PERFIL

¿En qué anda Uruguay Catalogne, el ganador de "Martini Pregunta" que contestaba sobre Elton John?

En 1992 fue una personalidad de la televisión por su participación en el histórico programa de preguntas y respuestas de Canal 12; hoy divide su vida entre el trabajo, la música y la marcha atlética

Uruguay Catalogne
Uruguay Catalogne, de Martini Pregunta a la música

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"Tenía 29 para 30 y ahora en agosto cumplo 57 años: fueron 27 años que pasaron volando, como en Star Trek”, dice Uruguay Catalogne, calculando el tiempo que pasó desde que en 1992 participó en Martini Pregunta contestando por Elton John y se convirtió en una personalidad televisiva.

Habrá pasado todo ese tiempo pero, en persona, Catalogne mantiene alguna de las características que lo hicieron conocido: es simpático, algo tímido y siempre le pone a todo buena onda. Sigue además siendo fanático de “Elton”, como le dice él, y no esconde su ansiedad por el estreno de Rocketman, la biopic del músico británico que está al caer.

“Elton me ayudó mucho con su música a vivir mi vida de otra manera”, cuenta hoy. “Tenía miedo de hablar con mis padres de mi sexualidad y al descubrir quién era Elton, cómo eran sus canciones, me ayudó a aceptarme a mí mismo y hacer las paces con Dios al darme cuenta que no hay nada en los Evangelios que hable en contra de la diversidad. Al contrario".

—¿Qué lo llevó a anotarse en Martini Pregunta?

—Nunca pensé en la fama, ni llegar a las finales, ni en el dinero del premio. Nada de eso. Lo mío vino por el lado de Elton porque un día soñé que me encontraba con él que era viejito y ya no era famoso y yo le decía todo lo que me había ayudado su música y que se lo quería agradecer. Me desperté pensando que lo iba a poder concretar de alguna manera. Así que cuando vi en El País que el programa estaba convocando participantes, vi que era mi oportunidad de aparecer aunque sea una vez en cámara para agradecerle a Elton y desaparecer.

—¿Sabía mucho de su vida?

—No era un especialista y había cosas que no sabía pero las preguntas, que las hacía Alfonso Carbone, fueron medianas. No había internet, así que iba a la Biblioteca Artigas-Washington, leía la colección de Sábado Show, suplementos, revistas de rock y como a veces no tenía dinero para fotocopias, copiaba todo a mano. Recortaba de los diarios, iba guardando cosas.

Ese bagaje le alcanzó para hacerse con el premio mayor de 20.000.000 de pesos.

“Elton me ayudó mucho con su música a vivir mi vida de otra manera”, cuenta Catalogne.

—¿Para qué le daba esa plata en aquel entonces?

—Le compré a mis padres una heladera, una tele, una cocina, algunos electrodomésticos, un equipo de audio. Alcanzaba para eso, no te podías comprar ni una casa, ni un auto, y como había esas necesidades en casa, las gasté en ellas. Quería donar ese dinero a una asociación de personas sordas pero se precisaba en casa. Al año siguiente me llamaron de Canal 12 para avisarme que iban a hacer un especial de Navidad con todos los ganadores y lo que sacara lo podía donar a quien quiera. Gané la misma cantidad y ahí sí fueron para la Asociación de Sordos. Quedaron recontentos.

La repercusión de su participación en el programa, que conducía Carlos Giacosa, lo sorprendió. “Me saludaba gente de distintas clases sociales y bandos políticos”, cuenta Catalogne. “Eduardo Darnauchans me mandó una carta manuscrita y la leyeron al aire. Todavía la tengo. Me dibujó una guitarra eléctrica y me dijo que me había escuchado hablar de Marilyn Monroe, así que le di en persona un cassette con todas las versiones de ‘Candle in the Wind’, la canción de Elton sobre Marilyn.”

—¿Y hubo algo feo de toda esa participación?

—Lo más feo fue la experiencia de que te encasillaran en algo. “Sos el ganador de Martini Pregunta, el de Elton John”, siempre lo mismo y uno es un montón de otras cosas. Y si te invitaban a un programa, era solo para hablar de Martini Pregunta.

Más allá del dinero y la fama, la experiencia le sirvió para concretar aquel premonitorio sueño de conocer a su ídolo.

"En el último programa, Carbone me mostró unos faxes del propio Elton que se enteró que en América del Sur había alguien respondiendo preguntas sobre él. Había sido Carbone quien había ido a Londres y pasó por la discográfica de Elton y les contó. Y el propio Elton mandó dos faxes: uno dándome aliento y otro felicitándome por haber llegado a la final e invitándome a ir a verlo a Buenos Aires. Y allá fui en avión, me quedé en el hotel Bauen y me dieron un pase para conocerlo en persona”.

Y ahí sí le pudo agradecer en persona a un Elton John que tenía unos tacos “enormes” y era “más cabezón de lo que pensaba”. Se lo dijo en un inglés chapuceado. Fueron 10 minutos “impresionantes”.

Cuando pasó el entusiasmo televisivo, Catalogne tuvo que volver a su vida.

“Trabajé en diferentes cosas, no fue lo que yo esperaba de que con la fama iban a venir otras cosas”, recuerda. “Es que siempre fui tímido como para enrostrar mis logros. Escribí una columnita de música, hice periodismo en la UTU. Busqué las posibilidades de hacer cosas que me redundaran en algo mejor pero no surgieron”. No lo dice lamentándose: su estado de ánimo es de un buen humor zen notorio.

“Mi vida hoy se reparte entre el trabajo, la música y la marcha atlética”, dice Catalogne quien vive en Pajas Blancas con sus dos hermanos, trabaja en la portería de un edificio del Parque Rodó y es vocal del Club Social y Deportivo Zabala de Pajas Blancas.

“Trabajé en diferentes cosas, no fue lo que yo esperaba de que con la fama iban a venir otras cosas”, recuerda Catalogne.

A la marcha atlética, -esas carreras de alta exigencia (“es mucho más severo que correr porque tenés que controlar desde la cabeza a los pies”, dice) en la que los atletas caminan de una forma peculiar- llegó después de probar varias disciplinas, entre ellos el jiu jitsu Raisio y la maratón.

Ya ha participado de competencias internacionales y en un par de semanas estará marchando en una competencia de cinco kilómetros en la pista de atletismo para la que, reconoce, no ha podido entrenar como hubiera querido.

“La marcha era como una vieja amiga que siempre estaba ahí, hasta que de pronto me encontré que estábamos enamorados”, dice.

Y la otra gran pasión de Catalogne es la música. “Cuando estaba en Martini Pregunta, conté que componía y me invitaron a cantar con un organito chiquito pero dije que no porque iba a hacer el ridículo”, recuerda. Hoy está más concentrado en eso y dispuesto a mostrar su música.

“Recién ahora estoy desarrollando unas 50 canciones que escribí desde los años 80”, cuenta. Un amigo le regaló un piano (“es de Nueva York de 1910, más o menos”, dice) con el que, en el último año, ya escribió una media docena de composiciones que graba con su celular y que espera plasmar en un disco que quiere llamar, adelanta, Sueños y realidades. “Tienen muchas influencias como el swing, melodías clásicas, country y tengo una que se llama “Isadora” que es de las que más me gustan y que me la imagino tocándola al piano con una orquesta de fondo”, se ríe. “Soy así, muy volado”.

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