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Filosofía para toda la familia

Las tres temporadas de la serie Merlí ya están en Netflix

Merlí. Foto: difusión
Merlí. Foto: difusión

Acá no hay atraco perfecto, himno de la resistencia contra el fascismo, máscaras de Dalí, mamelucos rojos ni fiebre tuitera de la que es difícil no contagiarse, y tampoco hay premios. Pero hay un sello de calidad español y una premisa por lo menos interesante. O sea, no será La casa de papel ni se habrá generado tanto revuelo a su alrededor, pero Merlí tiene lo suyo y merece una oportunidad.

Creada por Héctor Lozano y emitida entre 2015 y enero pasado por TV3 en España, esta serie catalana causó sensación: en concreto, fue la serie más exitosa de la cadena en los últimos años, y tuvo un rating que la respaldó a lo largo de tres temporadas a nivel nacional.

Son dos motivos más que suficientes para justificar por qué Netflix decidió posar su mirada sobre esta serie, para incorporarla a su catálogo y así ampliarle los horizontes. Estrenó el primer ciclo hacia principios de 2017, el segundo a fines de año, y el tercero y definitivo hace apenas 15 días.

Y de nuevo: aunque no ha generado el impacto de La casa de papel, que es el tema de conversación del último tiempo en las redes sociales de los consumidores de series de por aquí, Merlí ha conquistado su audiencia y ha atravesado las generaciones, con líneas argumentales que se cruzan y abarcan varias franjas etárias.

La serie va de un para nada ortodoxo profesor de Filosofía, Merlí Bergeron (excelente Francesc Orellá), que llega a dar clases al grupo de liceo de su hijo, Bruno, un homosexual hasta entonces reprimido con el que tiene una relación llena de conflictos por resolver. A la hora de mejorar las cosas entre ambos, en nada ayudará que para el resto de la clase, Merlí sea el profe buena onda que siempre está del lado de los alumnos, que despotrica contra el gobierno, insulta en el salón, toma pocos exámenes y los saca de la enseñanza convencional.

Y ese amiguismo con los adolescentes, tampoco le servirá mucho a este docente que está cerca de los 60 años cuando comienza la serie, en su vínculo con sus pares. Para el director del colegio, los otros profesores y los padres de los alumnos, Merlí será un dolor de cabeza, y uno muy molesto.

Hasta ahí, todo se parece bastante a una telenovela juvenil, porque aunque Merlí es el protagonista de la historia, los dramas de estos adolescentes que se están proyectando de cara a la universidad, son los realmente importantes capítulo a capítulo. Y es ahí donde entra a jugar la filosofía, que hace que esta serie no sea solamente una telenovela juvenil más.

En cada episodio, se da un contrapunto entre un pensador o una escuela filosófica, y algún conflicto vinculado a los alumnos. Merlí, que no sigue el programa educativo al pie de la letra, va eligiendo al pensador del día en función del dilema que haya que resolver, y así van figurando durante las tres temporadas, desde los peripatéticos y Platón hasta Heidegger y Hegel, pasando por Nietszche, Freud, el taoísmo o Zygmunt Bauman.

En la aplicación práctica de una cantidad de conceptos, que a veces es demasiado superficial y hasta inocente, la serie plantea cuestionamientos y reflexiones, acercando la filosofía desde un lugar familiar, ameno. La selección de pensadores es bien interesante (sobre todo en la segunda temporada), y abarca los temas que siempre le interesaron a la humanidad, pero dándoles un enfoque contemporáneo que en un presente marcado por una profunda crisis humanitaria, viene más que bien.

Por qué mirarlo

Primero, conviene mirar Merlí porque ya terminó. Si todavía no le dio una chance a esta serie y estaba pensando en hacerlo, ¿qué mejor que cumplir con esa cuenta pendiente cuando las tres únicas temporadas ya están al alcance de la mano? Empezar y terminar una serie no es la moneda corriente de estos tiempos, que suelen obligarnos a esperar meses (o más de un año) para continuar la historia. Y segundo, porque refresca la memoria y nos pone otra vez frente a frente a aquellos filósofos que en su momento nos sacudieron, introduciendo los conceptos de otros más contemporáneos, de los que siempre vale saber.

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