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Amar y crecer sabiendo reír

Terminó Love, una serie tan entrañable como incómoda

Love
Gus y Mickey en la última temporada de "Love". Foto: Netflix

Es probable que durante sus tres temporadas, Love nos haya dejado más sinsabores que sonrisas. Voy de nuevo: durante sus tres temporadas, Love me dejó más sinsabores y lágrimas que carcajadas. Pero cada cosa valió la pena porque al final, Love es una experiencia que para un montón de nosotros, los millennials, debería ser obligatoria. Porque la expansión de las redes hizo que la conquista cara a cara fuera desapareciendo, porque encontrar la satisfacción plena —¿la felicidad?— parece una utopía cada vez más lejana, porque en esta globalización cada vez más avanzada es difícil no sentirse solo. Y de todo eso va esta serie.

Pero "Love" es, además, una ficción para todo público. Después de todo, el hilo central es el amor, y con eso, las relaciones humanas. O sea, un asunto universal.

Acá, el amor central es el que fueron construyendo Mickey (Gillian Jacobs) y Gus (Paul Rust). Ellos, que se encontraron recién separados en la primera temporada y, tras algunos tropezones, se aventuraron a estar juntos; ellos, que para la segunda temporada tuvieron que superar una crisis, para comprometerse a ayudarse y sobre todo aceptarse. Ellos, que arrancan este tercer y último ciclo ya disponible en Netflix, en un buen momento que en el fondo tiene esa sensación de “sí, pero no”.

Mickey y Gus se quieren mucho, pero a veces da la sensación de que es más el interés de ella (persona adicta, tóxica y conflictiva en recuperación) por salvar su única relación con un buen chico, y de él (nerd que está lejos de los cánones de belleza, y de conducta pasivo-agresiva) por seguir con una muchacha preciosa que lo empodera, que el interés de ser felices.

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Tráiler de la tercera temporada de Love

Y esa sensación es la que a lo largo de la tercera temporada, está siempre presente en el espectador y pareciera que en la propia pareja protagonista, que nunca aborda el tema de manera directa. A ese no-diálogo, a esa manera de evitar los problemas de una relación que, en los tiempos de la ficción, sólo tiene unos meses, Mickey y Gus lo sortean con momentos de mucha dulzura, con peleas y con un tono de comedia de situación al que le quedan muy bien los secundarios, sobre todo Bertie (Claudia O’Doherty) que, terminada Love, se merece un spin off que la tenga de protagonista.

Bertie de hecho se lleva algunos de los mejores momentos de la temporada, como la punta de un triángulo amoroso que completan su novio Randy (Mike Mitchell) y su repentino interés amoroso, Chris (Chris Czajkowski). El quinto episodio, “Bertie’s Birthday”, es tan desopilante que vale verlo como un capítulo aislado.

Lo diferente de este último ciclo de Love es que hay mucho tiempo para los secundarios y para las historias individuales de los protagonistas, más allá de la pareja, que es tratada como un personaje en sí mismo. Los desarrollos de Gus y Mickey como adultos profesionales y con metas que cumplir corren en paralelo al vínculo de ambos, afectándolo de distintas maneras. Eso hace que el foco amoroso también tenga un reflejo en el crecimiento, en la dolorosa transición de la adolescencia a la adultez; y le permite al trío creador que con Rust, completan Lesley Arfin (su pareja) y Judd Apatow, darle un cierre concreto a esta historia.

Una historia de amor ajena, complicada, por muchos momentos molesta, que es el espejo de muchos de nosotros.

¿por qué mirarlo?

Los encantos de una ficción

Judd Apatow tiene un montón de comedias en su haber, en general buenas, lo que ya da pauta de al menos ideas interesantes, hay detrás de esta serie. Después, Rust y Arfin se inspiran mucho en su propia historia de amor y entre los tres, hacen algo que tiene mucho valor: llevar a la pantalla su propio humor, su propio miedo y sus miserias. El resultado está a la altura. Hay momentos flojos y está bien, Love no es la serie más memorable del mundo, pero genera un sentimiento de identificación que hace que el nudo en la garganta no sea fácil desatar.

Después están el vestuario, la fotografía y sobre todo, la banda sonora.

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