TELEVISIÓN

Una serie que está peleada con algunos vicios actuales

En Netflix está disponible la tercera temporada de la elogiada Black Mirror.

El eterno femenino de una imaginativa pintora
Esta serie suele convocar a importantes actores británicos. Foto: Difusión

Hay otro espejo, negro, infinito, vacío, en el que nos observamos, cada vez más dependientes, cada vez más peligrosos. El espejo negro al que se refiere desde tu título Black Mirror nunca se rompe, porque los siete años de mala suerte ya no asustan. Según la serie, miedo debería dar ver cómo esos cristales de celulares, tablets, computadoras y televisores multiplican la imagen de una sociedad convertida en víctima y verdugo, sometida finalmente por una mecánica que saca lo peor de cada uno de nosotros.

Charlie Brooker es el creador y guionista principal de la serie británica que anticipa —quizá— nuestro desagradable futuro. Dijo que su obra reflexiona "acerca de la forma en que vivimos ahora y la forma en que podríamos estar viviendo en 10 minutos si somos torpes". La pregunta que retumba en la mente del espectador mientras transcurren los capítulos de Black Mirror es si acaso ya lo fuimos. Y si no es muy tarde.

Desde su primera temporada en 2012, este inteligentísimo conjunto de unitarios trabaja sus tramas en torno a la amenaza del avance tecnológico y las consecuencias dañinas que podría tener su uso excesivo, porque aquí no hay robots emancipados: hay hombres tropezando con su propia ambición.

Dos semanas atrás, Netflix —que compró los derechos en 2013— lanzó el tercer grupo de seis episodios. Esta vez, las historias son atravesadas por algunas molestas tendencias como la insoportable corrección política, la facilidad del linchamiento virtual y los comportamientos surgidos de esa filosofía comercial que quiere elevar las individualidades y hacernos creer que todos somos únicos, valiosos e influyentes.

A los que les sale mejor —"famosos" de redes sociales— se les llama influencers. Black Mirror parece ir siempre un paso adelante, y he aquí la importancia de esta serie para definir a una generación de usuarios de internet: la nuestra.

A simple vista, las cáscaras de estos capítulos podrían ser bastante comunes: una amistad no correspondida, la insaciabilidad de experiencias virtuales, la pérdida de la privacidad, inmortalidad, amor prohibido, racismo; incluso hay detectives persiguiendo a un asesino serial. Pero el verdadero relato cala mucho más profundo. La grandeza de Black Mirror está en el brillante armado del contexto en el que sucede la acción (el apogeo de los posts anónimos, la viralización de contenidos, la condena social intransigente, la realidad virtual como una nueva droga), en el uso narrativo que se le da a esta paranoia (siempre la tecnología es desconfiable y uno espera expectante de qué forma se presentará en el capítulo), y en la excelencia de su realización en cada uno de sus aspectos.

Como en las temporadas anteriores, la tercera tiene un par de capítulos infalibles que, irónicamente, se están convirtiendo en tema de discusión en las redes. Son Caída en picada y San Junipero. El primero retrata a una sociedad que reprime su agresividad ante la necesidad de ser agradable y correcto para subir en la escala social. Cada interacción cotidiana y en redes es puntuada por los interlocutores, conocidos y desconocidos. El puntaje determina el tipo de vivienda, trabajo y relaciones a los que podrá aspirar este "usuario".

San Junipero, en cambio, ofrece una especie de tregua con la tecnología. Este capítulo podría emparentarse con el brutal episodio Ahora mismo vuelvo de la temporada anterior, porque ambos colocan al amor y al ser amado como centro. San Junipero es un balneario ficticio en el que conviven enfermos terminales (de forma temporal) y personas muertas (de forma permanente).

Es que ahora, frente a la muerte, existe la posibilidad de elegir entre la incertidumbre o una existencia eterna, con el cuerpo joven y junto a los seres queridos. Sin embargo, la vuelta de tuerca aquí está en la verdadera posibilidad de comenzar otra historia puesto que no hay fin, porque en San Junipero pueden surgir nuevos amores, otros amigos, otros hábitos.

Black Mirror son las dos palabras que hay que decir para refutar cualquier tipo de cuestionamiento acerca de la buena salud de la televisión actual. Es una obra esencial y perturbadora, una advertencia que queda pegada en la retina que tanto estamos descuidando.

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