CUARENTENA

Nacha Guevara, entre el enojo con el gobierno y ver al coronavirus como a un maestro

La artista argentina atraviesa la cuarentena entre subidas y bajadas, y apuesta a la meditación. "Este virus puede ser un maestro", asegura

Nacha Guevara. Foto: EFE
Nacha Guevara. Foto: EFE

Nacha Guevara, mito de la cultura argentina del último medio siglo, está entrenada para superar desafíos. Vegetariana, meditadora y fiel al aprendizaje que le dejó su “loca” abuela, huye del miedo y también de los estereotipos, ya que, “envejecer no es decaer”.

“Hay gente que envejece decayendo y hay otra que no. La que no, es bueno aprovecharla. Hace bien para el futuro de los jóvenes. Para que cuando lleguen a este momento, que irremediablemente va a llegar, tengan otra postal, otra foto, otra imagen de lo que es ser un viejo”, afirma la artista en una entrevista con Efe.

Hasta hace mes y medio, la normalidad de Nacha Guevara era brillar en un teatro de Avenida Corrientes, donde protagonizaba con Moria Casán la obra La gran depresión, que quedó paralizada por el cierre de salas tras la aparición del coronavirus. Es por eso que, ya días antes de que se decretara la cuarentena general, decidió quedarse en “en la cucha”: “todos tenemos nuestras subidas y bajadas. Pero no me cuesta. Yo me llevo bastante bien conmigo, vivo sola y no lo paso tan mal, no puedo quejarme”.

Sus días transcurren entre el pilates, las breves caminatas en la puerta de su casa y sus técnicas para enfrentar los efectos en la mente de la falta de actividad física. “Soy meditadora hace 35 años, casi 40, y tengo herramientas. Estoy acostumbrada a hacer silencio, a encontrarme con mis demonios de algún modo”, explica.

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“Este virus puede ser un maestro, depende de nosotros cómo elijamos vivirlo: si como demonio, un castigo o como un maestro que nos puede enseñar muchas cosas”, opina sobre la pandemia, que para ella es señal del desequilibrio que dejó la destrucción del planeta en los últimos años.

Por eso llama a tomar esta cuarentena, siempre que se pueda, como “un tiempo de regalo”, una “oportunidad” para hacer lo que más nos gusta y aprender a relacionarnos de otra manera con los demás: “porque las relaciones hoy son muy superficiales, ¿viste?”.

Durante el confinamiento, Guevara también estuvo en el ojo del huracán por su disconformidad con la decisión del Gobierno de Buenos Aires de implementar un permiso de circulación obligatorio, que finalmente no salió adelante, para los mayores de 70, grupo de riesgo del COVID-19.

“No he salido de mi casa en estos casi 40 días, pero lo que me disgustaba es tener que pedir permiso a esta edad para salir a la puerta de mi casa. Los viejos ya entendimos que el tiempo se acaba, entonces nos cuidamos mucho más, no necesitamos que nos digan qué tenemos que hacer”, subraya.

Fue tal el eco de sus críticas por la discriminación y el maltrato que aún sufren los mayores, que incluso autoridades de la ciudad la llamaron para decirle que “habían entendido” su mensaje. “Dicen que uno envejece de acuerdo a la primera persona que vio envejecer”, afirma, y agrega: “Tuve la dicha de tener una abuela que era muy loca, le gustaba mucho llamar la atención e iba en contra de todas las costumbres de su barrio. Y sobre todo, no le importaba la opinión ajena, en eso era una maestra”, enfatiza.

“¿Vamos a seguir dando un ejemplo de decadencia? Envejecer no es decaer, son cosas diferentes”, insiste.

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