NOVEDAD EDITORIAL

El oficio de narrar de un historiador de los detalles

Mañana sale a luz el libro póstumo de Eduardo Galeano.

El eterno femenino de una imaginativa pintora
Galeano terminó el libro poco antes de morir. Foto: AFP.

El viento borra las huellas de las gaviotas. Las lluvias borran las huellas de los pasos humanos. El sol borra las huellas del tiempo. Los cuentacuentos buscan la huella de la memoria perdida, el amor y el dolor, que no se ven, pero no se borran". Así comienza, en su más puro estilo, El cazador de historias, el libro póstumo de Eduardo Galeano, que desde mañana, a través de la editorial Siglo XXI estará en las librerías de toda América Latina. En el libro se compila toda la última producción de Galeano, quien murió el 13 de abril del año pasado con la obra ya terminada; incluso estaba, a pesar de su enfermedad, trabajando en el próximo libro, el que finalmente fue incluido aquí.

El título es claro y sintetiza las aspiraciones de Galeano: recoger historias y contarlas. A diferencia de sus otros libros, algunas de esas historias son autorreferenciales y pueden ser leídas como el incumplido proyecto de sus memorias.

Utiliza, sí, la misma fórmula de microrrelatos de siempre y que, por no ir muy lejos, era el recurso de su Los hijos de los días de 2012, en el que poetizaba relatos verídicos para cada día del calendario. La facilidad de lectura es una de las armas con las que seducía al gran público.

Con Las venas abiertas de América Latina, un clásico de 1971, Galeano alimentó con argumentos al progresismo que décadas después llegaría al poder en América Latina. De hecho, se volvió a convertir en un éxito 35 años después cuando el presidente venezolano Hugo Chávez se lo regaló al estadounidense Barack Obama. Rito de crecimiento de varias generaciones de jóvenes, aún es un libro que muchos encuentran poderoso y otros, en cambio, trasnochado.

Los tres tomos de Memorias del fuego, una combinación de historia y leyenda sobre padecimientos de América Latina, son quizás lo mejor de su obra.

Aunque se ha criticado su maniqueísmo ideológico, no se pueden discutir su capacidad de síntesis y su prosa límpida y florida que seduce en su proljidad y en su brevedad. Era un purista de la palabra y un historiador de ciertos detalles en los que mezclaba el documento con la imaginación. Su figura pública, al menos localmente, provocaba simpatías y antipatías, e incidió siempre en la consideración de su obra.

Pero en el exterior, Galeano se convirtió en el escritor uruguayo más reconocido, y la repercusión continental que tiene la salida de este libro póstumo es evidencia de eso. Además, está siendo editado en portugués, inglés y chino.

Dividido en cuatro grandes capítulos ("Molinos de tiempo", "Los cuentos cuentan", "Prontuario" y "Quise, quiero, quisiera"), Galeano recorre sus temas predilectos: las historias de siempre de explotados y explotadores y la voz en los oprimidos. Pero agrega toda esa parte autobiográfica donde relata, por ejemplo, su encuentro con Onetti, un poema que se lee como una despedida y sus razones para escribir .

"Diría que escribo intentando que seamos más fuertes que el miedo al error o al castigo, a la hora de elegir en el eterno combate entre los indignos y los indignados". Así cerró Galeano, su último libro: con una declaración de principios que marcó toda su literatura.

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