LEONARD COHEN

La voz que conocía nuestros secretos

La muerte de un poeta de grandes cancionesFue sepultado según el rito judío en una ceremonia íntima.

El eterno femenino de una imaginativa pintora
Leonard Cohen. Foto: Reuters

Al final de "You Want it Darker", la canción que abre su último disco (que se llama justo así), Leonard Cohen dice: "I’m ready, My Lord" ("estoy listo, mi Señor"). El lunes Cohen murió a los 82 años —la noticia recién se dio a conocer el jueves— de causas que no se dieron a conocer, dejando un inmenso legado de canciones y poemas que lo convierten en uno de los grandes creadores de la música moderna. Bob Dylan merecía el Nobel de Literatura, sí, pero Leonard Cohen lo merecía tanto como él. Y quizás fuera más "pertinente".

Crecido en un ambiente artístico de Montreal (donde nació en 1934) fue —antes de ser un refinado cantautor— un refinado poeta y novelista y uno de los grandes escritores canadienses de su generación.

No fue hasta que viajó a Nueva York en 1967 que se convirtió en la estrella pop minoritaria que sería por el resto de su carrera. Su primer disco, Songs of Leonard Cohen, inició una larga y a veces accidentada carrera discográfica, que se cerró en octubre cuando editó su último álbum, You Want it Darker.

Como el Blackstar de David Bowie (el otro maestro que se murió este fatídico año), ese álbumestaba repleto de despedidas, una lectura que se hace más evidente ahora. Es, quizás, uno de sus mejores discos aunque ahora, ante lo irremediable, suene tan fácil decirlo.

Jugando en la misma liga que gente como Bob Dylan o Joni Mitchell, Cohen fue básicamente un número folk que no temió experimentar para lados en los que su poesía —parte fundamental de la congoja universal que generó su muerte— se sintiera más cómoda: la música para él fue apenas un vehículo para desarrollar su poética.

Pero la imagen que tendremos de él será la del crooner tristón y de voz cascada, que cantaba de la vida como si conociera nuestros secretos. Su melancolía era luminosa y sus letras hablaban desde una sabiduría (sobre el amor, la fe, la soledad) de la que era demasiado modesto para alardear. Lo que genera con sus imágenes y sus personajes es una experiencia intransferible que le dio una base de seguidores no muy numerosa, cierto, pero de lealtad inalterable.

En los últimos años se vio obligado a salir a trabajar después que un manáger inescrupuloso se le quedara con sus millones. Es por eso que hay un par de discos recientes de canciones inéditas más o menos eficientes y una serie de conciertos grabados —en los que se lo ve trajeado y de Fedora— que dejarán testimonio de su etapa final.

Pero además de hacer discos importantes (el primero, Songs of Love and Hate, New Skin for the Old Ceremony, Recent Songs, entre ellos), Cohen fue un excepcional compositor de canciones desoladoramente bellas. Un listado desordenado debería incluir "So long Marianne", "The Tower of Song", "Bird on a Wire", "Dance Me to the End of Love", "Everybody Knows", "First We Take Manhattan", "Im Your Man", "Famous Blue Raincoat", "Sisters of Mercy", "Take this Waltz", "Suzanne" y "Hallelujah", que es su canción más versionada.

A pesar de un repertorio así de intimidante, nunca fue un artista exitoso, quizás porque su voz (que en los últimos años se hizo aún más cavernosa) anticipaba cierta desolación en su poesía. Nunca, además (más allá de Im your Man, cierto), quiso sonar actual o contemporáneo. Siempre fue un raro aunque tenga un disco producido por Phil Spector (el poco escuchado y muy bueno Death of a Ladies Man) o haya conseguido tomar de rehén al sonido electrónico de la década de 1980 en el clásico Im your Man.

Cohen, que en 2008 fue introducido en el Salón de la Fama del Rock and Roll, un lugar que se ganó desde su propia individualidad, en su constante estado de melancolía elegante, resultó siempre difícil de encasillar. No era un rockero, pero durante una gran parte de su carrera (los 70, por ejemplo) vivía bajo ese cobijo.

La muerte lo andaba merodeando y él lo sabía.

A comienzos de este año, murió Marianne Ihlen, la mujer que había inspirado canciones como "Bird on a Wire" y "So Long, Marianne" y con la que vivió sus años formativos como cantautor en una isla griega, y en agosto Cohen le escribió una última carta en la que decía: "Somos realmente viejos y nuestros cuerpos se caen a pedazos, y pienso que pronto voy a seguirte". Una vez más, estaba en lo cierto.

Se lo despidió con su propia música

Los restos de Leonard Cohen, fueron inhumados el jueves en Montreal en una sepultura familiar, informaron ayer medios canadienses citando a la congregación judía Shaar Hashomayim.

"Hineni, hineni, My Lord" ("Aquí estoy mi Señor", en hebreo) y otras palabras de la canción "You want it darker" de su último álbum, acompañaron la ceremonia en honor del poeta y músico en el cementerio judío Shaar Hashomayim en las colinas de Mont-Royal, en Montreal, su ciudad natal.

Pasajes de esta canción "fueron pronunciados el jueves durante la sepultura de Leonard Cohen, donde reposaban ya los miembros de su familia", según el comunicado del rabino Adam Scheier.

"Era el deseo de Leonard ser enterrado según el rito tradicional judío junto a sus padres", según el comunicado de la congregación Shaar Hashomayim, implantada en el barrio de Westmount donde nació en una familia judía adinerada. Allí también están sepultados sus abuelos y bisabuelos.

El anuncio de su deceso fue realizado luego de su inhumación, realizada en la intimidad de sus seres cercanos.

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