Inn Content para Bethel Spa

Quince años de cuidado en salud y estética

La cadena de spa pionera en Uruguay está celebrando una década y media de existencia. Su directora Lourdes Rapalín hace un repaso de la historia de una firma que no ha parado de crecer desde los comienzos. "El equipo es nuestro mayor tesoro”, asegura.

Lourdes Rapalín
Lourdes Rapalín

—Bethel está celebrando 15 años en el mes de octubre, ¿qué balance hace de este recorrido?

—Fueron años maravillosos y también difíciles. Para una empresa, 15 años de crecimiento y permanencia no es poca cosa. En lo personal, lo he vivido como algo normal. Quizás sin darme cuenta de la expansión de la marca, porque yo he crecido con ella. Pero fueron años muy intensos, con experiencia de todo tipo, buenas y de las otras. A la hora de un balance, todo se inclina hacia lo positivo.

—¿Es más fácil o difícil captar clientes hoy que hace 15 años?

—Es tan difícil como hace 15 años, lo que no implica que el público sea el mismo. Al contrario: cuando empezamos nadie sabía lo que era un spa urbano y básicamente teníamos que informar a la gente sobre la importancia de cuidarse, no solo por motivos estéticos. La estética es una consecuencia de la salud, que es lo verdaderamente importante. En cambio hoy nos encontramos con personas muy informadas. Muchos llegan y ya saben cuáles son las últimas tendencias en cuidado y estética. En la actualidad el desafío es que nos elijan porque somos la mejor opción.

—¿Cómo fueron los comienzos de Bethel Spa?

—Empezó como una idea y un sueño. Se dio la posibilidad de comprar la llave de un gimnasio, que funcionaba en la actual casa central de Bethel Spa en Malvín. Yo trabajaba en otra empresa dedicada a la organización de eventos y por un tiempo mantuve las dos ocupaciones. Pero comencé a formarme, porque me di cuenta de que Bethel iba a ser mi vida. Viajaba todas las semanas a Buenos Aires, donde cursé la carrera de cosmetología médica y cuando me sentí preparada renuncié a mi otro trabajo para dedicarme de lleno al spa. En la actualidad sigo viajando mucho para encontrar lo último en técnicas y equipos para traerlos a Bethel.

—Fueron pioneros en spa urbano en Uruguay; ¿cuáles son las claves de ese concepto?

—Nosotros desarrollamos un sistema por el cual se pueden vivir las mismas sensaciones que en un hotel o en un spa de destino, pero dentro de la ciudad. Con los tiempos de la ciudad y el día a día laboral. De repente una persona está trabajando y tiene una hora y media o dos libres. Entonces viene, se hace un masaje u otro tratamiento. O traza un objetivo y entrena. La claves están en el personal capacitado y en entender los tiempos del cliente. Estamos en un lugar que si bien todo es paz y amor, los horarios se cumplen con una agenda inamovible. Muchos se sorprenden al ver que nosotros seguimos con la metodología de agenda en papel como respaldo. Tenemos un software de registro y de agenda, pero el papel nos permite humanizar el día a día y no cometer errores.  

—¿Qué es lo que más demanda el cliente en la actualidad?

—Son cada vez más exigentes. Tienen conocimiento y a la vez, hay mucha oferta en el mercado. Por eso, uno tiene que volcarse a no hacer lo de siempre. En Bethel el gran diferencial es el recurso humano. El equipo nuestro, compuesto en la actualidad por 80 personas, es el tesoro más grande que tenemos. Por eso lo cuidamos, capacitamos y trabajamos en la perfección en todo. 

—¿Cuánto te ha cambiado Bethel a nivel personal?

—La vida. Con Álvaro hemos crecido y aprendido mucho sobre la marcha, con aciertos y errores. Somos empresarios pero también emprendedores. Somos los primeros en llegar y los últimos en irnos. Estamos pendientes todo el tiempo. Crecimos junto a la empresa y a su equipo de profesionales.

—Bethel significa “casa de Dios”, ¿son cristianos? 

—Somos cristianos creyentes, pero no somos religiosos. Tenemos una relación personal con Dios. Nosotros estábamos al borde del divorcio y tuvimos una experiencia muy fuerte con Dios que nos cambió la vida. Aprendimos a reconstruir las cosas antes de desecharlas. Últimamente muchos hacen lo contrario. No me sirve una pareja, la dejo. No me sirve un trabajo, me voy. En nuestro caso, apostamos a que las cosas se puedan reparar. O por lo menos, pensamos que la primera opción no debería ser desechar o cambiar. Eso también lo aplicamos como empresarios y en las relaciones humanas.

—¿Qué desafíos se vienen para los próximos 15 años de Bethel?

—Muchos. Primero que nada, estamos todo el tiempo tratando de adelantarnos en el tiempo para saber cómo satisfacer a nuestros clientes de hoy y los de futuro. En cierta medida, la tendencia de hoy implica que todos se estén volcando hacia un estilo de vida más natural, más holístico. Hasta hace un tiempo teníamos a una médica trabajando el tema de cirugías estéticas, por ejemplo. Hoy son menos las personas que quieren cirugía. Prefieren métodos más naturales y está muy bien. El otro desafío es la capacitación. Desde hace ocho años tenemos la escuela de modelos, pero ahora también tenemos escuela de peluquería y escuela de spa. Como diseñamos un sistema de trabajo que es único de Bethel, nos propusimos abrirnos hacia afuera y capacitar profesionales de la misma forma y conocimiento que los nuestros. Pensamos que hay que ser generosos con la experiencia adquirida y volcarla a los demás, aunque después sean nuestros competidores.

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