GAME OF THRONES

Por qué Bernadette Caulfield es la verdadera madre de los dragones en "Game of Thrones"

La productora de la serie habla de los riesgos que se tomaron para que esta ficción se convierta en realidad.

Bernadette Caulfield, la verdadera madre de los dragones en Game of Thrones. Foto: Difusión
Bernadette Caulfield, la verdadera madre de los dragones en Game of Thrones. Foto: Difusión

Los protagonistas de hoy y de siempre de Game of Thrones llenaron el Radio City Music Hall de Nueva York a principios de abril, para el estreno mundial del primer episodio de la octava y última temporada de la serie. Pero en los agradecimientos, los creadores David Benioff y D. B. Weiss dirigieron sus mayores elogios a alguien desconocido para la mayoría. “Llegamos hasta aquí únicamente gracias a Bernadette Caulfield, la mejor productora de la actualidad”, dijo Benioff.

Caulfield, productora ejecutiva del programa, no es tan conocida por los fanáticos como sí lo son Benioff o Weiss, o como Emilia Clarke (o sea Daenerys Targaryen), Sophie Turner (Sansa Stark) y Lena Headey (Cersei Lannister). Pero para ellas, Caulfield es la verdadera estrella de Game of Thrones.

“Es el corazón que le da vida a la serie”, dijo Clarke. “Es la clase de mujer que quiero ser cuando crezca”, dijo Turner. “La verdadera Madre de Dragones”, dijo Headey. “Es lo mejor que le pudo haber pasado a la serie”, dijeron Benioff y Weiss.

En esta era de oro de la televisión, en la que los escritores y productores ejecutivos a cargo de una serie (los showrunners) son más conocidos que nunca, las series las hacen personas anónimas. Esto aplica para Game of Thrones: debido a que su narrativa expansiva se desarrolla en una amplia variedad de entornos, la serie ha sido de las más complejas de la historia a nivel técnico. Hubo momentos del rodaje en el que había cinco unidades que operaban simultáneamente para llegar a tiempo con una temporada.

Y fue poco frecuente una ocasión en que se filmara una escena simple. Game of Thrones es lo que es por las impactantes secuencias de batallas intrincadas, por ejemplo. Los escenarios incluyeron acantilados, criptas y cuevas en Irlanda del Norte; la producción cerró calles en ciudades de España y Croacia para rodar motines, rebeliones de esclavos y una memorable caminata al desnudo; y un equipo de rodaje tuvo que adentrarse en una tormenta de nieve en Islandia para captar cómo es el mundo más allá del Muro.

¿Y quién fue el eje que mantuvo unida toda la operación? La respuesta es: Bernie. “Sin ella, todo habría colapsado”, aseguraron Benioff y Weiss.

“Me encantaría ser así de importante”, dijo Bernardette Caulfield al respecto. “Pero se precisa un equipo enorme de trabajo para hacerlo”.

En ese equipo están su copiloto, el productor Chris Newman, y la diseñadora de producción, Deborah Riley, entre muchos. Pero los creadores aseguran que Caulfield está a cargo de todo y supervisa todos los aspectos de la producción, desde la logística inmensamente compleja hasta el presupuesto, el calendario de producción y la “salud y la felicidad del equipo de rodaje”.

Para Caulfield, sin embargo, la tarea era relativamente sencilla: “hacer que todo lo que escriban en el papel se materialice en la pantalla”.

Caulfield creció al norte del estado de Nueva York e hizo el bachillerato en Rochester, donde trabajó en un teatro local. Cuando llegó a la zona la producción del rodaje de una película, en 1981, se anotó como asistente de producción y se enamoró del mundo del espectáculo: en menos de un año, se mudó a Los Ángeles. A medida que escalaba en la jerarquía de la industria, trabajó con algunos de los productores más prestigiosos de Hollywood, como Michael Mann (en la serie Robbery Homicide Division) o Ridley y Tony Scott (fue parte de The Good Wife).

Pulió sus habilidades para manejar varias unidades de producción a la vez cuando trabajó en Los archivos X, y después en el drama de HBO, Big Love. Cuando estaba por terminar esa serie, en 2011, oyó algo de una “historia medieval tipo fantasía” que la cadena iba a filmar en el Reino Unido. Se unió al equipo de Game of Thrones en la segunda temporada, como remplazo del productor Mark Huffam.

Se suele olvidar, dada su grandiosidad actual, que al principio era una serie mucho más discreta. Los dragones eran entonces lagartos glorificados, y la primera escena extensa de combate, la batalla de Blackwater, pasó al final de la segunda temporada. La tercera temporada mostró nuevos mundos y elementos más extremos.

A medida que la historia y los presupuestos crecían -de cinco millones de dólares por episodio hasta 15 millones en la actual temporada-, igual lo hizo la producción. Si bien no era un objetivo explícito del programa superarse a sí mismo con cada temporada, ese fue el resultado práctico de una historia que pasó de ser un choque de clanes a una guerra transcontinental, hasta una batalla en contra de un ejército de muertos vivientes por la sobrevivencia de la humanidad.

Cuando Caulfield no estaba en algún lejano plató o supervisando las operaciones en alguno de los seis lotes de filmación en el estudio de la serie en Belfast, estaba planificando en la oficina de producción: en preparación para nuevos directores, nuevos rodajes, nuevos países. Pero lo que la volvió tan querida por la gente a la que daba órdenes, en condiciones a menudo extremas, fue su “amor incondicional por cada persona en el programa”, dijeron Benioff y Weiss.

Los días más agotadores emocionalmente eran los que involucraban prender fuego a alguien. Los coordinadores de dobles para escenas de riesgo suelen decir que las caídas son las más peligrosas, pero la filmación que quedó grabada en la memoria de Caulfield fue la escena en las arenas de combate de Meereen, en la sexta temporada, cuando el enorme dragón Drogon -que en el plató es un poste largo con una pelota en la punta- quema a varias víctimas. Para la realización de la escena se usó un lanzallamas sobre una plataforma móvil, que se desplazaba e incendiaba a varios dobles de acción. Básicamente, un día de trabajo normal en el mundo de Game of Thrones.

Lo que dejó el segundo episodio de la temporada

El capítulo emitido el último domingo dividió aguas: hubo quienes sintieron que en el episodio no pasó nada, y estuvieron los que se conmovieron hasta las lágrimas. Pero la verdad es que pasó mucho, desde el punto de vista más humano de los personajes que, al final, es lo que hace tan rica a esta serie.

Todo el capítulo se centró en cómo vivieron los personajes las horas previas a una batalla monumental, posiblemente la más grande de toda la serie, y que -es de esperar- le costará la vida a varios. Antes de enfrentar al Ejército de los Muertos, todas las figuras centrales que están en Winterfell disfrutaron a su manera. Algunos compartieron beberajes alrededor de una estufa, entre canciones y un nombramiento de caballero a la genial Brienne de Tarth. Otros eligieron entregarse a la pasión; otros, compartir una sopa; y otros, revelarse las verdades, pues Jon Snow le dijo finalmente a Daenerys Targaryen quién es en realidad, algo que a la Madre de los Dragones no le gustó demasiado. Pero toda la tensión entre ellos se cortó rápido con la llegada de la amenaza real a Winterfell, o sea el Rey de la Noche y su séquito de no-vivos. En ese combate se enfocará el tercer capítulo, que va el domingo a las 22.00 por HBO.

Reportar error
Enviado
Error
Reportar error
Temas relacionados
Te recomendamos
Max caracteres: 600 (pendientes: 600)