RESEÑA SIN SPOILERS

Estrenó "La Casa de Papel 4": reseña y datos claves para entender la nueva temporada

Se estrenó ayer en Netflix la cuarta temporada de la exitosa serie española. A continuación, una reseña sin spoilers sobre los ocho capítulos

La temporada 4 de La Casa de papel. Foto: Netflix
La temporada 4 de La Casa de papel. Foto: Netflix

Todos rotos. Todos dañados. Todos atravesados por los sucesos traumáticos de la última temporada, desesperanzados, solos aunque estén juntos. Y con la muerte rodeándolos, con la muerte pisándoles los talones a cada paso que dan. Así están, para el arranque de la cuarta temporada que ayer se estrenó en Netflix, los personajes de La casa de papel, serie española que desde su llegada a la plataforma se convirtió en una dosis de entretenimiento que aunque absurdo e insólito por momentos, sigue satisfaciendo y deja con ganas de más y más.

La casa de papel, una vez que engancha, es adictiva y ahí hay un mérito de Álex Pina y su equipo técnico: el de estirarla, cambiarla, agregarle personajes y subtramas innecesarias y espectacularidad sin que esa necesidad de consumo voraz disminuya. Es un placer culposo a la medida de la ansiedad del siglo XXI.

Para su suerte, esta cuarta temporada llegó en plena pandemia (la fecha de estreno estaba prevista de antemano) y es justo lo que millones de fanáticos alrededor del mundo necesitaban para olvidarse, por un rato, del panorama actual. Tokio, Berlín, el hashtag #LCDP4 y el nombre de la serie alternaron todo el día de ayer como tendencias en Twitter en Uruguay: al menos para unos cuantos, el tema de conversación cambió.

El cambio vino de la mano de la misma banda de atracadores vestidos de rojo y con máscaras de Dalí, que ya se habían salido con la suya (o casi) con el atraco a la Fábrica de Timbre y Moneda española. La tercera temporada los había encontrado a todos viviendo la buena vida con el dinero obtenido del golpe, vida buena que se terminó cuando una mala decisión desembocó en la detención de Río (Miguel Herrán).

Con el más frágil del grupo controlado por la Interpol, El Profesor (Álvaro Morte) convocó a viejos amigos para un nuevo ataque. El blanco fue el Banco Nacional y el objetivo, robar el oro de la reserva. Pero con una nueva inspectora a cargo (Najwa Nimri), los minuciosos planes del cabecilla se desmoronaron.

Así arranca la cuarta temporada. En trajes de color furioso están todos rotos, dañados, traumatizados. Grises, como cualquiera en un encierro en condiciones bastante complicadas; nadie lo va a negar ahora. Y encima todos están cara a cara con la muerte, incluso la inspectora Alicia Sierra, como se revelará en una de las escenas más emotivas de toda la temporada. Pero la muerte, dice más o menos Berlín (Pedro Alonso) en una de sus tantas apariciones mediante flashbacks de tiempos más felices, también puede ser la mejor opción.

La temporada 4 de La Casa de papel. Foto: Netflix
Berlín en la temporada 4 de La casa de papel. Foto: Netflix

Berlín sigue siendo un gran personaje. Con su media sonrisa de galán cínico, la evocación de un pasado lleno de luz que no hace más que resignificar aquella muerte en la oscuridad de las bóvedas; con sus canciones y sus lecciones de integridad, moral y ética, sigue siendo pieza clave para el desarrollo de un plan que ya está bastante destartalado. Eso se traslada a un guion que tiene puntos flojos y vueltas innecesarias: la excusa para desarrollar el personaje de Belén Cuesta, los disparates que comete Arturito, el interrogatorio eterno entre las inspectoras y hasta un enfrentamiento entre El Profesor y un toro (¡un toro!) son momentos en los que uno se pregunta por qué La casa de papel nos gusta tanto. Lo mismo con una cantidad de saltos temporales sin justificación.

Dicho eso, los ocho nuevos episodios van de menos a más. Los tres primeros son lentos, con Nairobi (Alba Flores) entre la vida y la muerte; les sobra mucho, pero permiten entender ciertas lógicas y permiten que Marsella (Luka Peroses) pueda brillar. En el cuarto hay un quiebre, y ahí sí todo vuelve a ser puro vértigo.

Con el jefe de seguridad del banco, Gandía (José Manuel Poga), liberado como animal hambriento, el juego del gato y el ratón se intensifica. Dentro del banco hay reacciones viscerales, corridas y algún tiroteo muy pero muy bueno. Todos los que parecieron ser los malos en esta serie no le hacen ni sombra a Gandía, que es perverso y dañino como nadie, y acá contribuye a unos momentos de acción tensísimos que son de lo más fuerte del ciclo.

Por Gandía pasa también la decisión más arriesgada de Pina en estos episodios, uno de esos golpazos a lo Game of Thrones musicalizado con épica y garantía de sorpresa y de lágrimas (atentos al capítulo 6). Y por esa decisión, los de adentro tendrán un motivo importante por el que seguir luchando en una guerra que no está terminada. ¿O sí? El final de jaque mate es como para que la quinta temporada venga ya, aunque para eso faltará un rato. El tiempo alcanza como para engullir este nuevo tramo de la aventura, y después digerir las culpas.

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