OBITUARIO

Murió Victoria Césperes, la actriz de sonrisa constante

Egresada de la EMAD, hizo teatro, cine y televisión. Estaba luchando contra el cáncer desde 2020.

Victoria Césperes
Victoria Césperes, con Yentl en Sala Balzo. Foto: Francisco Flores

La primera vez que vi de cerca a Victoria Césperes sonreía. Tenía el pelo largo, rubio, unos rulos que tenían vida propia, unos rulos como un volcán, ojos marrones intensos, el cuerpo delgado. Era 5 de febrero de 2016 y acababa de terminar una función de La sangre de los árboles, la obra que dirigía Luis Barrales y que hacía junto a Juana Viale. El hall de la Sala Verdi de Montevideo estaba repleto, espeso.

Todos querían saludarlas, felicitarlas, darles un abrazo. Victoria salió del teatro y sonreía. Saludó y abrazó a todos. Al final, me acerqué y la saludé. Le dije que era periodista, que había escrito sobre su obra la semana pasada en un blog, que estaba impactada. Y ella, que no me conocía pero que sí me había leído, me dijo: “Ah Sole, qué bueno que volviste, gracias por escribir”.

Yo tenía 22 años y soñaba con escribir siempre. Nunca me habían dicho eso, así, de esa manera: “Gracias por escribir”. Después me abrazó como si fuésemos amigas que no se veían hace tiempo, me dio un beso en la frente y se fue. Al rato, me llegó un mensaje por Facebook: “Gracias hermosa por escribir con tanta sensibilidad. Ojalá nos crucemos pronto”.

Hoy de mañana me llegó un mensaje que me atravesó el cuerpo, me lo dejó congelado, rígido: “Sole, ¿falleció Vico Césperes?”. Pensé “no, no puede ser”, aunque sabía que sí, que podía ser. Tenía 41 años.

Una amiga que teníamos en común, Manuela Da Silveira, me había dicho, hacía unos meses, que a Victoria le había vuelto el cáncer, que estaba delicada, que me iba a tener al tanto. Entonces entré a redes. Robert Moré: “Un pedazo del alma que se va, chau Vico, gracias por tu luz, tu energía, tu amistad de oro”. Leandro Núñez: “Ay Victoria adorada, cuánto vamos a extrañar tu inmensa luz”. Comedia Nacional: “En un escenario que ya era de tristeza e incertidumbre, el dolor no nos da tregua. En el día de hoy perdimos a María Victoria Césperes. Será eterna en cada personaje que interpretó y en cada sonrisa que nos regaló mano a mano” Teatro Circular: “Nuestro teatro quiere saludar a familiares y amigos de Victoria Césperes, otra muy dura pérdida. Gran profesional y persona”. Abajo, Noelia Campo comentaba: “Qué tristeza. Tanta alegría, tanta vida en ella, tan buena actriz. Esa sonrisa! Qué pena!”.

Victoria Césperes
Victoria Césperes

Victoria Césperes era así: una persona a la que podías querer con apenas conocerla, alguien que sonreía todo el tiempo, que tenía una luz particular, una luz que lo atravesaba todo, que lo iluminaba todo. Esa sonrisa. Qué pena. Nos volvimos a cruzar muchas veces más. Nos prometimos muchos cafés para charlar. Nos tomamos algunos. En uno de esos le dije que la quería entrevistar, que quería contar su historia. Entonces me contó que había nacido en Punta Gorda, que creía que había sido una niña feliz, que en su casa había mucha sencillez y valores muy definidos; que a los 16 años, mientras interpretaba un texto de Florencio Sánchez en el liceo, supo que quería dedicarse al teatro y que a los 18 se inscribió en los talleres del Teatro Circular y que a los 22, mientras trabajaba en el negocio familiar, un Abitab, se inscribió en la Escuela Multidisciplinaria de Arte Dramático.

También que se había casado con su primer novio, tenía una casa, había dejado el negocio de la familia y estaba dedicada al teatro, que se había sentido honrada al compartir escenario con sus maestros del Circular, como Moré, Paola Venditto o Juan Graña, que después había trabajado en El Galpón, en La Candela, en el Teatro del Centro y en la Comedia Nacional. Que era muy estructurada, me dijo, pero que en 2011 se divorció, le diagnosticaron cáncer, armó las valijas y se fue a vivir a Buenos Aires, como si otra ciudad pudiera salvarla de todo.

Victoria trabajó con directores como Gabriel Calderón, Marcelino Duffau, Alfredo Goldstein, pasó por Buenos Aires y por Santiago de Chile, creó de cero junto a Juana Viale la obra La sangre de los árboles y giraron por Argentina, por Uruguay, por Chile, por Madrid, hizo cine — fue parte, por ejemplo, del elenco de la película uruguaya Zanahoria— televisión — lo último fue en El Marginal— y llegó a dirigir una obra, Crecer o reventar, que escribió y protagonizó Manuela Da Silveira.

Nos volvimos a cruzar muchas veces más. Una vez, cuando ella todavía vivía en Buenos Aires, se enteró por mis redes de que yo estaba allá y me mandó un mensaje: “Hermosa, cómo no me avisaste que estabas acá. Estoy haciendo una obra en Corrientes, si querés venir, te dejo invitaciones a tu nombre. Esperame a la salida así nos abrazamos”. Otra: “Hermosa, me enteré que estás escribiendo una obra. Si querés que la lea o lo que sea, a las órdenes”. Otra: “Bella, me vuelvo a Uruguay. A ver si nos tomamos el café que nos queda pendiente”.

La última vez fue en 2019, en el estreno de Un enemigo del pueblo, de la Comedia Nacional, donde Luis Martínez, su pareja, era protagonista. Nos vimos a la salida. Me dio un abrazo, me agarró la mano y me dijo: “No dejemos pasar más tiempo para el café pendiente”.

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