Obituario

Una voz que iluminó su tiempo

Charles Aznavour, 1924-2018

Charles Aznavour. Foto: AFP
Charles Aznavour. Foto: AFP

Cualquiera que haya sobrevivido las décadas de 1960 y 1970 sabe bien quién es Charles Aznavour, quien murió ayer de madrugada a los 94 años. A los otros, lo más probable, es que le suene a cantante francés que solían escuchar sus abuelos.

Convendría entonces, aclarar que Aznavour fue considerado el embajador mundial de la canción francesa del siglo XX y uno de sus personajes más globalmente conocidos. Su ausencia en cierta memoria generacional habla de muchas cosas. Por ejemplo, lo lejano que está su tiempo de mayor gloria que coincidió, además, con una mayor atención cultural a lo francés y Aznavour (junto con Brigitte Bardot, Alain Delon o el también olvidado Gilbert Becaud) representaba fielmente ese espíritu, cosmopolita, joven y a la vez serio de la Francia de aquellos años.

Y no es porque no haya seguido en actividad. Estaba recién llegado de una gira por Japón, tras haberse visto obligado a suspender conciertos debido a una fractura del brazo después de una caída. Ya tenía agendada su próxima actuación para el 26 de octubre en Bruselas.

También es parte de su trascendencia la cantidad de discos que vendió en todo el mundo (algunos le adjudican hasta 180 millones) en 80 años de carrera. Sus éxitos le debían mucho a su voz cascada y portentosa que parecía hecha para la melancolía y su aspecto frágil pero seguro y una simpatía disimulada en un rostro tirando a triste. En escena, todo eso se transformaba en un artista incansable y comprometido y cautivante.

Otra razón de su fama es su presencia en todo mercado que estuviera dispuesto a su arte al que interpretó en cuanto idioma que representara una oportunidad de extender su carrera. Muchos de sus éxitos, por supuesto, tienen versiones en español que lo convirtió en un visitante asiduo al Río de la Plata. Mucho público local lo recuerda en las versiones castellanizadas de canciones como “La Bohemia”, “Venecia sin tí” o “Quién”. Esas canciones aún conservan el entrañable recuerdo de los viejos vinilo: todo Uruguay parecía tener un disco de Aznavour en la década de 1970.

Estuvo en Uruguay, por lo menos en la historia reciente, dos veces: en 2009 como escala de su gira de despedida y nuevamente en 2011; las dos veces fueron en el hoy Enjoy, por entonces Conrad, de Punta del Este. En la década de 1960 cada visita a Río de la Plata, era seguida con furor por los medios y son parte de la historia de la televisión argentina sus actuaciones en Sábados circulares, un programa que conducía Pipo Mancera y que era el show televisivo más importante de su tiempo.

Tenía voz y repertorio de crooner y porte de antihéroe de la nouvelle vague, una faceta que certificaron Francois Truffaut (en Disparen sobre el pianista) y Claude Chabrol (Los fantasmas del sombrerero). En una carrera cinematográfica que abarca 80 películas e incluso alcanzó lateralmente a Hollywood, también lo dirigieron Claude Lelouch (Viva la vida) y Volker Schlondorff (El tambor). Las últimas películas estrenadas en Uruguay con Aznavour fueron Ararat de Atom Egoyan y La verdad sobre Charlie de Jonathan Demme.

Pero fue su voz y su capacidad para crear canciones inmortales lo que conquistó el mundo.

Nacido Shahnour Varinag Aznavourian, el 22 de mayo de 1924 en París, de padres armenios, escribió más de 1.300 canciones, muchas de ellas interpretadas por grandes artistas internacionales. En sus comienzos en la París de la Segunda Guerra Mundial, compartió escenario con Edith Piaf en el Moulin Rouge. Ambos compartirían, además, amistad, vivienda y consejos.

"Yo le llevé mi juventud, mi locura; ella amaba todo mi lado jazzero”, le dijo en 2015 al diario The Guardian, que lo recordó en su obituario de ayer, sobre su relación con Piaf. Escribió para otros grandes artistas franceses, como Juliette Gréco y Gilbert Bécaud.

El presidente francés, Emmanuel Macron, aseguró que “Charles permanecerá el monumento y la leyenda de la canción francesa en el mundo. Sus canciones son intemporales y permanecerán grabadas en nuestra memoria.

Y por una vez, un presidente tuvo unanimidad nacional. Aznavour era una parte enorme del aporte cultural de Francia al mundo en el siglo XX. Tanto que aún acá, tan lejos, sus canciones siguen sonando con ese sonido y esa atmósfera de disco de vinilo.

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