ambientación, sus personajes raros y sus atmósferas de clima extraño. Los efectos especiales son asombrosos, tanto a nivel de imagen como de sonido. La serie, obviamente, tiene escenas de una crueldad extrema, que seguramente pueda ser asimilada mejor por quienes están familiarizados con el género. 

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Drácula, nuevas historias para un mito. Foto: Difusión

Y el texto tiene pasajes brillantes, con reflexiones jugosas, y otros maniqueos y algo aniñados. Hay escenas magníficas, aunque puede agotar esa trama alambicada. En suma, es de un barroquismo que puede resultar abrumador.

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