MÚSICA

Con el volumen al mango para un buen rato de rock

Andrés Calamaro editó “Volumen 11”.

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Andres Calamaro . Foto: La Nación/GDA

La carrera discográfica de Andrés Calamaro es todo menos previsible. A un lanzamiento "tradicional" le puede seguir un rejunte de descartes, o unas sesiones acústicas, o una monumental edición de cinco discos. Tiene discos "argentinos" y otros más "españoles".

Además, también salta entre distintos estilos. Bohemio (2013), por ejemplo, fue un disco esencialmente pop, con invitados, producción de lujo y todo esos atributos que acompañan a los artistas que venden mucho. Luego hizo un disco en vivo junto a Enrique Bunbury —Hijos del pueblo, 2015— interpretando a otros (Gustavo Cerati, José Alfredo Jiménez o Benito De Jesús), más algunos temas propios, tanto de él como de Bunbury.

De ahí, a las Romaphonic Sessions, tercer capítulo del ciclo "Grabaciones encontradas", con versiones de canciones de autores tan disímiles como Expósito/Cadícamo, Leo Masliah o Lito Nebbia, entre otros, y arregladas para el piano de Germán Wiedemer.

Ahora llegan este Volumen 11, un álbum que parece un rejunte de "grabaciones encontradas", aunque en rigor y como The Romaphonic Sessions, es uno nuevo.

En casi una hora y diez minutos de música, Volumen 11 presenta 18 canciones y dos temas instrumentales. De las 18, 13 son de Calamaro (solo o en coautoría con otro). Hay una versión de "Como el viento voy a ver" de Pescado Rabioso, una de "Blues de Santa Fe", de Pappo, "Que te vaya bonito", de José Alfredo Jiménez y "Mareo", de Babasónicos.

Es un disco grande, que puede ser difícil de asimilar. Hay un poco de todo en Volumen 11, aunque el espíritu que lo unifica es la particular variante de rock que cultiva Calamaro, que abreva de muchas partes (Dylan, el blues, Santana, el candombe rock de Beto Satragni, entre otras).

A veces, Volumen 11 suena como si estuviera dialogando con El salmón, aquella edición de cinco discos en la cual el primer disco era tan bueno que era casi imposible soltarlo para seguir con los otros. No hay acá tanto desparpajo y descuido, pero sí hay algo de aire a desorden y espontaneidad que impregnaba a El salmón.

Calamaro canta, recita, toca, interpreta y aunque las canciones no reluzcan con ese brillo de alta definición que tenían las de Bohemio, el argentino suena acá más alegre y descontracturado.

Y aunque muchas veces parezca estar reciclándose a sí mismo ("El huevo o la gallina"), todavía es capaz de entregar frases chispeantes, como en "Atunes o ballenas" o en "Cazador de ateos", una diatriba contra los que lo critican por su afición a la tauromaquia.

andrés calamaro

Disco: Volumen 11

Duración: 68 minutos.

¿Está online? Sí. Y también en disquerías.

¿Está bueno? Tal vez sea un poco largo, pero transmite vitalidad, y eso contagia.

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