ENTREVISTA

Alessandra Moncalvo, la ex-Decalegrón, en zafra de estrenos

La actriz desembarca en la cartelera con dos obras teatrales. Se confiesa como votante y militante del Frente Amplio y responde a los críticos: "Es espantoso que digan 'focas' a los que somos de izquierda". 

Alessandra Moncalvo
Alessandra Moncalvo. Foto: Marcelo Bonjour. 

—Se viene una zafra de estrenos para ti: Margaritas con sabor a pólvora hoy en el Teatro del Centro y el 8 de agosto, El loco y la triste, ¿Son tus días más intensos?  

—En cuanto a lo teatral sí, aunque siempre estuve, por suerte, con mucho trabajo. Si bien mi modus vivendi es ser corredora de seguros, mi vida es la actuación. En Margaritas... interpreto a una actriz que se junta con otras amigas y de repente aparece muerto el esposo de una de ellas, que es un político muy influyente. Es una comedia negra muy divertida de Humberto Robles y con la dirección de Humberto De Vargas. El loco y la triste, de Juan Radrigan, representa una historia de soledad y amor de un borracho en estado terminal y una prostituta veterana, ambos indigentes. 

—¿Cómo fueron tus comienzos como actriz?

—No empecé en Decalegrón, como la gente piensa. Diez años antes estudié teatro en un lugar que se llamaba La Molleja, con Washington Sassi, que es un gran actor y director. Tenía 18 años y esos fueron los comienzos. Luego me fui a vivir a Estados Unidos. Porque me casé y mi esposo quería vivir en Miami y allá también estuve haciendo teatro.  

—¿Por qué volviste?

—Yo amo Uruguay. Extrañaba horrores. Volví un día de invierno, gris, con pozos en las calles. Llegué a mi casa y había apagón. Y yo amaba eso. Como dice la canción de Jaime Roos, allá tenía “cola chata, alfombra y calefacción” pero yo quería sentir el viento de acá. Me di cuenta de que no podía vivir fuera del país.  

—¿Cómo se dio tu llegada a Decalegrón?

—Fue en 1996 y a través de Hugo Blandamuro. Él me recomendó con Eduardo D’Angelo. Fui el primer día y al llegar al estudio, vi que había 40 personas trabajando y me asusté. Me fui. Hugo me insistió para que volviera y regresé a la siguiente grabación. Cuando Julio Frade me preguntó el nombre, me dijo que no le gustaba el apellido y por eso me puse el de mi mamá “Moncalvo”. En realidad, yo soy Abayian Moncalvo. Ahí quedé en el programa hasta el final, en diciembre de 2001.

—¿Los líderes del programa eran machistas?

—Eran sí. Pero uno lo veía como algo normal en ese momento. No eran machistas por maldad. Graciela Rodríguez siempre cuenta la anécdota de que al llegar preguntaba: ¿de qué me visto? “De mujer”, le respondían cuando los hombres todos tenían sus diferentes personajes (borracho, mecánico, etc). Ella fue una gran batalladora para imponer su lugar como comediante.

—Estuviste cinco años en el programa, ¿qué te dejó como experiencia?

—Yo fui aprendiendo de todos, de D’Angelo, Espalter, Frade, Freda, Graciela, Petru, Orpi... era un elencazo. Fue una escuela para mí.

—Uno de tus personajes, en el sketch del mecánico, era el de una chica sexy...

Alessandra Moncalvo
Alessandra Moncalvo con Julio Frade. 

—Sí, sexy dentro de lo que era Decalegrón, donde nadie salía desnudo ni en tanga. A mí me gustaba el personaje de Afrodita, aunque es cierto que mucha gente se acuerda más de eso del mecánico.

—¿Qué reacciones encontrabas en la gente?

—Yo me acostumbré. Porque soy actriz y uno tiene que hacer diferentes papeles. Lo que sí me pasó es que me preguntaran si no me daba vergüenza haber hecho eso y tener luego un mensaje femenista. Y la verdad es que no. Era un personaje, así como otros hacían de policías o de ladrones y nadie les preguntaba si lo eran. Pero en líneas generales en aquel momento sentía el cariño de la gente. Una vez me sentí Susana Giménez. Estaba en una playa cerca de Piriápolis y se me acercó una gran cantidad de gente para saludar y pedir autógrafos. Siempre ha sido muy respetuosa la relación con el público, salvo una vez un tipo que me hizo una propuesta indecente en la calle. Lo mandé a freír espárragos, como decía mi abuela.  

—Luego tuviste papeles en Constructores, Hogar dulce hogar y Correr el riesgo, que fue en 2010. ¿No te convocaron más para TV?

—No, lamentablemente no se hace ficción en TV y a mí, además, me encasillaron bastante en la mujer sexy. Cuando me llamó Mario Banchero (Correr el riesgo), le dije: “Sorprendeme y decime que no hago de prostituta”. Y me dice. “Hacés de prostituta pero es la que se acuesta con el ministro”. “En ese caso, acepto” , le dije (risas). Después me dejaron de encasillar porque una va creciendo.

—¿Sos femenista?

—Sí. Quiero que la mujer tenga los mismos derechos que el hombre. No odio al hombre, pero me parece que la mujer ha sido relegada a lo largo de la historia.

Alessandra Moncalvo
Alessandra Moncalvo. Foto: Marcelo Bonjour. 

—¿Cuál es tu identificación política?

—Tengo muy claro lo que voy a votar y no me preocupa compartirlo en Facebook, por ejemplo. Soy de izquierda, voto al Frente. Desde siempre y por un tema familiar estoy identificada con esa fuerza política. Mi compañero también es de izquierda y su padre fue preso político durante la dictadura. Mi tía fue perseguida también. Viví allanamientos en mi casa y la época en que no podíamos cantar una canción. Siempre estuve convencida de que el camino está a la izquierda. No soy una desencantada.

—Ancap, Pluna, Sendic... El gobierno afronta críticas desde hace tiempo, ¿cuál es tu visión?

—Cada uno en su vida comete errores con decisiones cotidianas o de trabajo. ¿Cuánto más probable es que manejando algo tan complejo como un gobierno se cometan también equivocaciones? No pretendo un gobierno perfecto, porque no existe. Y creo que aunque haya habido errores, el Frente es la mejor opción. Le está dando oportunidades a gente que no la tendría de otra forma. Tengo una amiga que es docente y ella dice: “Que me vengan a hablar a mí de que la educación está mal”. Se hicieron muchas cosas. Como pasa siempre, cuando arreglás la pared de una casa, de pronto se rompe el calefón o el ventilador.  

—¿Estás o estuviste en una lista?

—Estuve alguna vez pero en una presencia nominal. Trabajé a nivel de comité y siempre que hay elecciones me desempeño como delegada. Es lo que puedo aportar, por ahora. Con mi pareja tenemos muchas ganas de participar más. Facebook es el lugar que encontré para expresarme.

—¿Qué te parece el término “focas” con el que se denomina peyorativamente a los votantes de izquierda?

—Eso es espantoso. En todo caso, todos somos focas que aplaudimos a los partidos que votamos.

—¿Has tenido discusiones políticas con amigos?

—Hay amigos con lo que no puedo hablar de política. Terminamos peleados. Con otros directamente no hablo. Y con algunos otros, aunque piensen diferente, puedo mantener un intercambio. Hay un problema también y es que muchos se manejan con los titulares. Dicen: “la educación está mal”. O la seguridad “es desastrosa”. Y yo pienso que en las dos materias se hizo mucho en este tiempo. La seguridad es un problema a nivel mundial, con una crisis de valores detrás. No puede ser culpa del gobierno. Para erradicarla, también hay que erradicar la violencia de uno mismo. En la calle estamos todos muy tensionados. Todos tenemos que bajar un cambio.

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