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"La casa de papel": el atraco del que todos quieren ser parte

La serie española llegó a Netflix y conquistó al público latino. ¿Pero cuál es su encanto?

La casa de papel
La casa de papel. Foto: Difusión

Hace un tiempo, El País de Madrid enlistaba los posibles 27 mejores comienzos de la literatura. Pocas palabras o varias líneas, metáforas o líneas directas, mucha información o pura sugerencia: con recursos variados, Borges, Bolaño, Chuck Palaniuk, Kafka y por supuesto García Márquez con sus Cien años de soledad, han sabido dar ese primer golpe y que sea letal.

Si la misma lista se hiciera con los comienzos de series, La casa de papel bien podría figurar en un top 10. “Me llamo Tokio, pero cuando empezó esta historia no me llamaba así”, es lo primero que escuchamos de boca de una chica que, bañada por una luz roja, acaba de despertar de una pesadilla que suena a persecución y disparos. Y ya queremos saberlo todo: quién es, quién era antes, cuál es la historia, qué fue el disparo.

Esa primera escena puede ser responsable de la fiebre se generó, en Uruguay y la región, por esta serie española que Netflix incorporó a su catálogo a fines de 2017, y que por un boca a boca feroz cimentado en las redes sociales, se convirtió en el fenómeno del momento. Si no quiere quedarse fuera de la charla de su grupo de amigos o compañeros de trabajo seriéfilos, es la serie que hay que ver.

Por supuesto que con este virus llamado La casa de papel, además de todos los que están rendidos a sus pies, hay un montón de gente que no se dejó seducir y está pronta para criticarle lo criticable. Que está llena de lugares comunes, que todo lo que propone ya lo hemos visto, y hasta el diario argentino La Nación se preguntó si es un suceso merecido o producto de las redes, inclinándose más bien por la segunda opción. Y sí, hay un poco de todo eso, ¿pero la suma de clichés y pedazos de películas y series de la década de 1980, no fue lo que tanto atrajo de Stranger Things? ¿O acaso hay más mérito cuando lo hace Estados Unidos que cuando lo hace España?

Ahora, hasta Luis Mario Vitette denosta a la ficción de Atresmedia porque dice que es la réplica de su tan conversado robo del siglo (por cómo lo explica, algo de razón podría tener). Pero ya se sabe que a ladrón que roba a ladrón se lo perdona, y sea a quien sea que le haya “robado” su creador Álex Pina (el de Los Serrano que se vio en Canal 10, El barco o Vis a Vis), lo hizo muy pero muy bien.

Claves

El fenómeno

La casa de papel es la historia del robo perfecto, una de las eternas fantasías de la pantalla plasmada en películas como La estafa maestra, La gran estafa, El plan perfecto, Ladrones de medio pelo o Rififí. Aquí la serie, ambientada en la España actual —con una sociedad a la que no se le da voz pero se la pinta como desencantada del sistema, desconfiada de la policía y los políticos—, cuenta el atraco a la Fábrica de Timbre y Moneda, planeado por un Profesor (Álvaro Morte) y un grupo de delincuentes que, para evitar los lazos emocionales no se revelarán sus nombres. Por eso serán Tokio (Úrsula Corberó), Berlín (Pedro Alonso), Nairobi (Alba Flores), Rio (Miguel Hernán), Moscú (Paco Tous), su hijo Denver (Jaime Lorente) y los primos Helsinki (Darko Peric) y Oslo (Roberto García).

Los unen varios lazos: el desapego, el pasado delictivo, el no tener nada que perder, las ganas de obtener una tajada de una torta que en el mejor de los casos será de 2.400 millones de euros, y la confianza en el cerebro de la operación, el único con prontuario limpio y que no se meterá a la fábrica. Lo suyo será jugar a dos puntas con la inspectora a cargo de desarmar este atraco que involucra a 67 rehenes: Raquel Murillo (Itziar Ituño), madre soltera, víctima de violencia doméstica e hija de una mujer con Alzheimer. Es bien vulnerable como para manipularla a dos frentes: como el Profesor a través de un teléfono, y como Salva en el cara a cara.

Toda esta historia de acción y entretenimiento está contada a un ritmo vertiginoso que al espectador lo hace sentir perseguido por un reloj invisible que solo parará al final de la serie, cuando la moral ya haya sido puesta sobre la mesa al derecho y al revés, para dejar esa dicotomía de buenos y malos bien entreverada. Después de todo, ellos no le están robando a nadie sino haciendo su dinero, o desde un concepto marxista, tomando los medios de producción.

La ética, la política y la sociología cruzan el discurso de la serie, al punto de haber viralizado en tiempos de generaciones con nombres de letras, a “Bella Ciao”, canto de la resistencia contra el fascismo y el nazismo en la Segunda Guerra Mundial. Ellos, los ladrones de La casa de papel, son la resistencia a un sistema del que no esperan y al que no le deben nada. El paquete lo completan buenas actuaciones en general (algunas destacadas, como las de Alonso o Flores) y una fotografía que le saca jugo a los contrastes y a la oscuridad.

Clichés hay de sobra y robos, un montón. Muchos han reparado en una escena de Perros de la calle, y no tanto en cómo la inspectora Murillo se parece a la que compuso Gillian Anderson para The Fall, o cómo el paso de las horas es un guiño a 24. Sin embargo, tal y como pasa en Stranger Things, cada rapto de inspiración está bien hilado con el que viene, y sostiene este atraco que es una panzada de buena televisión española, que por cierto está cada vez mejor. Que sean solo dos temporadas cortas potencia su encanto. Es como un romance de verano: emocionante, intenso, con un sabor conocido y con todo lo necesario para dejar, cada vez que se piense en La casa de papel, una sonrisa en la cara.

Alejandro Bazzano

Un uruguayo en el medio del fenómeno

Si hubo inspiración o no en el robo del siglo de Luis Mario Vitette para hacer esta serie, es algo todavía desconocido. Sin embargo, sí hay un uruguayo en este fenómeno y es Alejandro Bazzano, un realizador audiovisual que comenzó su carrera en la década de 1990 en Montevideo y que en 2002 se radicó en Madrid, donde se convirtió en un director requerido para ficciones televisivas. En su catálogo están Física o química, la serie que hizo conocida a Úrsula Corberó, Tokio de La casa de papel; Los misterios de Laura que se vio por TNU, y Mar de plástico que está en Netflix.

Para La casa de papel dirigió cuatro episodios, que son el cuarto y el octavo de la primera temporada, y el segundo y el quinto de la segunda en la versión original, que tuvo un primer ciclo de nueve y un segundo de seis. Netflix dividió esos nueve iniciales en 13, y resta esperar qué hará con los restantes.

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