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"Hannah Montana": 15 años del éxito de Disney que le cambió la vida a Miley Cyrus

En marzo de 2006 se estrenó la sitcom que llevó a la fama a la hoy mediática cantante y es uno de los programas más vistos de Disney Channel

Miley Cyrus. Foto: Archivo
Miley Cyrus. Foto: Archivo

Lo mejor de dos mundos. Eso le dio Hannah Montana, el personaje, a un montón de niñas y adolescentes que crecieron con ella. De a ratos una adolescente normal, graciosa, compartiendo aventuras con sus mejores amigos, peleando con su hermano y su padre, viviendo la adolescencia con toda la torpeza y toda la intensidad con que se la puede vivir. De a otros, una estrella pop archifamosa capaz de llenar conciertos y hacer que todos quisieran un pedazo suyo. En el medio, una peluca rubia y un vestuario algo más extravagante —rosa, brillos, tachas, volumen, accesorios dorados— que bastaban para mantener a salvo la verdadera identidad.

De día, Miley Stewart, una chica común y corriente viviendo en Malibú. De noche, Hannah Montana, un fenómeno de masas con un alter ego hecho con las ideas más básicas de algún superhéroe. Atrás de las dos, Miley Cyrus, actriz y cantante que sin saberlo empezaba, hace 15 años, una escalada monumental a una fama tan llena de éxitos como de polémicas.

Hannah Montana, la serie, se estrenó en Estados Unidos el 24 de marzo de 2006, duró cuatro temporadas, dos películas, cinco discos y es uno de los mayores éxitos en la historia de Disney Channel. El primer episodio fue visto por más de ocho millones de personas, y mantuvo un promedio de más de tres hasta su despedida en 2011.

“Desde la primera vez que deslicé esos mechones rubios sobre mi frente en el mejor intento por ocultar mi identidad, y luego me puse una bata de felpa rosa con un HM deslumbrante sobre el corazón, no sabía entonces... Que ahí es donde vivirías para siempre”, le dijo Miley Cyrus a este entrañable personaje en una carta escrita a puño y letra que publicó ahora, para celebrar este aniversario. Son dos páginas en las que asegura: “Fuiste un cohete que me llevó a la Luna y nunca me trajo de vuelta”.

La historia dice que Miley Cyrus, hija del one-hit wonder Billy Ray Cyrus (“Achy Breaky Heart”) y ahijada del ícono country Dolly Parton, tenía 12 años cuando audicionó para la serie teen que Disney tenía en desarrollo. Con videos en los que cantaba “Mamma Mia!” y “I Love Rock and Roll”, se postuló para un rol secundario, y enseguida le pidieron que audicionara para el central. Luego vinieron los frenos, los reparos —que era muy joven, que era diminuta—, pero la chica insistió y 20 castings después, la serie ya era toda suya.

Lo que le dio el protagónico, a pesar de que tenía una mínima experiencia como actriz y de que competía con más de mil personas, fueron “su confianza fría (una cualidad que no llegó a ser arrogante), su ritmo cómico intuitivo (que evocaba, al menos para los adultos mayores, a lo que podría haber sido una Lucille Bell adolescente) y una voz ronca para cantar no muy diferente a la de Mary Chapin Carpenter”, recogía el diario New York Times en 2006.

La sitcom, más allá de a Cyrus encarnando una dualidad que cada vez se fue pareciendo más a la de su vida real, tenía a su padre en el elenco, a Emily Osment (El método Kominsky) como su incondicional Lily, a Jason Earles como un hermano pesado, a Mitchel Musso como Oliver, su otro mejor amigo, y a Moisés Arias (Monos) como el antagonista.

La historia empieza cuando Lily descubre que su mejor amiga Miley no es otra que su mayor ídola, Hannah Montana, y termina cuando ambas sortean una crisis que las divide entre ir a la universidad juntas o ir a París para que la estrella ruede una película de Steven Spielberg. Es, más que nada, una serie sobre la amistad y el coming-of-age, de esas que acompañan el crecimiento de su propio público y se quedan, como mucho de lo que pasa en la adolescencia, con una parte importante de los recuerdos. Está completa para ver en la plataforma de streaming Disney+.

Tras Hannah Montana, Miley Cyrus se volcó cien por ciento a la música y explotó una imagen más adulta que había desarrollado paso a paso mientras la serie avanzaba sin perder éxito. En 2010 lanzó su disco Can’t Be Tamed, un punto de quiebre que devino en su primera gira sin temas de HM en el repertorio. Para 2013 su imagen ya estaba completamente sexualizada: lanzó el excelente álbum pop Bangerz, puso al entonces “provocador” baile twerk en prime time durante una actuación en los MTV Music Awards que se consideró escandalosa; posó desnuda para la portada de la revista Rolling Stone y para un videoclip y así, ante la mirada de espanto de padres y madres que habían visto a sus hijos crecer bajo su influencia, borró de un plumazo la adorable chica Disney con la que se había metido en millones de hogares.

Los escándalos, las polémicas, sus relaciones amorosas, sus bailes sensuales y los cambios abruptos que ha planteado en su música han hecho que el foco mediático esté siempre sobre ella. Pero entre titulares y fotos, Miley Cyrus ha demostrado ser una de las cantantes más talentosas de su generación en cuanto a rango, potencia y personalidad, y no ha parado de transformarse. Quizás en busca del traje que mejor le quede (el último que se probó es el rockero y el disco Plastic Heart no está nada mal), quizás probando que tiene, todavía, justo como aquella Hannah Montana que se robó corazones, lo mejor de dos mundos. O más.

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