Obituario

Raffaella Carrá, la artista que nos hizo bailar a puro ritmo, optimismo y sensualidad

Tenía 78 años y una carrera en la música, el cine y la televisión que la convirtieron en uno de los grandes nombres de la cultura italiana

Raffaella Carrá
Raffaella Carrá

Cualquiera que haya superado la década de 1970 en Uruguay sabe que con el anuncio de la muerte de Raffaela Carrá, a los 78 años, se va un pedazo grande de nuestra cultura popular. Y así debe ser despedida.

Durante, por lo menos desde acá, dos décadas, estaba en todos lados: sus canciones en las radios, sus programas en la televisión, su flequillo rubio en las revistas y hasta nos vino a visitar. Habría estado un par de veces en Uruguay aunque en un país tan poco afecto al archivo, eso se ha perdido en rumores con rigurosidad de leyenda urbana.

Actuó, se sabe, en Montevideo (en el Palacio Peñarol), Paysandú (en el estadio cerrado) y Salto a comienzos de la década de 1980, pero es poco lo que se sabe. Debe haber sido, eso sí, un acontecimiento ya que Carrá era por entonces la máxima estrella del espectáculo italiano en el mundo. Y probablemente la última con esa clase de reconocimiento local, ya que a esa altura el hemisferio sur había perdido la línea directa con la cultura italiana que generaciones anteriores habían forjado a base de películas y festivales de San Remo.

Carrá había sido parte importante en esa difusión de lo italiano, aún cuando muchos de sus éxitos los conocimos en un cocoliche muy bien disimulado.

Aunque su presencia abarca, en menor medida, el cine, y, principalmente la televisión, lo que todos hacíamos por entonces era tararear (y los más atrevidos bailar) al ritmo de sus canciones. Allí combinaba un sonido fiestero y mucho sonido pop global que podría incluir el tango y hasta la música disco.

El ritmo contagioso estaba acompañada por letras optimistas que presentaban una ambiente dionisíaco como placebo para esos tiempos oscuros.

Su participación en programas españoles y sus visitas a América Latina, la convirtieron en banda de sonido de su tiempo y en una verdadera estrella transoceánica.

Acá sonaban en la radio canciones como “Fiesta”, “Hay que venir al Sur”, “5353456” (“el teléfono suena y tú no estás, nananá nanananá”, también conocida como “0303456”, porque el número original pertenecía a un usuario en Argentina), “En el amor todo es empezar” (la de “explota explota, me expló; explota explota mi corazón”), “Lucas” (al que vio sospechosamente “abrazado con un viejo amigo”), “Pedro”, la tanguera “Lola” y tantas otras.

Las vimos y las escuchamos, en general, en versiones en vivo y con playback en las que siempre estaba enfundada en un traje apretadísimo. La acompañaban (y la levantaban por los aires) unos elásticos y movedizos bailarines en coreografías que hoy se ven vintage y algo cursis, pero era lo que se llevaba entonces.

Son actuaciones inolvidables que se siguen viendo en YouTube donde abundan los medleys de sus éxitos en presentaciones en televisión. Su vestuario era, para lo que uno imagina los estándares de la época, bastante atrevidos. Fue un símbolo sexual como si no se diera cuenta del efecto que provocaban sus enteritos ajustados.

Raffaella Carrá. Foto: Archivo
Raffaella Carrá. Foto: Archivo

Raffaella, así la llamamos quienes la vivimos, murió a los 78 años. “Nos ha dejado. Se ha ido a un mundo mejor, donde su humanidad, su inconfundible risa y su extraordinario talento brillarán por siempre”, escribió Sergio Iapino, primero su bailarín y coreógrafo y luego su compañero sentimental, al anunciar su muerte a la agencia de prensa italiana Ansa. Batalló, dijo, con una larga enfermedad que atravesó en su privacidad.

Deja atrás una carrera fulgurante y llena de energía que empezó cuando tenía nueve años en Bolonia, donde había nacido Raffaella Maria Roberta Pelloni. Una vez en Roma, estudió actuación en el afamado Centro Sperimentale de Cinematografía y comenzó, como correspondía en esa época, en cine; la primera película suya que se estrenó en Uruguay fue Tormentas del pasado en 1952. Sus películas no son el fuerte de su carrera aunque trabajó al servicio de Mario Moniccelli (Los compañeros, 1963) y compartió elenco con Frank Sinatra (quien, dicen, la intentó seducir) en El expreso Von Ryan en 1965. En 1980 filmó en Argentina, Bárbara con el crédito local Jorge Martínez en una especie de Notting Hill rioplatense.

Su primer gran éxito musical, “Tuca Tuca” estuvo acompañado de una censura papal, un trámite que suele más impulsar una carrera que frenarla. Desde entonces hasta 2016, cuando anunció su retiro, siguió en expansión, incluyendo, además de su imbatible batería de éxitos musicales que se mantuvieron hasta bien entrada la década de 1980, una presencia televisiva.

Fue la conductora desde 1983 de Pronto Raffaella, una franquicia que en Argentina Susana Giménez convirtió en Hola Susana. Condujo otros picos de rating como el programa de entretenimiento Domenica in y más recientemente había participado como coach en la versión italiana de La Voz.

En sus apariciones, se mostraba con la misma simpatía y en los últimos años su legado se mantuvo vivo en especiales de TV o incluso en la película de un uruguayo, Ignacio Álvarez.

Dueña de una vitalidad y una simpatía que se convirtieron en su marca registrada y en la razón de su cercanía con el público, la música de Carrá es contagiosa, vital. Hay una alegría de farándula de fiesta de casamiento en su música y sus letras, simples, que siempre ofrecen la posibilidad de que “esa noche puede cambiar nuestras vidas”.

Eso se la vamos a agradecer siempre.

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