RUBEN RADA

Para niños, adultos y melómanos

Empezaron las clases de humor, música y ocurrencias con el maestro

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Empezaron las clases con humor, música y ocurrencias con el maestro. Foto: Difusión

Entrevistar a Ruben Rada en el centro de Montevideo es percibir el poder de la fama y la popularidad. El músico, como ha hecho otras veces, citó a El País al Bar Facal para la charla. Llegó tarde, claro. "Es que en la cuadra que hay desde donde dejamos el auto hasta acá, tuvimos que parar varias veces para autógrafos y fotos", explica Fabiana Alonso, una de las colaboradoras de Rada desde hace años.

Una vez sentado, Rada sigue recibiendo, cual monarca bonachón, a una sucesión de pedidos de fotos. En ese constante desfile, uno entiende un poco más las particularidades de la fama. Es el método más rápido para establecer contacto con alguien, pero hay que bancarse una interrupción tras otra. Si le molestara, no se nota. Ni siquiera cuando una mujer se acerca, le pide una foto y, con un tono un tanto severo, le dice lo que tendría que hacer en materia musical: "Deberías seguir cantando aquellas canciones que..." Rada parece no escuchar más. Agradece, sonríe y posa para la foto. Y como ocurre con otros famosos, apura. "Sí, claro. Vení, ponete acá. Dale, ¿estás pronta?". La entrevista hay que interrumpirla muchas veces, pero no importa: cuando se sacó la foto o saludó, Rada retoma el hilo de la conversación sin preguntar en qué estaba. Tras media hora de charla, se levanta y ya hay unas cuantas personas esperando por fotos. El País quiere sacarle una foto al lado de la estatua de Carlos Gardel, todo un desafío para el fotógrafo que tiene que sortear a una competencia munida de teléfonos móviles. Al protagonista no parece importarle. Posa tanto para el diario como para los fanáticos que quieren una foto junto al ídolo.

Ahora vuelve a los escenarios para reencontrarse con el público infantil en una edición especial del espectáculo, clásico a esta altura, Rada para niños.

Un rato de música, anécdotas y chistes para los más chicos. Y un alivio para los padres, que tienen una opción más para ocupar a sus vástagos esos días en los cuales los horarios se trastocan y la rutina se quiebra.

—Usted interrumpió este ciclo de Rada para niños durante dos años, y ahora vuelve.

—Sí. Tuve que volver (se ríe). Me paraban madres y abuelas en la calle y me decían: "Rada, mire que tengo una nieta de 3 años y no tengo dónde llevarla". Me metió en un baile Horacio Buscaglia…

—¿Cómo?

—Yo arranqué con esto en el… ¿99? Por ahí. Y fue porque Horacio Buscaglia me dijo que debía pensar en los niños. Me dijo: "Los niños uruguayos necesitan que vos les cantes". Y yo les tenía terror a los niños.

—¿Por?

—Porque te dan con un caño. Cuando no les gusta algo, patalean y gritan. Y no hay nada para hacer. Horacio me enseñó a hablarles de otra manera a la que yo estaba acostumbrado, a llevar lo mío hacia ellos. Me preguntaba qué era lo que yo quería decirles. Por ejemplo, yo le decía que quería cantar sobre un superhéroe que se tiraba pedos. Y él me ayudaba… (se pone a cantar) "¡Al chancho le gusta la gallina! Al chancho…" Yo siempre voy por las calles, cuando voy con los músicos, inventando cosas, bromeando. Y él me decía: "¿Viste eso que ibas cantando?" Y lo adaptaba para que lo pusiera en una canción. Un genio. Lamento que ya no esté acá. El escritor más musical que conocí en mi vida.

—¿Qué ha aprendido de ese contacto con ese público?

—Ahora me resulta más fácil. Ya los conozco un poco más. Y ellos conocen mis canciones. Es más fácil ahora. Lo bravo fue conquistarlos cuando no sabían mis canciones. Una vez nos pasó en El Galpón que le preguntamos a los niños qué les había parecido el show, luego de hacerlo. Y varios me dijeron lo mismo: "Rada, no nos gustó la lenta". Era una canción sobre un niño que nacía junto a otro en el sanatorio. Y la sacamos del repertorio. Un día estábamos cantando (se pone a cantar de nuevo): "Caca, pichí, culo / Son malas palabras". Ahí les pedimos en broma a los padres que no escuchen, porque son "malas palabras". Una vez vino corriendo, desde el fondo del salón, un niño, me interrumpe y me dice, "Rada, mi padre escuchó". Son maravillosas las respuestas de los niños.

—¿Cómo es el nuevo show?

—Voy a tener a Pinocho Routin como guionista. Yo digo que es el que une todo con un hilo. Porque es un espectáculo tipo Lo mejor de Rada para niños, entonces él va uniendo todo. Es un "hilador". Él escribió cositas con mi hija Lucila, cosas que se actúan antes de las canciones. Además, él canta con nosotros, y también nos arrimó gente del Carnaval con experiencia de vestuario. Hay mucho talento ahí, en el Carnaval

—Ahora que lo menciona, ¿cómo es su relación con el Carnaval?

—Es un poco distante. Yo salí mucho con La Nueva Milonga, cantando. Pero no salgo ni canto ya. Crecí con la idea de que el Carnaval es amateur. Y ahora está profesionalizado. Además, si yo escribiera o saliera, más bien que se iban a fijar más en eso porque estoy yo. Me parece que ya hay gente con mucho talento ahí, como para que yo me vaya a meter. Me parece medio ventajero, yo ya vivo de otra cosa. Además, es una experiencia que ya hice.

—¿Y cómo le parece que ha sido el trayecto del candombe en el Carnaval en los últimos años?

—Hermoso. En ese sentido, si hiciera algo, lo haría con Morenada. Pero vuelvo a lo mismo: ¿para qué me voy a meter? Estoy seguro que si me metiera a opinar sobre el candombe en Carnaval me dirían, y con razón, que el candombe es de ellos. Ya hay gente con mucho talento ahí también. Como Eduardo Da Luz, por ejemplo.

—Desde hace unos años, su producción musical ha aumentado. Sacó varios discos, está con este ciclo, y hay varias cosas más...

—Porque tengo 73 años y me entró el apuro de grabar todo lo que pueda antes de irme. Vivo en el estudio, grabando. Estoy con Gustavo Montemurro y estoy todo el día componiendo y grabando. Me divierte mucho, no es algo que hago sin disfrutarlo. Al contrario. Cuando no lo puedo hacer, me pongo mal. Cuando Montemurro se va de viaje para tocar con otros —con Malena Muyala, ponele— mi mujer me dice: "Estás malhumorado hoy, ¿no? No tenés nada para hacer. ¿No podés ir al boliche?" Y yo ya no voy al boliche, ya no juego al billar ni nada de eso.

—¿Y qué hace?

—Lo que quiero es estar en el estudio de grabación, porque es un sueño, lo disfruto muchísimo. Es como cuando era niño y pasaba hambre. Quería vivir en una fiambrería para poder comer (se ríe). Esto es parecido. Para un músico, poder tener un estudio de grabación es un sueño.

—En ese proceso de composición y grabación, ¿discierne de inmediato qué cosas pueden ir para un disco y qué cosas no?

—Sí. Pero además cuento con oídos que me ayudan, como los de Montemurro. U otros. Ellos me ayudan a limar algunas de mis locuras.

Unidos: Carlitos y uno de sus más fervientes admiradores. Foto: Francisco Flores
Unidos: Carlitos y uno de sus más fervientes admiradores. Foto: Francisco Flores

Los premios para una familia muy gardeliana.

—¿Cuántos Premios Gardel se trajo de Buenos Aires?

—Cuatro, tres yo y uno mi hija Julieta.

—¿Se imaginó alguna vez que sus hijos iban a ser tan exitosos en la música?

—Claro que no. Nunca los presionamos para que fueran músicos. Tampoco los presionamos en otras cosas. Yo fui monaguillo y mi esposa es judía. Y ni yo les metí lo católico ni ella lo judío. Los dejamos que hagan su vida. Pero todos nos salieron músicos. Julieta canta, Matías toca rock y Lucila hizo un hermoso disco. Para mí, lo que más importaba era que terminaran el liceo, algo que yo no pude hacer. Con eso, yo ya estaba. Y luego hicieron lo que les nació, que fue la música.

—Usted ganó esos premios por el disco Tango, milonga y candombe.

—Sí. Era un disco que le debía a mi esposa. "Ya te banqué a Richie Silver. Te banqué Amoroso Pop. Te banqué las motas de todos los colores. ¿Por qué no hacés un disco de tangos, milongas y candombes, que es lo que sabés hacer?", me dijo. Y entonces lo hice.

Lo mejor de un ídolo infantil que canta y toca.

El ciclo empezó el pasado sábado 25 y va hasta el 3 de julio en la Sala César Campodónico de Teatro El Galpón.

Planteado como un espectáculo a lo "Grandes éxitos", el ciclo abreva de todas las temporadas en las que Rada presentó sus espectáculos para un público infantil. El comunicado lo explica claramente: "Las canciones más divertidas de la serie de espectáculos infantiles que desde su primera edición en 1999, marcó un hito en el ámbito uruguayo en materia de entretenimiento para el público menudo"

Con esta propuesta Rada también se ha presentado ante niños argentinos, pero es en Montevideo donde este show tiene su lugar natural. Los precios de las entradas son tres: 300, 500 y 700 pesos. Y se venden a través de Tickantel y en El Galpón.

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