ESCRITOR CON MIRADA PROPIA

Novela que es espejo de un sitio híbrido y lejano

Gustavo Espinosa acaba de publicar “Todo termina aquí”.

El eterno femenino de una imaginativa pintora
Gustavo Espinosa. Foto: Archivo EL PAÍS

En estos días se está empezando a distribuir por las librerías Todo termina aquí, la cuarta novela del escritor olimareño Gustavo Espinosa, cuya obra ha sido premiada, entre otras ocasiones, por el Ministerio de Educación y Cultura (Premio Nacional de Literatur, por su novela Carlota Podrida) y por la Cámara Uruguaya del Libro (Premio Bartolomé Hidalgo, por su novela Las arañas de Marte). El libro tiene 180 páginas, lo editó Hum, y se consigue a 350 pesos.

"En esta novela hay una trama, sí. Yo quisiera que eso, la exactitud de la fábula, fuera lo más importante en mis novelas, como predicaba y practicaba Adolfo Bioy Casares, cuando era joven. Pero la trama se me nubla un poco detrás del lenguaje. Trato de que las peripecias sean más importantes que las metáforas, pero sé que no siempre lo logro", explicó a El País el escritor, también docente de literatura y músico, quien en su obra ha ofrecido un panorama de los cruces culturales (insólitos muchas veces, curiosos y graciosos también otras, o a la vez) de un Interior muy alejado del antiguo criollismo.

A la hora de describir si hay o no una continuidad entre sus obras anteriores y ésta, sintetiza: "Yo la percibo como una continuidad. No logro leer rupturas radicales respecto a Carlota Podrida o Las arañas de Marte. Sin embargo, algunos de los pocos lectores a los que les he impuesto el texto, la encuentran algo más abigarrada y triste. Hay una mujer exagerada, un polígono amoroso, enfermedades horribles, música y músicos (blues, Los Iracundos) y un viaje al fin del mundo. Creo que se trata de un melodrama. Tal vez ese formato —excesivo, impúdico— es el único que hoy tolera la búsqueda de lo sublime. Eso lo he visto en algunos artistas italianos como Gesualdo Bufalino, Federico Fellini o Luchino Visconti".

El lema del escudo de Treinta y Tres ("El pago más Oriental") le da pie al escritor a abrir una reflexión sobre el lugar donde vive, y su entorno, que tanto le ha aportado a su literatura. "Cuando digo, interviniendo un poco el lema del escudo de Treinta y Tres, que somos "el pago menos occidental", digo que aquí la civilización es todavía más frágil que en otras partes. Pero esa fragilidad es frenética, como en todas partes: hay demasiadas motos chinas, demasiadas cumbias, demasiada comida chatarra. También me gustaría que algunos de mis amigos más viejos estuvieran acá y no en Montevideo, en Michigan, en Bruselas. Tal vez por eso es que estoy más encerrado últimamente. También es verdad que hay buen rock and roll, mejor que el de hace algunos años", analiza el autor para dar a entender algunas claves de su obra, que hace de la hibridación cultural un juego estético, literario.

Espinosa nació en Treinta y Tres en 1961, su expresividad artística la ha volcado desde la crítica literaria (de los tiempos de la revista Posdata hasta Brecha), hasta la música, habiendo integrado varias bandas de blues y rock. De su obra en verso sobresale su libro de poemas Cólico Miserere, ganador del Premio Fondos Concursables del Ministerio de Educación y Cultura, editado en 2009. Sobre la labor docente, explica con ironía: "Hay que enseñar literatura en un mundo analfabetizado. Como dijo el actor Leslie Nielsen: es como ser encargado de higiene en una cárcel haitiana". Y sobre cómo desligarse del trabajo, remata: "He perdido el talento para descansar. Pero intento seguir los preceptos de la literatura gauchesca: reunirse con los amigos a beber, a comer carne y a improvisar sobre el resentimiento y los recuerdos en nuestro propio dialecto".

Bestiario suburbano: la realidad y la ficción

"Un viaje al pretendido glamoroso pasado de unos seres anónimos que chapotean entre viejas baladas de Los Iracundos pantagruélicas dosis de mariscos del Pacífico y un concepto de la amistad forjado en la más cerrada intemperie. En el libro se desdibujan las fronteras entre ficción y realidad, convirtiéndose en un bestiario suburbano del esplendor y el fracaso, sobre el que planea, ominosa, la sombra fatal del suicidio. Con esta novela, además de agregar otra muesca de su arte al espacio que ocupa como uno de los más interesantes escritores del país, Espinosa presenta una crónica coral de la tristeza que sigue sonando, como el eco fantasmal de una melodía nocturna, una vez que se deja atrás la página final", señaló Martín Bentancor sobre la novela.

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