CARNAVAL 2017

Nazarenos y Zíngaros ponen de nuevo el parodismo al rojo vivo

Dos grupos jóvenes son los retadores; hay expectativa ante Momosapiens.

El eterno femenino de una imaginativa pintora
Nazarenos (foto) se perfila en la categoría. Foto: Po Colectivo Productor

Los paralelismos entre el sentido de la obra original y la nueva agenda de valores, la exaltación de la emoción como uno de los principales recursos persuasivos y la construcción de un relato donde las posibilidades de danza, música y escenografía son llevadas hasta el límite de lo posible definen las características actuales del parodismo, un genero que parece estar inmune al paso de los años en la escena de Momo.

La ausencia de varias de sus principales figuras presagiaba un 2017 con renovación en los modos narrativos y liderazgos. Sin embargo, la potencia tradicional de un género cuyos mecanismos son valoradas por el público impuso su peso pese a la repetición y las fórmulas apenas sufrieron variaciones, una circunstancia que, lejos de empañar la calidad de las propuestas, volvió a redoblar el compromiso de los creativos con las superproducciones, poniendo otra vez la categoría al rojo vivo.

Nazarenos y Zíngaros son el ejemplo más claro de la permanencia. Ambos propusieron espectáculos de altísimo nivel y vuelven a ser grandes animadores del concurso, aún cuando al cierre de esta edición faltaba el pasaje de Momosapiens por el Teatro de Verano.

Nazarenos logró un espectáculo de excelencia, con una de las parodias que pasarán a la historia: la vida de Daniel "Pistola" Marsicano, un referente y militante social, político y deportivo, cuyas acciones solidarias en favor de los más humildes, al estilo de un Robin Hood pacífico, sobresalieron en La Teja durante varias décadas.

Además de mostrar la faceta humana con una vibrante y cálida actuación de Aldo Martínez —que mereció un aplauso de pie al finalizar la obra—, el grupo se ingenió para contar al público una serie de anécdotas sabrosas, condimentando el paladar de la platea con un poco de nostalgia y picardía de barrio y reafirmando una vieja idea arquetípica marcada a fuego en el imaginario uruguayo: la del hombre humilde y despojado de intereses materiales que logra trascender en su vida con acciones nobles.

La otra parodia, "El Joven Manos de Tijera", tuvo un buen funcionamiento, aunque con posibilidades de un mejor rendimiento humorístico a futuro. Pero la categoría de parodistas no puede concebirse sin la presencia de Zíngaros compitiendo al máximo nivel. Los dirigidos por Ariel "Pinocho" Sosa también apuestan por coronar el año con un espectáculo jugado netamente al humor en la parodia "Drácula" y otra más volcada al plano musical y mensaje: "Don Quijote". La primera representación tuvo una notable participación de Ledys "Panchito" Araújo, un actor poco reconocido en las premiaciones, pero fundamental en la apuesta cómica del elenco. Compuso un disparatado personaje, Amanda, cuyos quiebres delirantes y contundentes se dispararon por las habitaciones del castillo del conde rumano.

El Quijote, por su parte, tuvo menos humor y posee terreno para crecer en su dinámica e intepretaciones. No obstante, mostró un libreto poético que invita a renovar las utopías y motiva a la superación individual enfrentando las dificultades cotidianas con la misma bravura y determinación del caballero andante de Cervantes.

Entre los desafiantes figuran Los Antiguos y Aristophanes. Los primeros sorprendieron con la parodia "El secreto de sus ojos", a partir de un libreto de calidad y muy buenas actuaciones. Es una de las propuestas más ambiciosas desde lo escénico, con un discurso jugado y claro. De cara a la segunda rueda se espera un mejor funcionamiento de la parodia "The Beatles", para impulsar su proyección en el certamen.

Aristophanes basó su espectáculo "Expansión" en un relato que también habla de ampliar nuevos horizontes, y tuvo una mejoría importante en los aspectos técnicos que habitualmente eran su talón de Aquiles. La parodia "Thelma y Louise" tuvo un rendimiento más que satisfactorio, gracias a las interpretaciones de Federico Pereyra, Martín Perrone y Juan Ignacio Cristóbal, mientras que su segunda obra, "Antoni Gaudí" presentó intermitencias en el plano humorístico.

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