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"13 Reasons Why" y una segunda parte que no logra convencer, pero atrapa

Netflix estrenó la segunda temporada de una de sus series con más éxito

13 Reasons Why
Segunda temporada de "13 Reasons Why". Foto: Netflix

Que Katherine Langford (Hannah Baker) haya remarcado en tantas entrevistas previas a la segunda temporada que “los otros tienen su versión de los hechos para contar”, tendría que habernos predispuesto a entender que 13 Reasons Why 2 sería más de lo mismo, pero con una vuelta de tuerca retorcida.

Asimismo es necesario hablar de 13 Reasons Why, la serie de Netflix creada por Brian Yorkey a partir del libro homónimo que Jay Asher publicó en 2007, y de la cual Selena Gómez fue una de las productoras. Fue una de las series de 2017, y la expectativa por la segunda parte la convirtió en una de las series de la que varias generaciones hablan en 2018.

Que Hannah se suicidó y descubrir quiénes la llevaron a eso no es ya ninguna incógnita para la segunda entrega. El misterio de ir cinta a cinta para conocer los nombres y los motivos, terminó con el último y trágico capítulo de la primera temporada.

Pero hay intriga en la segunda parte. Sobre todo porque ahora que se terminaron los casetes, alguien deja polaroids diciendo que Hannah no fue la única chica violada por Bryce Walker (Justin Prentice), y porque también hay alguien que amedrenta con mensajes violentos a todos los testigos del juicio que los padres de Hannah -más bien la madre, Olivia Baker (Kate Walsh), porque el padre se acobarda- iniciaron contra Liberty High School.

La intriga, el enojo, la frustración y otros sentimientos ligados a la impotencia son los que ayudan a que esta historia enganche, en parte, porque genera bandos. Están los buenos, por lo general todos los que no son deportistas, incluyendo a varios de los que en un principio querían esconder los casetes. Y están los malos que parecen salirse siempre con la suya, encabezados por los beisbolistas de la escuela y su mandamás, Bryce, que parece no sentir ninguna clase de remordimiento. Podríamos excluir del grupo a Zach Dempsey (Ross Butler), que desde el principio se muestra más sensible, si bien no es nada valiente.

La serie, aunque transgresora al animarse a hablarle al público joven y sus familias sobre las drogas, el suicidio, el abuso sexual y otros temas que por delicados terminan siendo tabú, se encajona en el típico modelo de representación de la secundaria estadounidense, pero lleva al bullying a un nivel de violencia que se intensifica en la segunda parte.

Y no solo porque Tony, que antes parecía ser el más centrado y equilibrado de los personajes, demuestra tener problemas para controlar la ira y está bajo libertad condicional, sino porque los malos tienen cada vez menos escrúpulo,s y el maltrato contra Tyler Down, con su consecuente desequilibrio emocional —aquí el mérito a Devin Druid por su gran interpretación— se vuelve insoportable. Esto, alerta de spoiler, incluye una brutal y polémica escena al final de temporada.

Antes, cada personaje estaba a disposición de contar los sucesos de la vida de Hannah, y pese a que había algún destello de sus realidades y cada tanto se recordaba al espectador que esa era solo una versión de la historia, fue recién en esta segunda parte que conocimos a cada uno de los chicos y al arrepentido señor Porter (consejero de la escuela), porque cada capítulo está contado por quien declara en el juicio. Habrá hasta una testigo sorpresa desde la antigua escuela de Hannah que develará algo del pasado, un punto del guion que podría haber sido más aprovechado, pero termina sin aportar nada.

La trama es un poco repetitiva; sin embargo, tanto Clay como el espectador se sorprenden con Hannah, que empieza a desmartirizarse de a poco, porque más allá de las mentiras de Bryce, la mayoría tendrá algo que decir de ella. También hay cambios para Clay, quien pasa de ser un justiciero, a dejar entrever los matices de haber sido formado en un machismo naturalizado. Serán Sheri Holland (Ajiona Alexus) y Skye Miller (Sosie Bacon) las encargadas de guiarlo a una mejor interpretación de los hechos cuando él, inconscientemente, culpe a las chicas.

Esto podría significar que se quiere humanizar más a los personajes para hacer la serie más creíble, algo que queda desacreditado cuando se convierte a Hannah en un fantasma que persigue a Clay, con diálogos llenos de un humor negro que no hace reír. Por suerte —y para esta cronista es donde tendrían que haber profundizado— estaba Alisha Boe haciendo de Jessica Davis, con una actuación sensible que transmite sus miedos e inseguridades y emociona al sobrevivir a un ataque sexual.

La segunda temporada de 13 Reasons Why no es tan inteligente como la primera, pero por más que parezca innecesaria, bien que engancha y, hay que advertir, tiene sus momentos lacrimógenos y fuertes.

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