HORACIO GUARANY 1925-2017

Vozarrón que cantó sobre el amor y otras injusticias

Horacio Guarany tenía un vozarrón peleador y a la vez tristón y un repertorio a esa medida. Eso le ayudó, seguramente, a fijarse en el aprecio popular gracias a canciones de un folklore que supo ser melódico y combativo que podía cantarle a la tierra o al amor con la misma garganta viril y un porte de gaucho comprador, amigo del chiste y del buen tomar.

Guarany murió ayer a los 91 años, víctima de un paro cardiorrespiratorio, corolario de una serie de quebrantos de salud. Deja una carrera de 60 años repleta de éxitos que, además, inauguraron toda una corriente aún presente dentro del folklore argentino.

Lo hizo precediendo al auge de la música folklórica argentina de la década de 1960, aquella que se expandió en la forma de Los Fronterizos, Los Chalchaleros, entre otros cuartetos de señores vestidos de gauchos domingueros a puro bombo, guitarra y zambas. Guarany —que había nacido Heráclito Catalín Rodríguez en Las Garzas, provincia de Santa Fe en mayo de 1925— era una versión solitaria, un poco más pícara y más comprometida del formato.

Eso lo ayudó a forjarse una personalidad pública que tanto desarrollaba en escenarios, el cine (Si se calla el cantor, Argentinísima) o la televisión con incontables apariciones en incontables programas en sus seis décadas de exposición pública. Como entrevistado era simpático y campechano, siempre dispuesto a la charla y a la risa, lo que lo hizo invitado eterno de la pantalla chica.

Su figura que incluía la peculiaridad de su copioso pelo renegrido y su barba perenne y un aire de "borrachín" amable ("no hay canción mía que no hable del vino", dijo) y su arte lo hicieron uno de los artistas populares de mayor permanencia.

Había comenzado en la década de 1950 con un personaje en Radio Belgrano. Su primer disco fue de 1957, grabó más de 60 y desde siempre fue estrella fija en el Festival de Cosquín. En 2009 realizó un recital despedida en el Luna Park, una promesa que cumplió a medias. En los últimos años con su voz menguada, sus shows tenían el gusto de despedida en su mezcla de anécdotas y canciones. Tenía mucho para contar y se vanagloriaba de nunca callar lo que pensaba.

"Se fue uno de los grandes", le dijo a El País, Israel Ferraro, conductor de Alas para el folklore en Carve. "Escribió con ese pensamiento tan general que podía hablar de amor, política, el pueblo, la política o a su madre. Y en su obra era capaz de combinar ternura con momentos agresivos".

Guarany, quien estuvo afiliado al Partido Comunista pero luego se mostró amigo del presidente Carlos Saúl Menem y partidario de los Kirchner, venía de una familia pobre de padre indígena, madre española y 14 hermanos. Su formación, él lo supo contar, fue en la pulpería donde aprendió de la vida y conoció directamente ese campo argentino y algunas de sus peculliarides e injusticias sobre las que tanto cantaría.

Nunca paró de trabajar quizás para que no se cumpliera la triste profecía que anunciaba en "Si se calla el cantor", seguramente su canción más popular. Guarany fue presencia habitual en festivales en Argentina y Uruguay, donde era saludado con respeto, cariño y devoción. En su repertorio nunca faltaban sus clásicos que los tenía y de sobra: "Volver en vino", "Puerto de Santa Cruz", "Canción del perdón", "Pescador y guitarrero", "Cuando ya nadie te nombre" y aquel "Pobre mi madre querida", que seguro hizo llorar a más de una generación de hijos.

Aunque fue un cantor de protesta, canciones como "No quisiera quererte", mostraron una tendencia romántica influyenteque siguieron nombres hoy olvidados como Aldo Monges y otros más recientes como Los Nocheros, aunque Guarany, quien podría haber llegado a ese sonido desde la música paraguaya que tocó en sus comienzos, nunca se acercó a los coqueteos modernos de estos últimos; era un tradicionalista. Y de una época que se va con él.

Un estrecho vínculo con Uruguay, su gente y sus ritmos

Horacio Guarany tuvo siempre un buen vínculo con Uruguay. Empezó a venir para esta orilla ya al comienzo de su carrera. En la década de 1960 fue estrella en la Criolla de Bella Vista que organizaba Dalton Rosas Riolfo en la cancha de ese club, recordó a El País, Israel Ferraro, conductor de Alas para el folklore por Carve, uno de los pocos programas folklóricos de la radio uruguaya. Por esos años, el argentino condujo en Canal 12, El fogón de Horacio Guarany. Desde entonces fue figura de gran convocatoria en todos los festivales. Su última actuación en Uruguay fue en el Festival Folcklórico Pan de Azúcar, Dulce Corazón del Canto en 2011.

En su repertorio, además, había incluidos ritmos candomberos, incluyendo su “Rosa Luna”, un homenaje a la legandaria vedette uruguaya.

“Mi vida, mi carrera, prácticamente la mitad la hice en el Uruguay, recorrí desde Rivera hasta Rocha, este país, me ha dado apoyo, trabajo, por algo soy de Peñarol y de Boca”, le dijo al diario regional Pan de Azucar en 2011. “A mí me gusta todos los pueblos, la gente, donde en todos lados hay buenos amigos, soy un buscador de esos amigos. El uruguayo ha conservado esa costumbre desde años, Buenos Aires y muchas ciudades de mi país se han ido cambiando, deformando, adquiriendo sentimientos más europeos, por eso, estoy muy feliz cada vez que vengo por acá. Soy de aquel Uruguay del peso, oro, amo aquel tiempo, aquellos bailes, donde se llenaban todos los festivales y carnavales”.

Ferraro, quien lo conoció personalmente e incluso lo recibió en su casa, lo recuerda como una “persona excelente”. “Tuve el honor de tratarlo”, dice Ferraro.

ÚLTIMA ENTREVISTA


"Toda mi vida ha sido de una gran felicidad"


—¿Quiénes son referentes importantes para usted?

—José Hernández, Nicolás Guillén, Armando Tejada Gómez, Manuel Castilla... Pero el músico que más te inspira es el que llevás adentro. La riqueza de mi obra la logré observando a la gente, aprendiendo un poco de cada uno. Me he llenado de cosas importantes caminando por el país y el mundo. Y me he llenado de alegría, sobre todo. La risa es vida, el que no se ríe se está matando solo.

—¿Cuántas canciones escribió?

— No llevo la cuenta. Es como si me preguntaras con cuántas mujeres estuve o cuántos vasos de vino me tomé en mi vida. Las canciones se hacen, no se cuentan.

—¿Hizo un balance de su vida artística?

—Toda mi vida en general, no sólo la artística, ha sido una gran felicidad para mí. Vivir es una gran felicidad. Alguien me enseñó alguna vez que lo importante es saber vivir. No hace falta tener títulos, dinero o fama. Mejor es saber vivir en el sentido mas profundo del término. Los chicos aprenden matemática e historia, pero nadie les está enseñando qué es la vida. Antes que nada, uno debe saber para qué vive, insisto.

—¿Qué cuenta pendiente tiene, qué siente que le falta conseguir?

—Todo. Recién empiezo.

(De una entrevista realizada por La Nación/GDA en abril de 2014)

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