CRÍTICA - TELEVISIÓN

Segundas aventuras del hombre sin miedo

Daredevil [**].Producción: Netflix. Elenco: Charlie Cox, Deborah Ann Woll, Elden Henson, Jon Bernthal, Royce Johnson, Elodie Young, Rosario Dawson, Peter Shinkoda, Geoffrey Cantor y Scott Glenn, entre muchos otros.


El eterno femenino de una imaginativa pintora
Daredevil en la segunda temporada para Netflix. Foto: Difusión

La primera temporada fue de lo mejor que se haya visto en televisión sobre un superhéroe. Posiblemente, las razones que expliquen ese acierto sean —en principio— dos. Primero, un realismo inusual para una historia en la que un ciego ve mucho mejor que cualquiera.

Segundo, centrar casi todo en un eje narrativo: el enfrentamiento entre el protagonista y Kingpin, un villano al que Vincent DOnofrio interpretaba con una intensidad y un aplomo fuera de lo común (sigue siendo un misterio cómo DOnofrio nunca ha siquiera sido nominado a un Oscar).

Hace unos días, Netflix puso toda la segunda temporada de Daredevil en línea y con los antecedentes de la primera, las expectativas eran naturalmente altas. El hombre sin miedo (así es el lema de Daredevil) sigue en el barrio neoyorquino de Hells Kitchen, pero esta vez no se trata de proteger la zona de los proyectos inmobiliarios que, con violencia, quieren desplazar a gente de clase media baja para darle lugar a los del 1%. Esta vez, los principales problemas del enmascarado son de otra índole.

Sin revelar demasiado, los obstáculos del abogado Matt Murdock tienen que ver con los problemas que surgen en su propio bufete legal. No es nada fácil — como ya lo saben El Hombre Araña o Batman— andar de noche combatiendo el crimen (o lo que sea) y cumplir con las responsabilidades personales y profesionales de llevar adelante una defensoría legal. En algún momento, esas noches de enfrentamientos violentos con gente mala van a hacerse notar.

Pero no solo ahí hay problemas para Murdock. La noche neoyorquina le tiene preparada otra sorpresa: la aparición de otro justiciero como él, llamado Punisher. Que Punisher sea un justiciero no quiere decir que se comporte de la misma manera que Daredevil. Al contrario.

A los dos los separa un aspecto crucial. Daredevil traiciona al abogado idealista Murdock llevando a cabo acciones policíacas sin haber sido autorizado para ello por el Estado. Todo el apego a la ley que Murdock dice tener de día desaparece apenas baja el sol y él se pone el traje (muy feo en esta serie) de Daredevil. En definitiva, es un hipócrita. Pero nunca mata a nadie. Punisher, por otra parte, es un auténtico fascista —¿asombra que sea un paramilitar?— que mete bala sin dudarlo y desprecia cualquier ley o norma nacida de la discusión y el debate. Para él, "parlamentar" es un estorbo que le ponen en el camino de su vendetta personal. A diferencia de Daredevil, Punisher no lleva ninguna máscara, y en esa ausencia de dobleces está parte de su siniestra atracción.

Además, aparece otra justiciera que complica aún más todo el asunto: Elektra. La letal y bella ninja le va a dar más de un dolor de cabeza (y de costillas) a Murdock en los capítulos.

Una parte de esta segunda temporada se inspira en el tratamiento que el guionista y dibujante Frank Miller le diera a Daredevil en los años 80. Quien haya leído aquellas historietas reconocerá varios elementos que aparecen en esta segunda temporada, como la propia Elektra y la llegada a Nueva York de una siniestra organización criminal japonesa, por ejemplo.

Como Miller en aquellas páginas de revistas, los responsables de la serie suben el volumen de la violencia. Si la primera temporada era bastante gráfica en las escenas de peleas, la segunda tiene aún más sangre y hay muertes horribles.

Hay, también en esta segunda vuelta, una decisión de alejarse paulatinamente del tono más realista de la primera temporada para adentrarse en terrenos más fantasiosos.

El desplazamiento hacia un tono más fiel al cómic es gradual y sutil, pero en el camino se pierde algo del encanto que tenía la primera temporada. En parte, esa pérdida se debe a la ausencia de Kingpin. Ni Punisher ni Elektra consiguen ejercer la fascinación que tenía el voluminoso villano, tan despiadado en la calle como refinado en su lujoso hogar. Y eso que tanto Jon Bernthal (Punisher) como Elodie Young (Elektra) hacen muy buenas interpretaciones.

Así, Daredevil parece formar parte de un "síndrome Netflix": a una buena primera temporada le siguen continuaciones que no consiguen ser tan satisfactorias. Esto ha pasado con House of Cards, también pasó con Orange Is The New Black; es de esperar que la próxima temporada de Unbreakable Kimmy Schmidt no siga el mismo camino.

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