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"La Peste": Pablo Molinero y una serie de época que muestra miserias muy actuales

El protagonista de la serie española "La Peste" habló con El País sobre la segunda temporada que ya está disponible para ver en NSNow y HBOGo.

Pablo Molinero en la serie "La Peste". Foto: Julio Vergne
Pablo Molinero en la serie "La Peste". Foto: Julio Vergne

Esta semana se estrenó el último episodio de la segunda temporada de la serie española La Peste y es una buena oportunidad para ver, de un tirón, esta joya que ya se encuentra disponible en los servicios de streaming de NSNow de Nuevo Siglo y también por HBOGo.

La historia se ambienta en la Sevilla de fines del siglo XVI. En medio de un brote de peste que el gobierno intenta ocultar, aparecen asesinados algunos miembros destacados de la sociedad y será Mateo Núñez (Pablo Molinero), condenado por la Inquisición, el encargado de resolver estos crímenes de tintes diabólicos, con la finalidad de lograr el perdón del Santo Oficio y así salvar su vida y la del hijo bastardo de su amigo.

La segunda temporada transcurre cinco años después de esa epidemia. Sevilla consiguió reponerse, sigue manteniendo el monopolio del comercio con las Indias y su prosperidad va en aumento, aunque el crecimiento de la población se dispara alcanzando unos máximos históricos. El gobierno no es capaz de alimentar a sus habitantes ni de asegurarles servicios asistenciales mínimos, y esto solo genera un descontento social que se cristaliza con el nacimiento de La Garduña, una organización criminal que toma el control de la ciudad. La trama está libremente basada en hechos reales.

Además de la trama policial, la serie cuenta con una espectacular ambientación, algo que empieza a ser más frecuente en las producciones televisivas; utiliza una fotografía que aprovecha los claroscuros, como si fuera una pintura de Caravaggio, y genera así una combinación donde los olores y sabores parecen traspasar la pantalla creando una atmósfera inquietante para esta historia.

En una entrevista vía Zoom con El País, Pablo Molinero, protagonista de esta buena miniserie española, habla sobre su personaje, las metáforas con la actual pandemia, y las dificultades de interpretar a un hombre adelantado a su tiempo. Esta es su primera incursión en la pantalla.

Pablo Molinero en la serie "La Peste". Foto: Julio Vergne
Pablo Molinero en la serie "La Peste". Foto: Julio Vergne

“Después de tocar fondo, como le pasa a Mateo en la primera temporada, solo puede resurgir de sus cenizas”, dijo un simpático Molinero, que contrasta con su personaje en la serie, triste y escueto.

Ese renacer lleva a su Mateo a emprender un viaje al Nuevo Mundo, “y lo emprende de forma suicida, como eran de hecho muchos de estos viajes”, siguió Molinero. La travesía terminará en Puerto Hambre, donde podrá un hombre diferente gracias a la convivencia con los indígenas, quienes le devuelven la fe en la comunidad. “Eso le permite pasar página y renacer, incluso embarcarse en aventuras sentimentales y ser hombre nuevo”.

Pero el centro de atención ahora es la lucha contra ese entramado mafioso que se ha instalado en Sevilla. Y eso se logra porque el protagonista es un camaleón, que tanto puede ir al Palacio y hablar con un noble o a las cabañas de extramuros y conocer, al dedillo, que se traen los malos. Esas características aprovechó Molinero para interpretar a su personaje.

Pablo Molinero en la serie "La Peste". Foto: Julio Vergne
Pablo Molinero en la serie "La Peste". Foto: Julio Vergne

“Situaciones como una pandemia acentúan más el lado ruin del hombre. En ese entonces, como hoy, los ricos intentan salvarse y los pobres quedan trancados. Y hay algo que sirve un poco como metáfora, porque la peor pandemia para el ser humano es él mismo y su afán por lucrar, así como la corrupción que estaba tan presente entonces y también lo está hoy en día. La trama es totalmente asumible a los días de hoy, y eso es lo que hace reflexionar de la serie”, dijo.

—La segunda temporada cuenta el después de la peste. ¿Crees que la evolución de nuestra pandemia será similar?

—Espero que no porque claramente, si bien es el después de la plaga, no salen realmente mejorados como especie. De hecho lo que vemos en la segunda temporada es la corrupción que va desde el entramado social de lo ilegal hasta las tierras de los nobles que no pagan impuestos porque tienen falsificados los papeles del Rey, o los Cabildos corruptos y enlazados con esta mafia. Y una vez que se va la plaga empieza a funcionar como una locomotora. Ojalá a nosotros nos vaya un poco mejor.

—¿Cuáles fueron los desafíos como actor en estos últimos capítulos?

—Lo complicado fue ver cómo le va entrando la luz a Mateo, cómo va viendo la vida con otro prisma. Ahora entiende esa necesidad del colectivo y se mete en esa lucha. Pasa que Mateo era tan concreto en la primera temporada, que cambiarlo sin perder su esencia me pareció difícil. Tenía más luz, empatizaba con otras cosas, se metía en aventuras que antes no haría. Cómo matizar eso y darle luz sin perder la esencia fue lo que más me costó lograr.

—La primera temporada, de época, se estrenó en 2017 y habla de cosas que vivimos en este último año. ¿Cómo fue haber participado de una ficción que ha dialogado mucho con el presente?

—Es una serie histórica, pero desde el principio (el creador de la serie) Alberto (Rodríguez) nos dijo: no sé cómo se hablaba en aquella época, pero nos tenemos, así que hablemos de manera cercana porque en realidad los problemas y los temas son los mismos. Yo me encontraba vestido en el personaje, pero era tan contemporáneo lo que estaba pasando que pensaba que estaba haciendo una obra hoy en día, porque al final del día hay gente con problemas económicos, gente que abusa de otra gente, y es lo que pasa con esta obra. La reflexión que me da es que somos lentos, porque la otra opción es pensar que no vamos a cambiar nunca...

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Molinero, un actor de teatro tentado por la televisión

Nacido en Castellón de la Plana en 1977, Pablo Molinero no tenía en sus planes trabajar en televisión, menos terminar siendo el protagonista de una costosa serie internacional.

Es licenciado en filología inglesa y alumno de teatro en la Universidad Jaume I de Castellón. Mientras era estudiante creó con compañeros una compañía teatral que no tuvo mucho andamiaje. Una vez terminados sus estudios se mudó a Barcelona y se inició como actor de teatro de calle, y también fue miembro de compañías conocidas como Comediants y La Fura dels Baus.

Junto a David Climet es integrante y fundador de la compañía de teatro Los Corderos, un proyecto basado en la idea de desarrollar un lenguaje escénico no subordinado a la palabra escrita.

De allí que le haya dicho a El País que trabajar en La Peste le implicó desafíos importantes.

“Vengo de una compañía de teatro físico con mucha implicación del cuerpo y Alberto Rodríguez, el director de la serie, no me dejaba casi que moverme. Le decía: ‘Puedo tener un gesto, tocar un instrumento o tener un juego para moverme’, y él me decía que no. Apenas me dejaba gesticular, y eso para mí fue un gran desafío”, dijo.

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