Adiós

El vecino que se metió en la casa de los uruguayos

El fallecimiento de Omar Gutiérrez reveló el cariño de un hombre que dedicó su vida a los medios

Omar Gutiérrez
Omar Gutiérrez por Arotxa

Se fue uno de los grandes comunicadores uruguayos: ayer a los 70 años murió Omar Gutiérrez. Su estilo inconfundible lo convirtió en un quiebre en una televisión uruguaya que, antes que él, tiraba a lo acartonado. Un mate bajo el brazo y un cigarrillo siempre prendido no solo fue su marca de identidad, sino también una imagen inolvidable de los medios uruguayos.

Era un auténtico y el cariño que despertó quedó ayer, una vez conocida la noticia, patentado en obituarios espontáneos y cariñosos de sus colegas, las empresas en las que trabajó y el público con el que mantuvo una relación siempre cordial.

Las redes sociales se inundaron de mensajes de congoja y recuerdo al comunicador maragato.

“Es un día triste para la cultura de nuestro país”. “Noticia difícil de digerir pese a los pronósticos”. “Buen viaje Omar”. “Se fue un tipo generoso y querido”, “Cambió la forma de hacer TV”..., fueron algunos de los mensajes que lo despidieron en Twitter.

Las cuentas oficiales de los canales Monte Carlo TV y Canal 10, donde Gutiérrez trabajó más de tres décadas, también lamentaron el fallecimiento y destacaron su paso por esas empresas.

Omar —fue de esas personalidades a las que el cariño popular hace que baste con su nombre de pila para identificarlas— falleció ayer a la mañana en la Asociación Médica de San José, donde estaba internado hacía un mes. La noticia fue confirmada por su familia y dada por La mañana en casa, el magazine matinal de Canal 10.

El conductor maragato padecía de EPOC y estaba internado por una infección respiratoria. En el transcurso de la recuperación sufrió de una caída y fractura de cadera, lo que lo obligó a una cirugía.

Ingresó a CTI y si bien tuvo momentos de mejoría, en los últimos días había regresado a cuidados intensivos, debido a nuevas complicaciones respiratorias y también intestinales. Era tratado con respiración asistida y en coma inducido. Ayer falleció de un paro cardíaco.

Omar había nacido el 21 enero de 1948 en la capital de la “República de San José”, uno de los tantos modismos que instaló en el vocabulario uruguayo. Era un maragato orgulloso (aunque vivió parte de su infancia en Guichón, Paysandú) y aun en sus momentos de gran popularidad siempre vivió en San José de Mayo.

Su carrera en los medios, después de una serie de empleos más tradicionales, la comenzó en la maragata CW 41 pero ya en 1978 entró en Radio Monte Carlo para conducir un clásico, El tren de la noche.

En televisión empezó en Canal 4 con De par en par que era una traslación nocturna y televisiva del programa de radio que tenía en Radio Oriental. La escenografía, incluso, simulaba un estudio de radio.

“El primer día que fui a una prueba en Canal 4”, contó Gutiérrez en VTV hace un tiempo, “un gerente me mira y me dice ‘Mirá canario, con la cara que tenés, cómo te vestís, tomás mate y fumás, acá no durás 20 días’”. Estuvo 21 años en el canal y justo eso fue uno de sus sellos más apreciados.

Esa impronta la mantuvo cuando se pasó a Canal 10 donde condujo la mañana con Hola Vecinos. Su última conducción en televisión fue La Yapa. También tuvo un programa en Canal 5, Igualito no es lo mismo. Su último trabajo en televisión fue como “movilero” en un espacio de consultas de los televidentes en el programa Doctor en casa.

En los últimos años estuvo en CX 22 con La Oreja y en CX 30 La Radio, la emisora en la que trabajó en la década de 1980, con Pipí Cucú, un título que refería a otra de sus frases famosas; el programa lo producía su hija Carla.

Todos los mensajes de condolencias aparecidos en las redes lo definían como un hombre generoso. Y estaban en lo cierto. Impulsó, por ejemplo, la carrera de muchos comunicadores a los que, ayer ellos coincidieron, les dio espacio y libertad. Entre ellos están Claudia Fernández, Petru Valenski, Juanse Rodríguez, Alvaro Navia, Eduardo Gianarelli, Karina Vignola, Carolina García, Ileana Da Silva y Ana Laura Morales.

“Buen viaje Omar querido!!! #QEPD”, escribió Claudia Fernández en su cuenta de Twitter. “El primero que me dio la oportunidad de trabajar en tv, gran compañero, generoso siempre”.

Su desparpajo y su torpeza eran una parte importante de su estilo. Era capaz de cualquier cosa al aire o de hacer la más osada de las preguntas a un entrevistado y todo con un entrañable aire de inocencia. Fue el menos acartonado de los conductores de la televisión mundial. Sus mayores armas eran la espontaneidad y la sinceridad, dos virtudes que siempre lo hicieron jugar al borde del precipicio televisivo.

Por De igual a igual, por ejemplo, pasó todo el mundo: Gutiérrez no hacía distinción de género musical, partido político (aunque se definió del Frente Amplio) o lo que sea. A nadie le negaba un mate.

En alguno de sus programas, por ejemplo, Zabalza quemó la bandera de Estados Unidos, Raphael lo trató de anarquista, la banda de rock Motosierra hizo destrozos o se lucían secundarios que se hicieron famosos como “El colorado de Omar” o el perro Amigo. En su programa podían estar Pappo y el presidente Jorge Batlle con quien tuvo discusiones históricas al aire. Y podía salir en directo desde un cantegril. Pocos se atrevieron a tanto. 

Fue, además, parte del éxito de modas musicales: los auges del canto popular, la música popular y el rock son impensables sin el canal de difusión que le dio Omar.

“Hace 20 y pico de años que un cura bailara música tropical como el padre Popelka con “Azuquita pa’l café” era medio raro”, dijo en 2016 en una entrevista en Canal 4. “Lo mismo que yo fumara o tomara mate. Lo que me parecía raro porque no hay nada más uruguayo que el mate”.

Quizás ese era el problema del recelo con que fue vista su llegada a los medios: Omar Gutierrez era demasiado uruguayo. Pero ese, en realidad, era su principal encanto.

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