HOLLYWOOD

El duro presente de Linda Hamilton, la heroína de Terminator

La actriz está prácticamente irradiada de la pantalla luego de que se diagnosticara un trastorno bipolar de la personalidad.

El eterno femenino de una imaginativa pintora
Linda Hamilton

Cómo olvidar su cabellera y su estilo aguerrido sin jamás perder sensualidad: Linda Hamilton fue, para más una generación, la heroína perfecta en un Hollywood en el que no existían cintas como La Mujer Maravilla y en donde sólo los hombres peleaban y usaban armas. Sin embargo, y a pesar de haber tenido un gran suceso con la saga original de Terminator, poco se sabe de su presente.


La recordada Sarah Connor -quien debía cuidar a su futuro hijo de la furia de Skynet, la inteligencia artificial que dominaría al hombre en el siglo XXI- se mantiene como uno de los íconos del cine pop y mucho se lo debe a Hamilton, quien logró imprimirle a su personaje la dosis necesaria de tenacidad, valentía y duda.

La intérprete había comenzado su carrera a inicios de la década del 80 en papeles secundarios en televisión hasta que en 1984 debutó en la pantalla grande con la malograda adaptación cinematográfica del cuento de Stephen King Los niños del maíz, que fue un fracaso de taquilla y entre los críticos.

Sin embargo, ese mismo año logró ser elegida en un casting para acompañar a un ascendente pero aún no muy conocido Arnold Schwarzenegger en una cinta futurista llamada The Terminator. A pesar de que era una apuesta fuerte de sus productores, ni en los más optimistas esperaban que la cinta tuviera tanto éxito.


Además de cientos de miles de entradas vendidas, para Hamilton ese rodaje también significó el encuentro con quien sería uno de los amores de su vida, el director James Cameron. Pero no sería un vínculo fácil, ya que ni ella ni el realizador estaban solteros cuando se conocieron. De hecho, él tuvo un sonado divorcio de su primera mujer, Kathryn Bigelow (Bigelow se hizo conocida luego cuando en 2010 su película, Vivir al límite, le ganó el Oscar a mejor largometraje a Avatar, de Cameron, la gran favorita ese año, además de alzar la estatuilla a mejor dirección).

Gracias a Terminator Hamilton se consolidó como un nombre fuerte en el mundo del espectáculo y protagonizó junto con Ron Perlman una versión contemporánea de La Bella y la Bestia en 1987.

De la mano de la secuela -la inolvidable Terminator 2, que ya cumplió un cuarto de siglo de vida- llegó la consagración definitiva para la actriz y para la dupla que hacían Hamilton y Cameron. Luego de años de romance, pasaron por el altar en 1997 pero se divorciaron a los pocos meses en medio de un escándalo.

En ese tiempo comenzaron los rumores de mal comportamiento de la rubia en los sets de filmación, incumplimiento de contratos y varios enfrentamientos delante y detrás de cámara. De a poco, esto hizo que los productores ya no la tuvieran en cuenta para nuevos papeles.

En 2005, en una aparición en el ciclo de Larry King por CNN, la actriz confesó que sufría de un desorden bipolar que fue diagnosticado tardíamente y por el cual cree que tuvo muchos inconvenientes tanto a nivel personal como profesional.

Desde entonces, se convirtió en una de las voces más conocidas sobre este desorden que suele estar estigmatizado y poco comprendido y sólo acepta pequeños roles, como cuando fue la madre del protagonista de la sitcom Chuck.

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