ENTREVISTA

Fernando Vilar y el final de su ciclo radial: "¿Qué hay que hacer para que te valoren?"

Fernando Vilar habló con El País tras el final de "De primera mano", el ciclo que condujo durante 18 años en las mañanas de Radio Cero. "Me dolió mucho", reveló.

Fernando Vilar. Foto: Ariel Colmegna
Fernando Vilar. Foto: Ariel Colmegna

La noticia tomó por sorpresa a los oyentes de De primera mano, el programa que Fernando Vilar condujo durante 18 años en las mañanas de Radio Cero. Luego de que la frecuencia dejara de pertenecer a la familia Romay, el viernes se conoció que los nuevos propietarios de la 104.3 FM adoptaron un cambio de programación que afectó a sus ciclos matinales.

Desde el lunes, la frecuencia comenzó a retransmitir los contenidos de Radio Carve, Informativo Carve y Así nos va —el programa de Patricia Madrid y Viviana Ruggiero—, y bajó a De primera mano y Arde la ciudad, a cargo de Nicolás Núñez, Sofía Rodríguez y Robert Moré.

Pero el anuncio también tomó por sorpresa a Vilar, quien se enteró el mismo viernes del final de su programa y se quedó sin la posibilidad de despedirse al aire de la audiencia que lo acompaña desde 2003. Sin embargo, publicó un mensaje en cuenta de Instagram para agradecerle a su público. “Un ciclo que llegó a su fin, y pese al abrupto final sin despedida al aire, solo queremos agradecer: principalmente a toda la audiencia que nos acompañó tantos años; son muchísimas las historias, las anécdotas, todo lo increíble que ha sucedido en el programa”, escribió.

Sobre el final de su espacio en Radio Cero y el recuerdo su experiencia al frente de Telenoche, Vilar habló con El País.

—El viernes se conoció que De primera mano, el programa de Radio Cero donde trabajaste durante 18 años, llegó a su final. ¿Cómo recordás el momento en que te enteraste de la noticia?

—Fue horrible. Me dolió mucho. Alguien que me vio salir de la radio ese día me contactó porque dice que me vio muy mal; yo no me vi tan mal, pero sí me afectó mucho. Hice el programa por última vez el viernes a las 9.00, y ese día me llamaron a las 11.30 para comunicarme que ese había sido el último. No es que haya dejado de trabajar porque cometiera furcios todos los días o llegara tarde;es por la ley de mercado, que no termino de entender del todo. A veces me comparo con los ahorristas bien intencionados que perdieron todo en el 2002: hicieron todo bien pero igual los jodieron. Esto es más o menos lo mismo: en 18 años me dormí solo tres veces y entraba al aire a las 6.30; es más, últimamente me tomaba solo una semana de licencia al año. Entonces. ¿qué hay que hacer para que te valoren? La gente te respeta, tenés audiencia, no faltás y hay un compromiso. Pero bueno, estoy andando y aprendiendo.

—¿Cómo fue la instancia detrás del final del programa?

—En octubre del año pasado, un colega por fuera de la radio me preguntó si era verdad que se iba a vender Radio Cero. Yo no tenía idea, pero a partir de ahí el radio pasillo no dejó de contar que se estaba por negociar, aunque nadie decía si era cierto. El viernes me llamaron para una reunión y me comunicarme que no salía más porque desde el lunes se hacía cargo de la emisora el grupo de Carve y que en la mañana iban a transmitir su programación. Sé que son las reglas del juego, pero me hace ruido la forma. No le costaba nada a quienes vienen decirme: “A partir de ahora nos vamos a hacer cargo nosotros y no vamos a contar con ustedes, pero las puertas están abiertas para algún otro proyecto”. Lo que más me duele es que me quedé sin trabajo y es un dolor que tenés que procesar porque son las reglas del juego, pero la forma deja mucho que desear. Mis padres me criaron de una forma en la que primero está el ser humano y después viene todo lo demás: el dinero, la fama o el prestigio; pero parece que en algunos estratos, primero está el dinero o no sé qué cosa.

—¿Qué criterio creés que hay detrás de este final?

—Hasta que alguien me demuestre lo contrario, es eminentemente económico. Cada vez que una empresa manda gente al seguro es por un tema económico porque no les da los números.

—Por más de que no hubo espacio para una despedida al aire, publicaste un mensaje en tu cuenta de Instagram para agradecerle a la audiencia por estos años de compañía. ¿Qué balance hacés respecto a lo que generó De primera mano?

—Del 1 al 10, el balance con la gente es de 100 puntos. La cantidad de cosas que hemos logrado con la audiencia —como conseguir una silla de ruedas o trabajo a gente que vino del interior— es increíble. Ese ida y vuelta fue muy bueno, e incluso durante muchos años festejamos el aniversario del programa en algún lugar de Montevideo. En el mejor momento de la radio también hicimos El pachangazo, una especie de despedida del año que era en 18 de julio; la gente bailaba y le dábamos números a los taxis y ómnibus que pasaban para hacer un sorteo. Era tremendo. Una vez invitamos a los autos y ómnibus a tocar la bocina al mismo tiempo, así que hicimos una cuenta regresiva y cuando llegamos a cero se escuchó un bocinazo como nunca en el Centro y en el Cordón. Pensé que no iba a pasar porque no tenían por qué hacerlo (se ríe), pero fue maravilloso. Lo que más me sorprende es el cariño de la gente que se encariñó conmigo sin conocerme, aunque también sé que hay otros que me odian.

Fernando Vilar
Fernando Vilar

—Hace casi 30 años que estás en los medios. ¿Has analizado el motivo detrás de tu permanencia?

—No hay una explicación. Es como cuando vas a comprar un perfume: si van tres personas, seguramente a todos no le guste. Con el tema del que te escucha o el que te ve, es algo similar: hay un ida y vuelta que no puedo explicar y que hace que la gente conecte contigo. Cuando me pongo a leer los comentarios en las redes, hay uno que me dice que soy el mejor periodista y otro que soy el peor; y son dos personas que viven en Montevideo y ven al mismo periodista. ¿Por qué pasa? No sé, mil veces me lo he puesto a pensar y no lo entiendo. Pero eso sí, el comunicador se mantiene porque a la mayoría le gusta; sino fuiste.

—Antes de llegar a los medios trabajaste durante años como chofer de Cutcsa. ¿Eso puede haber influido en tu cercanía con el público?

—No tengas dudas. Que me escuchara la gente en los ómnibus y que me quisieran es porque fui compañero. Cuando entré en el Canal 4, el eslogan era“Siempre de tu lado”, entonces la gente se iba a sentir cerca de Telenoche. El lenguaje que yo usaba era lo más natural posible y lo aprendí de Jorge Arellano, que le hablaba de igual a igual a la gente; no era de esos presentadores de antes que eran académicos. Estoy ensayando la respuesta, pero capaz fue una suma de todo eso: soy un tipo que era guarda y después chofer, y no un abogado que se recibió en Harvard. Igual te digo que Telenoche estuvo primero mucho tiempo, pero también no lo estuvo. La misma gente que te premia hoy, la semana que viene te lo saca porque tiene la naturalidad de elegir lo que quiere sin ningún tipo de presión o compromiso.

—En una entrevista mencionaste que los noticieros son “destructores del cerebro” y criticaste su duración. ¿Por qué?

—Cuando entré al canal era una hora de noticiero, luego una hora y media, y así. Es una ecuación económica: en una hora podés vender 15 minutos de publicidad, y en dos 30 minutos. Desde siempre, el horario más caro de publicidad es el del noticiero y gracias a eso trabajan 150 personas en cada medio. Pero si hablamos exclusivamente de la noticia que le importa a la gente, entonces un noticiero debería durar media hora. Con dos horas y media, hay que llenar con cosas que no son noticia, sino que están para llenar, como entrevistar a la gente que está haciendo cola para vacunarse. Yo también lo hice:el 6 de enero hacíamos móviles con los regalos que recibían los niños.

—En esa entrevista mencionaste que te costó un año y medio superar tu salida de Telenoche. ¿Cómo lo viviste?

—Es como pasa con los futbolistas cuando deciden retirarse. A los dos días su casa es un velorio porque no va a entrenar y no lo llama nadie; es algo parecido porque la vida del periodista de primera línea es las 24 horas dedicadas a eso. Entonces, el golpe es demasiado abrupto. Yo gané en calidad de vida pero te cuesta. Después te das cuenta de que ganaste en salud. Igual, los 22 años en Telenoche fueron maravillosos por donde los mires porque desde que empecé a estudiar periodismo mi sueño era sentarme a conducir un noticiero de televisión.

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