Entrevista

Vuelve María Creuza, la bahiana que sabe que hay que cantar más que nunca

La cantante brasileña se presenta el jueves en Sala Zitarrosa, en el marco del ciclo EllaZ

Maria Creuza. Foto: Difusión
Maria Creuza. Foto: Difusión

María Creuza domina el español prácticamente a la perfección, y en eso, Uruguay tiene mucho que ver. La cantante brasileña, una de las más relevantes de su generación, comenzó a cantar en la costa uruguaya décadas atrás, de la mano de Vinicius de Moraes, y desde entonces sus visitas nunca se interrumpieron.

Bautizada por el propio Vinicius como la matriarca de la bossa nova, Creuza se ha presentado incontables veces tanto en Maldonado como en Montevideo, a donde volverá esta semana, en un contexto especial. La cantante será la encargada de abrir la programación musical de una nueva edición del ciclo EllaZ, que cada año en marzo toma las instalaciones de la Sala Zitarrosa.

Creuza se presentará este jueves a las 21.00 en el escenario de la Zitarrosa, en un show que tiene entradas en venta en Tickantel y boletería de la sala, desde 850 pesos. Acompañada de su banda, la cantante hará lo que ya es tradicional para ella: un tributo a Vinicius, en el que no faltarán ninguno de sus clásicos.

El show es el arranque de una nueva gira para esta bahiana de 75 años y voz cautivante, que sigue siendo portadora de una tradición musical, y sigue representando una época dorada de la música norteña, que lucha por trascender generaciones. Mientras Brasil hoy exporta pagode, funk y sertanejo, y tiene figuras como Anitta rompiendo la barrera del lenguaje e insertándose en el mundillo del reggaetón latino, la poética de los grandes artistas brasileños se mantiene recorriendo salas, con una forma ya conocida pero todavía interesante.

Antes del show del jueves, Creuza contestó vía mail las preguntas de El País.

—Viene muy seguido a Uruguay, desde hace mucho. ¿Ha podido profundizar su contacto con la música uruguaya, con los músicos de acá?

—Mi primera vez en Uruguay fue para hacer recitales con Vinicius de Moraes en La Fusa de Punta del Este. Desde ahí, tengo una historia linda con Uruguay y sus músicos. No se olviden de mis visitas cada año a Montevideo y otros lugares de la geografía uruguaya, en las que conocí e invité a músicos locales para participar en mis shows, como Roberto Giordano, guitarrista, o Gerardo Alonso, bajista, para nombrar a dos que enriquecieron mis espectáculos con su talento en tantos lugares, como Makao en el Hotel Oceanía, que marcó a toda una generación.

—La bossa nova fue clave para la formación de toda una generación de músicos uruguayos. ¿A qué piensa que se debe ese impacto?

—La bossa nova llegó por la fuerza de la cadencia, ese término tan importante para ustedes, tratándose de tambores y de la rica armonía de João Gilberto y Tom Jobim. Y para completar, la poesía extraordinaria de Vinicius de Moraes.

—¿Qué música, más allá de la brasileña, encuentra que ha sido fundamental para su carrera?

—Mi escuela en Bahía, mis grandes influencias, mi maestros, por ejemplo el compositor Cole Porter (cita la canción “I Love Paris”), Nat King Cole, la cantante brasileña Maysa...

—¿Con el tiempo, ha cambiado su perspectiva respecto a la figura y a la influencia de Vinicius de Moraes?

—Para nada cambió, al contrario. Vinicius de Moraes, con el legado extraordinario que nos dejó, fue y será siempre el referente mayor para mí y para toda una generación.

—A medida que pasa el tiempo, cambian las formas de consumo y cambia la relación del público con los artistas y su obra, ¿siente más responsabilidad a la hora de seguir llevando por el mundo la música de Vinicius?

—¡Una enorme responsabilidad! Y saber lo que yo represento a esa altura de mi trayectoria, es para celebrar.

—De la mano con esa pregunta. Su nombre es sinónimo de una época de oro de la música brasileña, y de un momento de apertura de la cultura de su país para el continente. ¿Hubo un retroceso desde entonces? ¿Ve un deterioro en la música brasileña que permanece en el mainstream?

—No lo veo como deterioro. Veo como un cambio natural de un ciclo en un país como Brasil, que es tan rico musicalmente hablando, y claro que, con las nuevas tecnologías, se “gasta” todo muy rápido y pierde calidad, digámoslo así.... Pero pasa en el mundo.

—¿"E melhor ser alegre que ser triste” es una frase que aplica para el Brasil de hoy? ¿O qué verso le quedaría mejor al país y su gente en este momento?

—Con certeza que sí. Pero me quedaría con los versos de Vinicius y con la música de Carlos Lyra en “Marcha da Quarta-feira de cinzas”, para este momento: “Y sin embargo hay que cantar. Más que nunca hay que cantar. ¡Es necesario cantar y alegrar la ciudad!”.

—A usted se la llama la matriarca de la bossa : ¿siente que su trabajo le ha allanado el camino a otras colegas brasileñas? ¿El machismo es latente en el ambiente de la música brasileña?

—Sin falsa modestia, ¡con certeza lo siento! Pero en la música brasileña no se siente el machismo como antes, no tanto ahora. La mujer se impone y abre cada vez más un espacio importante en la música brasileña, ¡para suerte nuestra!

Regreso

El ciclo Ellaz mezcla cine, música y más propuestas

Este miércoles a las 19.00, con una charla sobre mujeres audiovisuales, quedará inaugurada una nueva edición del ciclo EllaZ, la propuesta que la Sala Zitarrosa hace cada marzo, para visibilizar a las mujeres artistas de acá y de la región.

En ese contexto, María Creuza se presentará el jueves a las 21.00 en el escenario principal de la sala, donde el viernes actuará la folclorista argentina Mariana Baraj, y el sábado, la cantante uruguaya Cristina Fernández. En tanto, en el Espacio Felisberto de la Zitarrosa, actuarán las solistas Lea Ben Sasson, Valeria Matzner (uruguaya residente en Canadá) y Ana Robles (argentina), los días 20, 21 y 28 respectivamente, siempre a las 19.30. Para todos los shows, las entradas están en Tickantel.

Además, el ciclo EllaZ también tendrá cine. El miércoles a las 21.00 se estrenará Una casa en el valle, película de Mariana Viñoles producida por el Complejo SACUDE y TV Ciudad; el 20 se exhibirá La banda prometida, de Jen Heck; el 27, Porque tenemos esperanza, documental de la brasileña Susanna Lira; y el 28, Ausencia de mí, de la argentina Melina Terribili. Todas las películas se verán en la sala principal, con entrada libre, a las 21.00.

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