DOLOR

A corazón abierto: Benjamín Vicuña habló de la muerte de su hija

El actor recordó el doloroso episodio y sostuvo que hay que "aprender a convivir" con la tragedia

El eterno femenino de una imaginativa pintora
Benjamín Vicuña

A casi cuatro años de la muerte de su pequeña Blanquita, Benjamín Vicuña habló sobre la dolorosa experiencia que tuvieron que vivir con Pampita Ardohain. "Es algo super personal, no me gusta exponerlo. Los duelos, la concepción de la muerte, son cosas super personales. Sólo te puedo decir que soy de las personas que creen que la muerte es parte de la vida y que hay que aprender a convivir con ella", dijo en una entrevista con la revista Planeta Urbano.


Y agregó: "¿De dónde surge la esperanza o la ilusión de estar bien después de experiencias así? Yo creo en la intuición y no sé cuánto hay de voluntad o de razón, pero el cuerpo te va llevando. También está la espiritualidad, el tratar de dimensionar cuáles son los problemas reales, diferenciar lo grande de lo pequeño, lo importante, lo trascendental".

"Efectivamente, en momentos difíciles o trágicos, que todos vivimos, siempre se abre una puerta de algo revelador y uno siempre saca conclusiones, y básicamente uno entiende o trata de entender un pedacito del misterio de la vida, que es una cosa gigantesca. No todo se resume en la muerte, también está el misterio de la vida: el nacimiento de un hijo, el surgimiento de un amor o tantas cosas mágicas que pasan todos los días. Entonces es lindo agradecer, agradecer constantemente el aquí y el ahora y tratar de aprender algo, de capturar algo cuando se hacen estas revelaciones. La vida no deja de sorprender, es maravillosa, es trágica, es cruel, es triste, es todo, por eso hay que tratar de vivirla sin miedo", remarcó.


Asimismo, Vicuña aseguró que pese al dolor no dejó de creer en Dios: "Tengo una formación católica que se vio contrastada con todo lo que me pasó en términos de fe y en mi visión contemporánea, moderna, más progresista y liberal sobre asuntos de la Iglesia que cuestiono profundamente, aunque siga queriéndola y formando parte de ella. Es cierto que me enojé mucho, pero es un proceso en el que estoy. Viví mucha rabia, mucha, mucha rabia, pero después de un tiempo esa rabia va pasando, se va asimilando y te das cuenta de que hay algo más grande y que el rencor y el odio son pequeños. Prefiero elegir la esperanza, la reconciliación con mi propia historia, con el dolor. Eso construye, lo otro es autodestructivo".

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