ENTREVISTA

Volver a un viejo amor: Roy Berocay lanzó su primer disco solista y cuenta los detalles

El músico y escritor presenta un disco "autobiográfico" este viernes en Magnolio Sala, y además habla del spin off de "Pateando lunas"

Roy Berocay. Foto: Martín Pereira
Roy Berocay. Foto: Martín Pereira

Blade Runner, el viejo amor por el folk, una pandemia y las ganas de contarse a sí mismo hicieron que Roy Berocay, músico y escritor de trayectoria larga en la escena local, se metiera a grabar su primer disco solista. La conjunción de factores y la aparición de un tiempo necesario para concretar la eterna deuda personal de un álbum solo suyo devino en El replicante, material que está en plataformas digitales y que presentará mañana en Magnolio Sala (Pablo de María 1015). Es a las 20.30 y lo acompañarán sus hijos Pablo y Bruno Berocay; entradas en Tickantel.

“Desde la adolescencia toqué en bandas, siempre en proyectos con otras personas. Pero con la pandemia pasé los tres primeros meses encerrado, solo salía para comprar comida, y en un momento me puse a escribir y toda la vida estuve pensando que estaría bueno hacer, un día, un disco folk solista. ¿Y ahora qué otra cosa tenía que hacer?”, dice Berocay desde Las Toscas, donde vive y donde gestó y grabó El replicante, que produjo su hijo Pablo y para el que también grabó su hijo Bruno. Tiene un estudio, dice que estudió sonido “de viejo” y de esas herramientas se valió para darle forma a un puñado de temas nuevos, y para reversionar otros que venían de su época de La Conjura o El Conde de Saint Germain.

La canción más antigua del álbum es “Sueña”, de 1976, un tema de impronta hippie que nació para combatir tiempos oscuros. El replicante funciona como un relato musical de la vida de Berocay, de su “peripecia en el planeta”, como le gusta decir.

“Es, como quien dice, un disco autobiográfico. Por eso me sorprende que haya gente que se emocione con cosas que me pasaron a mí”, afirma Berocay. “Me están pasando muchas más cosas de las que me había imaginado, en mucho menos tiempo. Mucha gente me ha escrito que se emociona con canciones, se siente identificada; esas cosas que no me esperaba para nada”.

Las preguntas de la adultez y la evocación de la adolescencia o juventud, los padres, el desencanto, la crítica a partir de la anécdota de una entrevista laboral se suceden en un repertorio presentado en un sonido folk despojado y en un canto sentido, emocional. “Traté de evitar esa cosa uruguaya de complicarla por la complicación; quise hacer acordes recomunes, melodías simples, y contar historias”, dice el autor.

—¿Se resignificó el lugar que la música ocupa en tu vida?

—A veces digo que es el 50 por ciento, pero en realidad yo paso mucho más tiempo ocupándome de la música que de la escritura. Cuando era adolescente soñaba con ser músico, en mi casa hablamos mucho de música, mis amigos son músicos, entonces a nivel de espacio te diría que la música es un 60/40. En familia, hay una cosa muy linda que se da en el tema de la creatividad, que siempre se dio y está muy buena.

—¿Eso tiene que ver con la transmisión, con el procurar que exista un ámbito creativo?

—Yo creo que sí. “Espalda con espalda” habla del fuerte en la calle Marsella con libros y canciones. Mis amigos y yo nos casamos muy jóvenes porque en la época de la dictadura te construías como una especie de refugio, y dentro de ese refugio había mucha música, cuentos, canciones; bailábamos alrededor del sillón y afuera estaba todo mal. Esa cosa afectiva relacionada al arte se puede haber transmitido, y el hecho de que los gurises crezcan en una casa donde siempre hay libros y música, y veíamos tal documental y lo comentábamos entre todos, y después empezó a despegar el tema de los libros, las obras de Ruperto… Siempre siento que es una cosa que hicimos entre todos. Fui el catalizador, pero estaba tirando al mundo lo que cocinábamos entre muchos.

¿Tu propio vínculo con la música y la literatura también viene de ahí, de una cocina colectiva y familiar?

—Es diferente. Tanto mi padre como mi madre eran muy amantes de la música y tenían sus propias colecciones; mi viejo era muy de comprar discos, tango y folclore todo el día, y mi madre escuchaba más jazz, los Beatles, música de películas, entonces en mi casa siempre había puesto un disco. Mi tía era profesora de piano, mi tío tocaba en una orquesta de jazz, mi abuelo era amante del jazz -esto por parte de madre- y crecí con eso. Y cuando me fui a vivir a Estados Unidos me pasaba escuchando discos y cantando arriba, y vine y me hice montón de amigos que tocaban guitarra. La música siempre estuvo ahí.

literatura

La otra veta

El mismo año en el que editó su primer disco solista, Roy Berocay lanzó un nuevo libro que de alguna forma marca una vuelta a su título más icónico, Pateando lunas. Superniña (Loqueleo) aborda el feminismo de manera directa a través de la vivencia de la inquieta Lali que es, justo, la hija de Mayte, aquella inolvidable protagonista de su clásico.

Superniña es la primera obra que Berocay escribe de forma deliberada. Un día su nieta Olivia, de tres años, le dijo que iba a ser superhéroe y eso le disparó la pregunta de cómo iba a ser el mundo cuando ella fuera adolescente y quiso escribir sobre eso, hablar del machismo y el acoso y los femicidios de forma que los más chicos puedan entenderlo.

“Está bueno hacer algo que aunque sea mínimamente pueda contribuir a generar discusiones, a generar que el tema se trate más. Y sentí que tenía que ser mucho más frontal porque no hay tiempo que perder”, dice para explicar la forma de este libro que es así, directo y sin mucha metáfora.

"Superniña", de Roy Berocay
"Superniña", de Roy Berocay

Como un cierre de círculo, para trazar a la Mayte adulta el escritor fue al origen, a su hija mayor, la que le inspiró Pateando lunas cuando hace años le dijo que de grande iba a ser jugadora de fútbol y la que ahora, como Mayte en esta nueva novela, es profesora de Biología y aún vive en un mundo que para las mujeres es hostil.

“El personaje de Mayte niña no se parece a ella, pero el de Mayte adulta sí”, señala el autor. “Fue como hacerle justicia”.

“Lo afectivo sigue siendo la clave de todo”

“Me sigue sorprendiendo la respuesta muy afectiva, que se da incluso hasta por Zoom. Ni que hablar cuando iba a las escuelas en persona o en los toques de Ruperto Rocanrol”, dice Roy Berocay de lo que todavía lo conmueve de su contacto con niños y niñas del país. “Siempre me sorprendió el decir: ¿qué es lo que reciben, qué es lo que se les está dando que genera ese tipo de respuesta? Y no lo sé, de verdad. Creo que si vos realmente hacés algo porque los querés y te preocupan, eso se transmite. Los niños son muy perspicaces. Y lo afectivo sigue siendo la clave de todo”.

En sus redes sociales, Roy Berocay opina fuerte y claro sobre el acontecer político local pero, asegura, eso nunca permea sus trabajos. “Siempre tuve muy claros los límites. Yo, ciudadano, puedo opinar, pero si escribo un libro para niños nunca van a ver una línea política, porque considero que eso sí sería traicionar a los niños”.

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