Marcelo Misailidis

El uruguayo campeón del Sambódromo

Entrevista con el coreógrafo uruguayo que creó el monstruo con el que Beija Flor ganó en el Carnaval de Río

Marcelo Misailidis
Marcelo Misailidis

Marcelo Misailidis no habla muy bien español, y aunque vive en Brasil desde que tiene seis años, en el acento se le nota lo uruguayo, algo que nunca pudo cambiar. Tampoco le importa, porque por más que siente que su deuda es con el país que lo adoptó de niño, cuando se fue junto a sus padres y sus nueve hermanos, también reconoce que la identidad de donde se nace “es algo que te marca a fuego y, como sucede con las brasas, no se apaga nunca más”.

La dicotomía en Misailidis es algo que trasciende nacionalidad de lengua y tierra y que llega hasta su vocación. Desde hace 21 años es ballet por el día y sambódromo en la noche. A los 23 se convirtió en primer bailarín del Teatro Municipal de Río de Janeiro, acompañando a bailarinas de la talla de Ana Botafogo o Cecilia Kerche, después pasó a dirigirlo y hoy, con los 50 recién cumplidos, trabaja allí como profesor y coreógrafo. Pero en paralelo sucumbió ante el encanto de la música popular brasileña y el miércoles resultó ganador del Carnaval de Río junto a una de las escuelas de samba más emblemáticas, Beija Flor de Nilópolis.

Hasta el miércoles, Beija Flor tenía 13 triunfos para contar, el último había sido en 2015 con un desfile que homenajeaba la herencia y la cultura africana en Brasil. El viernes, cuando Misailidis conversó con El País, se estaba preparando para ir a un ensayo muy especial, porque su escuela conquistó el título 2018 y volvió a desfilar ayer en el Desfile das Campeas (Desfile de las Campeonas). Un logro por el que el uruguayo se siente orgulloso. Este es el primer año en que dejó de ser solo “coreógrafo de frente” (ver recuadro con glosario), y pasó a ser el creador del enredo y director escénico, una tarea relevante que incluye la creación de carros alegóricos. Es una de las figuras de Beija Flor.

Es la tercera escuela con más títulos en la historia del Sambódromo del Marqués de Sapucaí, solo superada por Mangueira y Portela, pero incluso con su éxito, a Beija Flor la perseguía el fantasma de no lograr cautivar un público joven que permita a la tradición ser eterna. Su presidente Ricardo Abrão David lo tenía claro cuando le planteó a Misailidis la necesidad de encontrar una vía para competir con los bailes y espectáculos paralelos al desfile. El resultado fue un final de Carnaval con el sambódromo completo bailando y cantando detrás de Beija Flor.

—¿Cómo fue pasar de ser el coreógrafo de la comisión de frente a construir el espectáculo? ¿Cuál fue el principal desafío?

—Hace ya 21 años que estoy en el Carnaval, pero que la primera vez que dirigís un espectáculo entero sea en una escuela con el porte de la Beija Flor, es difícil. La consagración de la escuela lo volvió un desafío mayor. Lo más importante era el interés que había por cambiar la estética tradicional de la escuela, que siempre estaba enfocada a cuestiones de lujo o temáticas que de cierta forma terminaban siendo previsibles, como un museo que repite siempre las mismas presentaciones con un mismo propósito. Fue Ricardo Abrão el que me preguntó mi opinión sobre por qué el público joven ya ni se interesaba por los desfiles y para mí la clave estaba en revolucionar la estética de la propuesta y lograr contar una historia que se comunicara con ellos.

—¿Así surgió Frankenstein como metáfora de la cirisis social y política que sufre Brasil?

—Sí. En abril le conté a Ricardo mi interés por aprovechar la obra de Mary Shelley, Frankenstein o el moderno Prometeo, que cumple 200 años en marzo. Quería utilizar al doctor Frankenstein, el monstruo y su historia para compararla con los problemas que vive Brasil, que vive Río. Frankenstein crea al monstruo, desconfía de él y lo abandona y acá se vive una crisis brutal de la confianza en las instituciones. Tenemos miedo a la ciudad, miedo a las posibilidades de aquellos que lideran en la política. Vivimos una situación de abandono total como en Frankenstein, una relación que surge además desde un principio de la intolerancia que se visualiza en la sociedad.

—Eso debe haber sido caro.

—Una complicación que tuvimos fue la de alcanzar el presupuesto, ese enredo salía muy caro para la escuela: costaba más o menos 7 millones de reales (unos dos millones de dólares), desde lo institucional recibimos solo el 50 por ciento de eso, había que conseguir patrocinadores y hubo riesgo de que no se llegara. Pero finalmente en agosto se definió.

—¿Cómo se vivió el logro?

—Fuimos campeones teniendo que luchar incluso dentro de la propia institución. Fue una revolución para nosotros. Había un desgaste cotidiano para lograr todo porque las personas no creían en eso, no se sentían seguras con algo tan diferente a lo convencional. Pero pudimos llegar a donde llegamos porque aportamos sobre una temática muy fuerte para el público, que terminó invadiendo la avenida atrás de Beija Flor. Fue una cosa que funcionó como catarsis social. Creo que por eso hubo esa increíble reacción espontánea de bailar que nos sorprendió, porque hay una realidad que es que en las gradas hay fanático de Beija Flor, pero también hay fanático de las otras escuelas, pero eso no importó, hubo invasión en la avenida y todos estaban cantando nuestro samba.

—Fue un paso por el sambódromo contestatario y crítico, ¿cómo fue usar el humor y la alegría característica del carnaval para hablar de los problemas del país?

—Hasta ahora estoy recibiendo muchas críticas también, porque dicen que fue un tema poco carnavalizado, excesivamente dramatizado. Pero pasa porque cuando movemos con algunas bases que están arraigadas en el pensamiento convencional, siempre hay un conflicto y es natural. Cuando tratás de forma tan directa problemas sociales que la gente quiere negar pasa eso. Había alegorías de policías baleados, madres llorando, ataúdes y niños sufriendo bullyng en las escuelas, situaciones cotidianas sobre las que las personas prefieren mirar hacia otro lado. Tengo recuerdos muy vagos de Uruguay y presentaciones carnavalescas que usaban la crítica. Y el Carnaval siempre se ha preocupado por dar la posibilidad a la reflexión a partir del chiste y el humor. También es extraño en Río que alguien que venga de afuera gane el desfile.

—Lo habrás vivido como algo muy especial.

—Tengo una carrera artística larga ya, empecé en el Teatro Municipal de Río, fui primer bailarín y estoy en carnaval hace muchos años. Y viviendo del arte te terminás acostumbrando a los momentos de pico, de mucha euforia y a las críticas, que a veces hasta te llevan a situaciones de depresión, de no alcanzar las expectativas. Por eso lo viví con cierta tranquilidad, porque un día ganás y al otro no. Lo mejor es pasarlo serenamente. Más allá de eso acá empezó un nuevo paso para mí como carnavalesco y asumo esta postura de liderazgo con sus responsabilidades, con la intención de colaborar de la mejor manera posible con lo que venga, porque estrenar siendo campeón es una osadía pero no me saca del eje, el lunes comienza un nuevo año y la gente sigue con su vida.

Madrina de la Escuela

Claudia Raia

Hay algo que nunca falta en el Carnaval de Río y es la presencia de figuras famosas. Cada escuela tiene a sus protagonistas y Beija Flor no es la excepción. Claudia Raia, después de hacer una excepción y desfilar con Unidos da Tijuca para homenajear a su amigo Miguel Falabella, volvió a la comparsa de la que es madrina y se vistió de estrella guía. “Para bendecir a Brasil en este momento tan difícil”, explicó la actriz conocida por las telenovelas de la Globo.

—¿Sentiste como una presión todos estos cambios?

—Para mí hay una verdad y es que cuanto más presionado más producís. Hay cosas que no es uno el que elige, aunque imaginamos que es así. Porque la realidad es que la vida a veces te coloca en situaciones de vas o no vas y en esas presiones producir más, estamos muy instigados por la propia circunstancia que dan contexto a la creatividad.

—Mencionaste el ballet y en medios brasileños dijiste que fue algo que te encontró, ¿cómo fue?

—Siempre me gustó la música clásica, mi familia tenía la cultura de escuchar ópera y el universo del arte siempre fue parte de nosotros. Pero fue con mi primera novia que me acerqué al ballet. Ella era bailarina y de tanto acompañarla a los ensayos conocí y encontré un espacio donde se mezclaba el deporte y el arte, el ballet era la combinación perfecta de lo que me interesaba. Cuando sos joven te apasionas por todo, con 17 años empecé a estudiar en la compañía clásica del Teatro Municipal de Río de Janeiro y a los 23 ya era primer bailarín.

—¿Y cómo te encontró el samba?

—En una época en la que estaba haciendo una gira por Brasil con un espectáculo uno de los productores me decía: “Marcelo de la forma que hacés esas cosas, que creás esos shows, tenés que ayudar al Carnaval a hacer eso, porque el Carnaval está cambiando, está creciendo y precisa artistas con capacidad de darle otra visibilidad al espectáculo”. Primero dije que no, no tenía nada que ver con el arte popular y ni sabía sambar. Pero insistió e insistió y empecé en Unidos da Tijuca, donde él era director, solo por diversión, para descubrir qué era aquello. El primer desfile que hice fue un fracaso total porque estaba todo desorganizado. Fue una experiencia tan traumática que me agarró una bronca y dije que solo iba a salir de eso cuando ganara. Al año siguiente pedí para organizar todo y nos fue muy bien en la comisión de frente que era el área donde me desempeñaba. A partir de ahí el samba me movió y me envolví a tal punto que ya no pude salir más. Estuve cinco años en Tijuca, trabajé cinco más para Salgueiros, seis en Vila Isabel y ahora voy cinco en Beija Flor.

—Una vida entera en Brasil, ¿tenés recuerdos de Montevideo? ¿Cómo es tu vínculo hoy en día con tu ciudad?

—Tengo en la cabeza la calle en la que vivía, Oficial de Fonseca, pero no recuerdo el barrio (hay una calle Fonseca en Barrio Ituzaingó). Aunque me fui de chico y por mucho tiempo no pude visitar, de grande he ido muchas veces a Montevideo. Tengo muchos primos, una familia grande. Además, hay un trazo que no se puede olvidar nunca y la verdad que me gustaría volver porque nunca hice ni un trabajo en Uruguay. La compañía de ballet nunca me llamó para hacer algo juntos, pero sigo todo lo que hacen y sé que están en un gran momento y que la ciudad tiene una gran calidad artística y cultural.

"Si juega Uruguay contra Brasil voy a hinchar por Uruguay. Es una situación que me supera.

—Y si te preguntan, ¿uruguayo o brasileño?

—Yo pienso que en lo íntimo de uno y en lo cultural hay cosas que son como tu familia, que no se elige, no podés negar tu apellido, entonces no podés negar de dónde venís. Y yo soy uruguayo en ese sentido. De cualquier manera tengo una deuda enorme con Brasil porque fue el país que recibió a mis padres, que cuando salieron de Uruguay necesitaban ser acogidos y fue el lugar que posibilitó a una familia grande como la nuestra que era de nueve hermanos establecerse. Tampoco puedo negar que Brasil es la tierra que me posibilitó incluso ser el profesional que soy. Pero si juega Uruguay contra Brasil voy a hinchar por Uruguay. Es una situación que me supera.

Glosario

Términos de samba

El enredo de una escuela de samba es la temática principal a la que aluden las distintas representaciones del grupo, que además se unen en el samba enredo, composición musical que se canta a lo largo de todo el proceso de la escuela.
La comisión de frente es una de las formaciones de la escuela de samba, abre el desfile y está constituída por entre 10 y 15 personas. Es la que introduce el enredo de la escuela.
El carnavalesco es quien planea y ejecuta los desfiles.

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