Nancy De Vita

La voz, el color, y un buen decir

“Empecé con los discos de 78 en RCA Victor, después los de vinilo en 33, luego estuvo la época del casete, y ahora estamos con el Cd”, bromea la cantante a la hora de presentar su nuevo disco, “Cantar con el alma”, que incluye tanto canciones propias como del repertorio tradicional.

El eterno femenino de una imaginativa pintora
"Hay poca presencia del tango en las radios", señala la reconocida artista. Foto: F. Flores

Con una larga carrera en su haber, la artista se prepara para lanzarlo en la Sala Zitarrosa, donde subirá a escena el próximo martes 27 de octubre a las 20:30 horas, con una puesta en escena que incluye proyecciones que invitan a la nostalgia.

—¿Cómo ve a las nuevas generaciones de cantantes femeninas de tango acá en Uruguay?

—A mí me alegra muchísimo que haya muchas mujeres que les gusta incursionar en el tango. Algunas muy bien plantadas, y hay otras jóvenes que tratan de fusionar el tango con el rock, que eso para mí no es lo ideal. Hay muchas que van más a las raíces, otras que todavía no encontraron la identidad, que buscan referentes pero que no se despegan mucho de esos referentes. Que a mí también me costó. A veces, si se tiene una voz natural parecida a la de un referente, entonces es difícil apartarse. No es fácil tener la propia identidad, y creo que para el tango lo que se precisa es eso, un buen color de voz, un buen decir, porque es un género más interpretativo que cualquier otro. Y después tu propia personalidad.

—¿Y de voces masculinas, aquí en Montevideo?

—No muchas, hay dos o tres compañeros que están bien ubicados. Pero creo que hay menos; capaz que me equivoco.

—¿Le gusta un estilo como el de la cantante argentina Adriana Varela?

—Me encanta Adriana Varela.

—¿Y Francis Andreu?

—También, pero se parecen demasiado, hasta en el repertorio. Creo que capaz que debería despegarse un poquito de la imagen de Adriana Varela. No digo que no guste lo que ella hace. Además, se incluye en los tangos muy tradicionales, de la época de los 30 y los 40, y está el tema de tratar de conseguir algo más único, más personal. Por eso yo trato de escribir, apunto más a la personalidad de los temas propios. Sin dejar de lado lo otro, porque es lo que la gente te pide.

—¿La radio local, está aliada al tango?

—No, hay poca presencia del tango. Yo estoy vinculada a la directiva de la Sociedad de Intérpretes, de Sudei, y estamos con esa problemática permanente. Pero eso es hasta que no salga que se tenga que difundir con mayor porcentaje. De pronto te difunden con una nota puntual, por el lanzamiento de un disco, pero después lo pasan muy espaciadamente. Incluso los programas de tango, están más volcados a los años 40.

—Se han perdido las viejas tanguerías de Montevideo...

—Sí, las tanguerías más clásicas, como Tanguería del 40, La Vieja Cumparsita, el Parador del Cerro, que también incursionaba en otros géneros. Había mucho más. Ahora por suerte está el Mercado de la Abundancia, y el Mercado Agrícola tiene días para el tango.

—¿Por qué desaparecieron las tanguerías?

—Y sustentar todo eso, desde el punto de vista económico, no es fácil. Se traían artistas, también algunos que venían de Buenos Aires, y eso lleva mucho respaldo económico.

—¿Antes la gente se arreglaba más para salir?

—Sí, claro, cambiaron las épocas. Creo que ahora es mucho más cómodo vestirte para ir a un teatro. Antes era toda una producción, traje y corbata para el hombre, una ropa más soirée para nosotras. A mí, lo digo sinceramente, me gustan las dos épocas. Yo tengo un espíritu muy jovial.

—¿Se explota mal el tango aquí en Montevideo?

—Creo que sí, que están faltando lugares propicios para el tango.

—¿A los cantantes del tango a veces les cuesta cantar a dúo?

—Sí, a veces por la falta del ensayo, del tiempo que uno le dedica a una producción. En este país la mayoría de los cantantes tiene otras actividades, y es más espaciado lo que se arma para compartir con el otro artista. No es mi caso, yo lo he hecho. Pero en general sí: no se une mucho el tanguero para cantar a dúo.

—A veces los tangueros se presentan con poca instrumentación. ¿Cuesta conseguir músicos, es decir, pagarles?

—Pagarles cuesta, porque todo es a pulmón. Pero en esta presentación, que vamos a hacer en la Zitarrosa, va a haber 10 músicos, por lo menos. Ocho que integran la base de la orquesta, y dos que me van a acompañar con guitarra, para las milongas. Vamos a hacerlo igual que en el disco, y Leslie Muniz insistió en hacer arreglos importantes para este disco.

—¿Pero si viajan al interior del país a la orquesta la achican?

—Generalmente la achicamos, porque lo que se recauda no da para compartirlo con tantos músicos. A veces llevamos solo guitarra y bandoneón. Depende de dónde uno se presente.

—Usted conoció a conductores de televisión que hoy son historia, como Pipo Mancera, o Rubén Castillo...

—Pipo Mancera era un maravilloso conductor, de gran cultura general, y tenía un ángel muy especial para conducir. Fue el inventor de aquellos programas largos, en los que había de todo. Yo canté en su programa, con toda una orquesta estable que él tenía, y fue terrible para mí, porque yo era muy jovencita. Fue uno de los momentos que más nervios pasé en mi carrera, pero él me hizo sentir muy cómoda. Rubén Castillo era un adelantado, y un hombre también muy jovial, y eso lo ayudó muchísimo. Tenía un espíritu juvenil, y Pipo también. Y Silvio Soldán también, a pesar de que era más formal, por vincularse exclusivamente al tango.

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