ENTREVISTA

Con Francesc Orella: "Merlí tiene muchos defectos. Es manipulador, mentiroso, puede ser hasta cobarde".

El actor que protagoniza la popular serie española visita por primera vez Uruguay y fue entrevistado por El País

Francesc Orella
Francesc Orella, el protagonista de Merlí de visita en Uruguay. Foto: Darwin Borrelli

Seguramente la serie española Merlí debe muy buena parte de su éxito a varios factores: hablar sobre filosofía con un lenguaje popular, y poner el tema de la docencia en el centro del debate. También supo hablar de las problemáticas propias de los adolescentes, y abrirlas a un diálogo entre generaciones. Y hacer todo eso de modo entretenido, con una trama y unos diálogos que logran sostener en alto la ficción. Pero tampoco cabe duda que parte de ese éxito tiene que ver con el talento de Francesc Orella, el actor que dio vida al protagonista, y que por estos días visita Uruguay para darle difusión a la película Love Me Not, que con dirección de Lluís Miñarro se presentó en el 37° Festival Cinematográfico Internacional de Uruguay, que lleva adelante Cinemateca.

El fenómeno Merlí nació en la televisión catalana, siendo emitida por la cadena TV3, desde 2015. Pero fue Netflix quien multiplicó la fama de esta serie, que tiene como protagonista al profesor Merlí, quien estimula a sus alumnos a pensar con cabeza propia, muchas veces mediante métodos poco ortodoxos, que dividirán las opiniones de la clase, el profesorado y las familias de los chicos.

“Todo estuvo muy bien medido. El guion estuvo muy bien escrito desde el principio, que tenía muy claro qué quería contar y cómo. Las tramas argumentales también desde el principio se notaba que eran atractivas, y los diálogos magníficos, y muy reales. Que reflejaban muy bien la realidad social catalana, en particular de los jóvenes y del mundo de la enseñanza. Hubo una carambola de aciertos, porque a los guiones se sumó un equipo que se entregó con todo a esta serie, porque notamos que teníamos entre manos un material muy bueno y que había que hacerlo bien”, explicó Orella a El País.

Francesc Orella
Francesc Orella, un gran actor español. Foto: Darwin Borrelli

-Evidentemente hay un paralelismo entre “La sociedad de los poetas muertos” y “Merlí”.

-Bueno, lógicamente está ese personaje, que interpretó Robin Williams, y se ha querido ver referencias con Merlí. Y es cierto que tiene algo en común con Merlí. Pero en realidad, en ningún momento el guionista ha tenido como referencia a ese personaje como modelo a seguir. Son muy distintos, los estilos son muy distintos. El personaje de Merlí nació a partir de un profesor real que tuvo el guionista, Héctor Lozano, quien tuvo un profesor de literatura, muy provocador, muy anticonvencional, que hacía cosas raras. Y decidió escribir una serie, pero cambiando la literatura por filosofía, porque la filosofía da para mucho.

-¿Te resultó difícil componer el personaje de Merlí?

-No, ha sido muy fácil. Fue fácil componer el personaje, porque estaba muy bien escrito, y descrito. Y el personaje se parecía en muchas cosas a mí mismo. Me sentí cómodo en la piel de Merlí, desde el primer momento. Rápidamente lo hice propio. Es cierto que yo al principio tuve cierto temor, haciendo de profesor, y enfrentándome a secuencias con 24 chavales en un aula. Me preguntaba cómo iba a salir eso, por tener ellos esas edades. Pero no: hubo una relación de colegas muy rápida entre ellos y yo. 

Merlí
Merlí, una serie española que cruzó el Atlántico. Foto: Difusión

-¿Qué puntos en común tenés con Merlí?

-Merlí es un contestatario. Una persona rebelde, que se cuestiona todo. Justamente, alguien que piensa que la filosofía, y el pensamiento, son para despertar el espíritu crítico. Cuestionarlo todo, no resignarse ante nada. Y creo que eso lo tengo bastante en común con el personaje. Y la relación de Merlí con las mujeres, y con el mundo de la seducción, también me es muy familiar. Eso es algo que me une a él. Y el tipo de humor. Y quizá también su empatía fácil con la gente joven. Yo con la gente joven también tengo muy buena sintonía. Además, la filosofía es una asignatura que siempre me ha gustado. Siempre me he hecho muchas preguntas: entonces interpretar a un profesor de filosofía ha sido como un regalo para mí.

-Es interesante que Merlí es un personaje con muchos defectos, muy inmaduro también.

-Sí, claro, Merlí tiene muchos defectos. Es manipulador, mentiroso, puede ser hasta cobarde, y un mal padre. Y es un inconstante: no es capaz de mantener el compromiso con una pareja, o muy poco. Es egoísta, porque va siempre a la suya. Tiene muchísimos defectos. Pero a la vez, tiene vocación realmente de enseñar. Y empatiza, y no se conforma con el sistema educativo, y lo quiere cambiar. Tiene también muchas virtudes, y quizá también más sensible de lo que pueda parecer. Tiene de todo, como en la vida real, y eso es lo que me gusta de ese personaje. Es creíble, real.

-¿Es verdad que no viste La casa de papel?

-No la he visto, la tengo pendiente. Yo no soy muy espectador de series. He visto algunas, pero La casa de papel la tengo pendiente. He oído hablar mucho de ella, pero no puedo hablar de esa serie porque no la he visto. Claro que son dos productos bien distintos: afortunadamente en España hay mucha variedad de creación audiovisual, con muchos modelos distintos. Hay una buena cantera de profesionales, y muchas historias para contar. Obviamente La casa de papel no tiene nada que ver con Merlí, que es más social, más personal, más de problemas reales privados de la gente joven. Va directo a cuestiones muy idetificables de la sociedad nuestra. Una de las cosas que esta serie ha conseguido es juntar a padres e hijos, y a veces a hablar de problemas graves de los chavales. Problemas que no se verbalizaban en casa.

-Está habiendo como una resurrección de la filosofía a nivel popular.

-Es posible. No sé si está ocurriendo en América Latina, pero en España sí. Tampoco quiero atribuir toda la causa a la serie, pero algo tuvo que ver. Luego de emitir la primera temporada, hubo un aumento del 30% en la matriculación de filosofía. Parece que la filosofía está de moda, y bienvenida sea. Porque por otro lado, se la quieren cargar. En Chile me han pedido que me sume a la causa, de profesores y alumnos que quieren que se mantenga esa asignatura en los planes de estudio. Porque se la quieren cargar. Hoy parece que las asignaturas humanistas no interesan. Que todo el sistema educativo está focalizado en asignaturas productivas, técnicas, encaminadas a profesiones de producción. Y la filosofía parece ser incómoda, porque potencia el lado crítico de las personas.

Merlí. Foto: difusión
Merlí, una ficción que une generaciones. Foto: difusión

-Merlí tiene la habilidad de conjugar muchos otros temas.

-Sí, por ejemplo, el tema de la homosexualidad, el tema de salir del armario. El tema de las relaciones conflictivas entre padres e hijos: incomunicación, bloqueos, autoridad paterna. El tema de las drogas, el suicidio, el bullying. También el maltrato psicológico. Ha habido temas que de algún modo han significado una novedad plantearlos en una televisión pública. Eso fue valiente, y provocó muchas reacciones.

-¿Qué dificultades presentó el rodaje de Merlí.

-El presupuesto en la televisión catalana son los que son, y hubo que rodar la serie, cada temporada de 13 episodios de 50 minutos, en tres meses, trabajando solo de lunes a viernes. Y hacerlo en locaciones reales: el plan de rodaje era realmente salvaje. Pero se consiguió un nivel de calidad.

-¿Cómo es tu relación con la cultura latinoamericana?

-Los grandes autores latinoamericanos han estado muy presentes en España desde hace muchos años. Soy gran lector de Borges, Cortázar, Benedetti, García Márquez, Galeano. Y somos también muy consumidores del cine de América Latina.

-Pero tú sos una persona culta, ¿pero el español no vive de espaldas a América Latina?

-Es cierto que pertenezco a una generación determinada, y que tuve la suerte de tener una educación determinada. Pero es posible que España vive un poco de espaldas a Latinoamérica, e incluso a Portugal, que son vecinos nuestros. Eso es un gran defecto de los españoles: mirarse mucho al ombligo.

-¿El catalán es más abierto?

-No te creas. En España el catalán tiene fama de cerrado, y de reservados. Y ahora, con la cuestión política, nos tienen más manía que antes. El catalán es más abierto a Europa, nos parecemos más a los franceses. Eso lo reconocen los propios españoles. No me gusta hacer comparaciones de mejores y peores. Eso es absurdo. Pero es verdad que le diversidad que hay en el Estado español de alguna forma tiene que ser reconocida. Yo lo está siendo, pero todavía no está normalizado.

-Y ahora Netflix, una empresa estadounidense, parece estar haciendo más que nadie por poner en contacto a españoles y latinoamericanos.

-Sí, parece que Netflix está ayudando a eso. La ficción en España ha mejorado, y ahora estamos recogiendo los frutos sembrados por años. Y a través de las plataformas digitales se está reconociendo ese nivel. Y series como Merlí o La casa de papel, y otras, han cruzado el charco y están interesando mucho en América Latina. Nos encanta poder salir al mercado internacional. Y de pronto, esas cosas ocurren a través de Netflix: bienvenido sea.

-¿Almodóvar fue de algún modo pionero en ese avance de la ficción española hacia América Latina?

-Sí, ya en los años 80 Almodóvar significó mucho para el cine español fuera de fronteras. Fue un gran renovador. No nos conocemos personalmente, pero yo lo conocí a él cuando tanto él como yo hacíamos películas en Super 8, antes que saliera el video. Antes del video estaban estas cámaras, que eran para uso familiar, pero con las que se hacían películas. Y había festivales. Y Pedro Almodóvar venía con sus películas bajo el brazo, las proyectaba, y las doblaba en directo, hacía las voces de algún personaje, o narraba. Y ya tenía la onda de sus primeros largometrajes. Y yo en esa época también hacía cine Super 8, como actor y también dirigía. Dirigí tres películas, que exhibíamos en institutos o centros de cine.

-¿Tiene recuerdos del franquismo?

-Sí, viví los últimos años del franquismo, y me tocó correr de la policía en manifestaciones. Ya había muerto Franco, pero estábamos en esos años problemáticos. No me tocó alzar la mano en el saludo fascista, pero casi. El catalán no se podía usar en las escuelas. Había censura, y para leer ciertos libros tuve que ir a comprármelos a Francia. 

walter vidarte

Recordando a un viejo gran intérprete uruguayo

“He coincidido con algún actor uruguayo en el pasado: con Walter Vidarte trabajé en teatro, en El enemigo del pueblo”, cuenta Orella, quien tiene una larga carrera también como actor dramático. “Vidarte era un actorazo. Él vivía solo en Madrid, y cuando hicimos esa obra, él me regaló un libro fantástico, los diarios de Tolstoi y su mujer. Un libro brutal, de una pareja que se amaba y se odiaba, y se castigaban mucho. Un libro terrible”, recuerda el actor catalán.

Vidarte (Montevideo, 1931 - Madrid, 2011) fue un actor y director de teatro, cine y televisión uruguayo, de amplia actuación en Argentina y posteriormente en España, donde se exilió en 1974. Formado en la Escuela de Arte Dramático de Montevideo, dirigida entonces por la legendaria actriz española Margarita Xirgu, destacó por primera vez en la obra Procesado 1040, trabajo que le dio reconocimiento en Uruguay y lo proyectó hacia Argentina.

“Me acuerdo de su potente voz, diciéndome ‘lee este libro, diabólico, tremendo. Él vivía solo, y una gran amiga suya, y cuando él estaba en el hospital, ya muy mal, ella le planteó de hablar qué iban a hacer con él, cuando muriera. Si quería ser incinerado o enterrado. Y Walter le contestó: ‘a la basura’, desde la cama, con esa profundidad en su voz. Fue impresionante”, relata Orella.

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