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¿Por qué "Orange is the New Black" es una de las series más importantes del último tiempo?

El viernes, Netflix estrena la última temporada de una serie que definió más que ninguna el tiempo de la televisión

Orange is the new black
La serie original de Netflix, "Orange is the New Black" estrena su última temporada este viernes. Foto: Difusión

El final, en su séptima temporada, de Orange is the New Black, se conocerá este viernes y es algo grande. Grande en su alcance (aunque las cifras de Netflix son un misterio). Grande en su influencia, como una de las primeras series genuinamente originales de una nueva plataforma. Grande en sus ambiciones de representar rostros y situaciones que no se veían en la pantalla.

No estoy seguro de cómo llamar a la actual era creativa de la televisión, la que comenzó, con clásicos del cable como Los Soprano y Breaking Bad y con el comienzo del streaming. ¿La era de Netflix? ¿La era del posantihéroe?

Pero de lo que sea, Orange Is the New Black fue el comienzo.

En 2013, no fue la primera serie original de Netflix, pero fue realmente la primera “serie de Netflix” en el sentido en que lo entendemos ahora. Lilyhammer, en 2012, era una importación noruega; Arrested Development, a principios de 2013, era una remake. Incluso House of Cards, con toda la atención que recibió cuando debutó meses antes de Orange..., adaptaba una serie británica.

Orange is the New Black era un programa original. Lo hacían algunos realizadores de la vieja televisión, pero con la especificidad y el alcance del cable premium. Era matizado y ambicioso, pero amplio y sin pretensiones: quería contar historias.

Era otra cosa, y se pasó siete temporadas estableciendo exactamente qué.

Orange is the new black
"Orange is the new black", una serie que llega a su final este viernes. Foto: Difusión

Cuando Netflix comenzó a hacer su grilla, no estaba claro cómo sería “una serie de Netflix”. Orange... fue la primera serie en mostrar cómo funcionaría el streaming y en enseñarnos cómo verlo.

El programa se parecía a la televisión tradicional, incluso más que a sus contemporáneos más modernos en cable. No apuntaba a las impactantes imágenes de Breaking Bad, la intimidad de película independiente de Enlightened o el meticuloso diseño de Mad Men.

Su estética y composición eran utilitarias, incluso monótonas, ajustadas a su entorno. Logró más a través de los diálogos que a través de efectos visuales llamativos, y al igual que la televisión antigua, se modeló a sí misma en el teatro en lugar del cine. Incluso tenía un cronograma televisivo; salió una vez al año, siempre en junio o julio.

Orange is the new black
Rivalidades, peleas, amistades y ansias de libertad fueron parte del atractivo. Foto: Difusión

Pero en la práctica y en la forma en que el espectador la encontró, fue algo nunca visto. Sus activos distintivos fueron el tamaño y el tiempo: las temporadas y los episodios podrían ser enormes, y usted podría verlos tan rápido o tan despacio como quisiera.

Esto fue inmersivo, y se adaptó a una historia que comenzó con un personaje que fue tirado abajo. Piper Chapman (Taylor Schilling), una fabricante de jabón artesanal de Brooklyn condenada por drogas, tiene que acostumbrarse repentinamente a una sociedad en expansión de mujeres mucho menos privilegiadas. El enorme catálogo de personajes y alianzas se veía de una vez, en lugar de en bocados semanales.

Pero ver una serie es solo la mitad de la experiencia cultural de la televisión. La otra mitad es la conversación que genera: la audiencia se sumó a través de las redes sociales que fueron creciendo al mismo tiempo. Como uno de los primeros fenómenos de streaming, Orange... también nos enseñó sobre esto.

Luego estaba el asunto de qué historias contaba Orange.... La era de la televisión que la precedió tenía un tipo de protagonista: en su mayoría blancos, hombres y el tipo de personas que dirigían los canales. La próxima era estaría abierta a una gama amplia de identidad, color, orientación sexual y experiencia. Orange... fue fundamental para abrir esas puertas.

"Orange is the New Black". Foto: Netflix.
"Orange is the New Black" demostró ser una serie en la que cualquiera de los protagonistas podía ser el principal. Foto: Netflix.

Al principio, parecía que se centraba en la privilegiada Piper como la guía hacia un mundo de mujeres negras y de bajos ingresos. Pero jugó con el espectador: una vez dentro, era una serie en la que cualquiera podría ser el protagonista.

Orange..., aunque tenía su cuota de guardias masculinos y demás, estaba centrada en la mujer de manera total y sin disculpas. Era polimorfa en género e identidad sexual. Sus reclusas eran transgénero, heterosexuales, bisexuales, gays.

Más que diversa, era compleja. Sus camarillas tendían a dividirse en líneas raciales, pero en esos grupos había subdivisiones, diferencias que provenían de generaciones, de antecedentes, del hecho de que cada persona es un individuo.

La serie fue una ilustración del principio de que, cuando se trata de representar personas, la cantidad a veces iguala a la calidad. Cuando se tiene una gran cantidad de personajes de diferentes colores, etnias y antecedentes de clase, se puede demostrar que ninguno de esos grupos son monolíticos, porque ninguna persona tiene que representar a un grupo demográfico completo.

Y a pesar de lo duro del material, sin embargo, Orange... es muy graciosa. Ahí también hay otra manera de ver a la serie como una obra de estos tiempos de la televisión, en el que las mejores obras no son comedias o drama, sino series que viven en la zona difícil y fértil en medio de los dos.

Orange is the new black
Seis nominaciones a los Globo de Oro y cuatro premios Emmy ganó "Orange is the new black". Foto: Difusión

Orange... desafía la categorización más que la mayoría. Literalmente, en los premios, ha figurado tanto como comedia y drama, subrayando lo arbitrario de esas categorías.

En parte eso está en el ADN creativo de la serie. Kohan, su creador, había hecho Weeds, una serie oscura sobre una ama de casa que se dedica a vender drogas. Orange... es una actualización de sátiras como M*A*S*H, que se concentraba tanto en lo absurdo de la burocracia institucional como en la tragedia de la guerra.

Orange is the New Black no es la mejor serie de su tiempo, pero sí, está claro, es la más representativa de lo mejor y más excitante de la televisión durante un tiempo de cambio.

Repaso de lo que dejó la sexta temporada de esta serie

El final de la sexta temporada de Orange is the New Black dejó un sabor amargo a los espectadores. Por un lado la protagonista, Piper (Taylor Schilling), salió de prisión no sin antes casarse con su novia Alex (Laura Prepon), y está buscando cómo insertarse nuevamente en la sociedad. Atrás quedaron los enfrentamientos y rivalidades entre ellas, quienes se perdonaron por sus errores del pasado.

La vida de las demás reclusas de la Prisión Federal de Litchfield también tiene algunos cambios. Por un lado Taystee (Danielle Brooks) ve cómo sus sueños de salir en libertad se esfuman cuando la declaran culpable de un crimen que no cometió; también las hermanas Carol (Henny Russell) y Barbara (Mackenzie Phillips) Denning, quienes habían armado un enfrentamiento en el último episodio para que se peleen reclusas de los módulos C y D, y ellas poder escapar en medio del caos, tienen su final. Cuando las reclusas terminan jugando al kickball en vez de pelearse, Carol le corta la garganta a Barbara, y ésta la apuñala por la espalda. En definitiva, las dos mueren.

Con este vacío de poder en la prisión, seguramente la nueva temporada se centre en los nuevos líderes. Aunque a Piper ya no le tendría que importar. Su hermano la fue a buscar cuando salió de la cárcel, y si bien ella quedó triste por sentirse perdida entre los dos mundos —prisión y libertad—, se sabe que en última instancia, su final será feliz. Publicará un libro con sus memorias (ha sido la fuente de inspiración de esta serie), se convertirá en una exitosa escritora y alcanzará, de una vez por todas, la felicidad.

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