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"Russian Doll", la serie de Netflix que mezcla muerte, risa, post punk y Nueva York

La comedia negra creada y protagonizada por Natasha Lyonne es uno de los últimos éxitos de la plataforma

Russian Doll. Foto: Netflix
Russian Doll. Foto: Netflix

Uno de los principales motivos por los que hay que ver Russian Doll, es porque Natasha Lyonne en acción es una delicia. Algunos la tendrán de Orange is the New Black, otros la habrán identificado por un papel pequeño en las películas de American Pie, y otros la estarán descubriendo recién: su particular voz y su composición fluida de un personaje bastante retorcido y, hay que decir, bastante cercano a muchos de nosotros, es genial.

Otro motivo que también califica como delicia, es la banda sonora. Además de “Gotta Get Up” de Harry Nilson, una canción que cumple una función coprotagónica en la ficción, hay un montón de bandas y artistas poco conocidos y de vibra neoyorquina. La selección le aporta un punch más rockero a una serie que es, por todos lados, rock: aquello de “anger is an energy” le sienta muy bien al personaje de Nadia.

Si el soundtrack potencia lo neoyorquino es porque Russian Doll transcurre en Nueva York, pero en una versión de la gran ciudad más oscura, nocturna y adictiva que la que han mostrado Friends, Sex and the City o Gossip Girl. Acá, en vez de U2 o Tom Jones o Florence & The Machine y St. Vincent, hay synthpop y post punk a patadas. Y en vez de las tradicionales tomas del puente de Brooklyn y el Washington Square Park a plena luz del día, acá hay interiores (más bien un interior: el de un mismo apartamento espectacular) y calles, fachadas y parques, todo en la oscuridad de la noche.

Pero incluso en esa versión Nueva York es hermosa, y ahí hay una razón más para ver "Russian Doll". La última gran cuestión (al menos en esta nota) es, claro, la historia en sí; todo lo demás fue contexto.

En Russian Doll —una temporada de ocho episodios, disponible en Netflix desde principios de mes—, Nadia (Lyonne) muere en la fiesta de su cumpleaños número 36 y revive, una y otra vez. Y no tendrá forma de evitar su fatal destino: por más precauciones que pueda tomar, la atropellará un taxi o se caerá por la escalera o morirá en una explosión por un escape de gas. Pero revivirá, siempre, frente a un espejo en un baño de diseño singular, y desde allí intentará entender por qué le pasa lo que le pasa. La aparición de un muchacho en su misma situación será clave para la resolución, o no, del misterio en el que están.

La muerte es el gran tema de esta creación de la propia Lyonne con Amy Poehler y Leslye Headland, pero la muerte en tanto cuestión existencial, símbolo: después de todo, la rutina está llena de pequeñas decisiones vitales que acarrean duelos y renacimientos. Eso y el impacto de nuestras acciones en un posible destino, están planteados en clave de comedia negra y drama, con toques de ciencia ficción y horror. El paquete estará envuelto con risas, pero en el fondo, el gran atractivo de Russian Doll está en lo deprimente de identificarnos con esos personajes tan grises, tan complicados, tan reales.

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