Entrevista

Cher: “Lo que más extraño es lo simple que parecía ser la vida”

La estrella, cantante y actriz ganadora de un Oscar habla de su vida en pandemia, de la influencia que ejerció Desayuno con diamantes en su vida, de su madre y David Bowie

Cher
Cher siempre está en actividad

Cher tiene grandes noticias, el tipo de noticias que provocan que haga una pausa a mitad de oración y exclame: “¡Ah!”.

Es sobre una película biográfica que, según se planea, se estrenará después de un libro de memorias que está escribiendo.

Son muy buenas noticias.

Sin embargo, es una sorpresa y no quiere revelar nada. Yo le dije que eso no me era de ayuda. “Solo sientan emoción por mí”, responde riendo. “Solo quiero que estén contentos por mí, ¿está bien?”,

Y como estoy dispuesto a aceptar cualquier momento de felicidad que pueda encontrar y compartir en esta época, no pude sino asentir. Además, Cher está al teléfono desde su casa en Malibú. ¿Cómo no estar feliz?

Al parecer, la llamada es para hablar del momento en que recibió el premio Espíritu de Katharine Hepburn en una gala virtual de recaudación de fondos el sábado por la noche (las ganancias se destinan al Centro Cultural Katharine Hepburn en Old Saybrook, Connecticut, que actualmente está cerrado debido a la pandemia). Sin embargo, la conversación divaga y al poco rato estamos hablando de David Bowie, de la vida durante la pandemia y de por qué —incluso a sus tres  años— Cher ya era Cher.

—Rendiste homenaje a Katharine Hepburn hace algunos años en Turner Classic Movies, y dijiste que habías visto algunas de sus películas 30 o 40 veces...

—Bueno, exageré un poco, ¿no? Soy muy dramática. Probablemente no las he visto tantas veces, pero cada vez que veo una de sus películas en la televisión, pienso: “Ay, esa me encanta. Solo la veré un minuto”. Y luego la veo hasta que se acaba. La pecadora equivocada, La reina africana, Entre bastidores. Hay algunas extrañas también, como Su mujer en el mundo, o la que hizo con Spencer Tracy donde el marido es asesinado pero en realidad era como un fascista: Idolos de barrio. También vi Mujercitas cuando era más joven. Pero debo decir que no me gustaba tanto esa versión como la de Elizabeth Taylor. Esa era mi favorita.

—¿Viste la más reciente dirigida por Greta Gerwig?

(Pausa larga) Sí.

—Por esa pausa supongo que todavía te gusta más la de Taylor.

—Sí.
—¿Ver el estilo de Hepburn y su independencia influyó en tu vida de joven?

—No era muy diferente de mi madre y sus amigas. Mi madre estaba —bueno, mi madre aún está viva; ahí está, en esta misma calle— pero mi madre es y era un tipo de mujer muy diferente, y también lo eran sus amigas. Era muy parecida a Bette Davis y Katharine Hepburn. Esas mujeres hacían lo que querían. Todas eran mujeres solteras, siempre buscando maridos, pero nunca les gustaron. Las mujeres buscaban maridos en aquella época. Era como la búsqueda del tesoro. Pero luego no querían estar con ellos, sobre todo porque los maridos que se sentían atraídos hacia ellas sentían esa atracción porque ellas eran más modernas. Pero salir y casarse con una mujer moderna en esos días, no era lo mismo. Cuando yo era joven, las mujeres se presentaban con los nombres de sus maridos. “Ella es la Sra. James Turnbull”. Y yo solía pensar: “¿Qué rayos están haciendo?”.

—¿Alguna vez te presentaron como la Sra. Sonny Bono?

—No.

—¿Es algo que habrías aceptado en aquel entonces?

—No. Ni por un minuto.

—¿Conociste a Hepburn?

—Un año, en los Premios de la Academia, estábamos viendo el espectáculo entre bastidores, y ella pasó y todo el mundo estaba horrorizado y agobiado. Me miró y dijo: “Hola, chica”. Fue como la noche en que recibí el Oscar, bajé del escenario y me encontré con Audrey Hepburn. Y ella dijo: “Me alegro de que hayas ganado”. Fue como ganar un segundo Oscar, a decir verdad. Las llamaba mis chicas Hepburn porque eran mis dos favoritas.

—Eras una adolescente cuando salió Desayuno con diamantes. ¿Esa exitosa película te impactó de manera diferente a cuando veías las películas de Hepburn de niña con tu madre?

—Me puse el cabello en dos coletas y me suspendieron de la escuela porque empecé a usar esos grandes lentes de sol de Holly Golightly y no me los quitaba.

—Te vestías como el personaje y adoptabas su actitud.

—Yo nací siendo Holly Golightly. Tenía esa parte de mi actitud firmemente plantada. Tenía 15 años. Pero me sentía mayor. Era una especie de loca de 15 años. No como una loca que consumía drogas. Solo no era la típica chica de 15 años. No era la típica niña de tres años tampoco.

—¿Qué hacías a los tres años para sobresalir?

—Cuando tenía 3 años, era la única niña en el grupo de amigos de mi madre, y todos eran artistas. Eran casi veinte y todos eran escultores, bailarines y actores, todo eso. Mi madre solía ir a un lugar llamado Ben Bard’s Acting Studio, y hacían obras de teatro. Y yo me sentaba entre el público y me aprendía el discurso de Macbeth —“ Redoblemos el trabajo y el afán, y arderá el fuego y hervirá el caldero”— cuando tenía 3 años.

—Eso se relaciona directamente con Las brujas de Eastwick. Supongo que todo eso estará en tu libro de memorias. ¿Ya vas a terminarlo?

—¡No, no estoy ni cerca de hacerlo!

—No te estoy presionando. Es solo que tuiteaste hace un par de años que lo publicarías en 2020.

—Lo sé. Pero dime cuando eso suceda. Es una larga vida. Es muy difícil de escribir. La gente cree que lo sabe todo, pero no es así.

—¿Qué quieres que la gente sepa que quizá no sabe ahora?

—¡No te lo voy a decir! ¡Hay que leer el libro!

—Solo en un sentido general…

—¡No! ¡Compra el libro! Gasta tu dinero.

—OK. ¿El proceso de escribir esto ha sido…?

—¿Catártico? No digas catártico, por favor.

—Iba a decir gratificante. ¿Te ha parecido satisfactorio examinar los 74 años de tu vida?

—Hay mucho que amo y hay algunas partes que no fueron divertidas y que no disfruté y fueron dolorosas, y entonces tengo que decidir hasta dónde quiero llegar, pero soy bastante valiente.

—Si la pandemia no hubiera ocurrido, estarías en Wichita, Kansas, ahora mismo en tu gira de conciertos. ¿Echas de menos las presentaciones en vivo?

—Bueno, sí. ¿Pero sabes qué es lo que más extraño? Lo que más extraño es cómo nos sentíamos, lo simple que parecía ser la vida. ¿Sabes? Abracé a mi amigo el otro día, y todos se asustaron. Y yo me asusté después. Pero somos gente de abrazos. Estábamos de gira cuando todo esto sucedió, y me sorprende que no nos hayamos contagiado porque somos personas muy abrazadoras, y somos como cien. Así que, por supuesto que me gustaría estar en el escenario. Pero es más que eso. Me gustaría que la gente fuera libre y se riera, que entrara en el CVS y mirara el maquillaje barato, que escogiera un Maybelline y dijera: “Ah, este sigue siendo el mejor rímel”. Ser capaz de hacer lo que quieras con tus amigos y no preocuparte de que la gente muera y de las cifras de hoy y de que nadie va a hacer nada al respecto. A veces voy a casa de mi madre. Pero tengo que tener cuidado. Mi madre y yo no somos ningunas polluelas. Mi mamá tiene 94 años, pero cree que tiene 74. Sigue diciendo cosas como: “Bueno, no tienes que tener cuidado. Tengo 74 años”. Y yo le digo: “No, mamá. Yo tengo 74 años”. Ella es hermosa. Quiero decir, es increíble. Todos la odiamos. Porque tiene una enorme masa de pelo, y nadie merece tener tanto pelo. Además, solo usa lápiz labial y se ve muy bonita. Siempre le gritamos cuando la vemos.

—Bueno, tú tienes sus genes. Cuando tengas 94 años, te verás muy bien.

—Si Dios quiere y el arroyo no se levanta, como diría mi madre.

—Las películas de Hepburn te dan consuelo. ¿Sabes qué me sirve de bálsamo en tiempos difíciles? Ese dúo que hiciste con David Bowie en el programa “Cher”.

—¡Ah, claro!

—¿Sabes de qué estoy hablando?

—No. He perdido la cabeza. ¡Por supuesto que sé de qué estás hablando!

—Fue hace 45 años. Y eran los años setenta. No voy a asumir nada.

—¿Sabes dónde consiguió ese traje que llevaba puesto? Sears. Me dijo: “Cher, quiero ir a Sears y comprar un traje”. Y yo le dije: “OK, amigo. Haz lo que quieras”. Era muy magnético y dulce, nos divertimos mucho. Y yo me veo como si estuviera en otro planeta con esa gran peluca naranja triangular al revés.

—¿Te gustó el popurrí? Siempre pienso que los “medleys” son cosas que la gente hace en los salones y en Las Vegas.

—Bueno, es un poco extraño pasar de “Young Americans” a “Song Sung Blue” a “Da Doo Ron Ron” a “Wedding Bell Blues” y luego a una decena de otras canciones...¡Esas canciones no van juntas en ningún universo! Yo solo quería cantar “Young Americans”.

—Pero ambos son sinceros, comprometidos con el momento, y divirtiéndose mucho. Es muy divertido de ver.

—A veces el trabajo es trabajo y a veces el trabajo es como un juego. En los programas de televisión y en el escenario, tienes que trabajar muy arduamente, pero en el momento en que subes al escenario, ya no tienes que trabajar. Tienes que prepararte mucho y tienes que trabajar sin esfuerzo. Me sorprende que lo haya hecho. Si yo fuera él, habría dicho: “No. No voy a hacer esto...”.

—Volvamos al libro de memorias…

— Dios.

— ¿Has aprendido algo sobre ti misma escribiéndolo?

—No.

— ¿Ya lo sabías todo? ¿Eres tan consciente de ti misma?

—Creo que sí. Recuerdas cosas en las que no piensas todo el tiempo. Y te preguntas: “¿Quiero incluir eso?”. Pero si vas a escribir algo como esto, solo lo harás una vez. Al menos, ese es mi caso. Tengo que decirte algo. Podría haber hecho este libro de memorias en volúmenes. Pero va a ser un libro tan grande que necesitarás a un amigo que te ayude a cargarlo.


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