PAULINHO MOSKA

"Vivir es un estado de creatividad"

El músico brasileño presenta su nuevo espectáculo, “Violoz”, el jueves 16 en el Teatro Solís.

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Paulinho Moska. Foto: Fernando Ponzetto

Cuando viene a Uruguay Paulinho Moska se siente como en casa, y no parece decirlo por pura demagogia. Hace más de una década empezó a tocar en Montevideo, de la mano de su amigo Jorge Drexler, y se ganó tan bien el corazón del público que la semana que viene dará otro show por su cuenta en el Teatro Solís. Este espectáculo se llama Violoz, lo hará el 16 a las 21.00 y en él se unirán su carrera musical y actoral, para hacer algo distinto.

"Me siento muy uruguayo", dice en entrevista con El País en un más que correcto español. Cuenta que ya lee libros y ve películas sin subtítulos, pues en una década su dominio del idioma ha evolucionado notoriamente.

Además, hace también 10 años que Moska trabaja con uruguayos: junto a Pablo Casacuberta hace el programa de televisión Zoombido, que entre abril y mayo estuvo filmando en Uruguay. Desde una suite del Palacio Salvo, el equipo grabó 13 episodios con 13 cantautores diferentes. Pasaron Malena Muyala, Franny Glass, Pedro Dalton, Sebastián Teysera y Raúl Castro, entre otros. Incluso estuvo Roberto Musso, y grabó por primera vez "Ya no sé qué hacer conmigo" solamente a guitarra y voz.

Este programa brasileño ahora tendrá una variante latinoamericana, en la que Uruguay también estará incluido. El único requisito para elegir a un entrevistado es que sea compositor, y que pueda cantar y tocar algo que compuso.

"La música es una cosa muy curiosa, es invisible, no está en ninguna parte. Lo que escuchamos es una copia, ¿pero dónde está aquello que hicimos? La música es. Siempre, como cantautor, me quedo pensando qué pasa conmigo, por qué hago eso, por qué elegí esta manera de hacer una canción. Y eso le pregunto a los entrevistados", cuenta en esta charla.

—¿Cuando te preguntás a vos qué es la música, qué te contestás?

—En un mundo donde todo tiene significado, la música es la expresión del sentir, es casi al revés. Significados son cosas que encontramos en el diccionario, pero hay cosas que sentimos y no sabemos cómo decir: la música es eso. No la ves, pero existe. Es como la religión; la música es casi como una trascendencia, sentís la canción. A veces me pregunto cómo puedo hacer algo con un denominador común que además tenga alta calidad.

—¿Cómo medís lo que es de alta o baja calidad?

—Si te emociona a vos, porque es una cuestión de referencia. Tiene que ver con tu propia curiosidad del mundo, con cuán profundo ves las cosas. A una persona que no profundiza en nada le gusta un tipo de música que no la hace pensar mucho, que está bien. A mí me gusta un poco de todo; leo mucho sobre religión pero soy ateo, mucho sobre ciencia, me encantan la literatura y la economía. Soy como un tipo aventurero que quiero saber un poco de todo, quiero abrazar todo. No tengo intención de ser el mejor en una cosa, sino el mejor yo que logre ser con esta multiplicidad de intereses. Todo hace parte de la creatividad como actividad de crear: vivir es un estado de creatividad.

—¿El arte es un antídoto a ciertas cosas?

—Es un antídoto contra la depresión, el arte funciona como salvavidas. Yo estuve muy deprimido, tres veces estuve tomando pastillas antidepresivas, y cuando estaba deprimido en serio no había nada de belleza en el mundo. En ese momento no hay arte, el arte no existe. Pero hay gente que crea triste. Yo creo triste, pero es diferente a la depresión. En ese sentido, para mí el arte es lo que me pone lejos de la depresión, que es un estado muy fácil de llegar hoy.

—¿Qué te acercó de nuevo al arte cuando estuviste deprimido?

—Lo que me salvó es que, aunque estuviera deprimido, sabía qué era la felicidad. Tenía una referencia. Sabía que necesitaba ayuda, medicación, ir al psiquiatra o hablar con amigos, porque hablar siempre hace bien. Por eso me encantan las notas, porque hago mi terapia (se ríe).

Si no puede ver el video, haga click aquí.

—No tocás todo el tiempo. ¿De viaje necesitás más una guitarra o algo para anotar?

—Ya no necesito cuadernos porque ahora están las laptops y otras cosas, y de gira siempre tengo al menos una guitarra. Compongo mucho en hoteles, porque son momentos muy silenciosos, y hay dos momentos que me gustan mucho que son antes y después del concierto, para componer. Compongo mucho en casa también, porque vivo en una casa muy pacífica, en un barrio tranquilo, y en las noches, porque el silencio es un buen compañero.

—Como compositor, ¿es posible distanciarse del momento que vive Brasil ahora?

—Es muy difícil, te confieso que estoy en un zigzag. Como cualquier brasileño estoy indignado con esta situación que se armó despacio, y es evidente que si no empezamos a tener una participación política y un mayor interés como pueblo, estamos en manos de las peores personas. Yo no estoy exactamente a favor del gobierno que está, pero sí absolutamente en contra de lo que está pasando, con este Congreso corrupto. Es difícil ser Brasil, el país de la fiesta, en este momento. La palabra es vergüenza, pero pienso, no sé si románticamente, que el arte es lo que nos ofrece ahora salidas.

—¿Crece la responsabilidad del artista?

—Eso. Artista para mí es un médico del espíritu. Los doctores nos cuidan el cuerpo, pero al espíritu los médicos no lo tratan. El movimiento que la vida necesita para mejorar es el arte, y el arte es crear, que no significa hacer algo nuevo sino juntar cosas. Si vas al diccionario y buscar la palabra "componer", te vas a encontrar con que es juntar cosas de acuerdo a su criterio. No es necesario inventar, los artistas nunca fueron inventores: son compositores.

—Contame de la creación de Violoz, que implicó juntar un montón de guitarras.

—(Se ríe). Yo pasé como 20 años de mi vida profesional haciendo conciertos viajando con una banda o haciendo conciertos de guitarra y voz, y así manejé mi vida. Pero nunca he hecho una gira de guitarra y voz oficial, y se me ocurrió, porque ahora no tengo más banda, construir este espec- táculo. Yo me formé en teatro, soy actor de cine a veces, y pensé en hacer un espectáculo un poco más teatral que solo el concepto de guitarra y voz. Pensé en un actor que está hablando de sus amores, de cinco mujeres que lo marcaron mucho. Y este actor entra, hay cinco guitarras y las va presentando y contando: "a esta la conocí hace 15 años, me partió el corazón...". Es texto, movimiento, actuación, canciones, la tentativa de contar una historia.

—El año pasado lanzaste Locura total, un disco a dúo con Fito Páez. ¿Estás trabajando en algún material propio?

—Ya estaba preparando cuando me llegó la invitación de Fito, entonces tengo muchas canciones. Pero este año no voy a grabar, porque después del Solís tengo un proyecto enorme con Pablo Casacuberta por todo Sudamérica, nos vamos a 10 países y el primero es Uruguay. Es un proyecto para NBC Universal, para América Latina, con el que voy a cada país, encuentro a un cantautor, pasamos cinco días juntos y al final componemos una canción sobre esos días. Estoy muy contento porque es un proyecto muy grande que nos va a llevar 80 días, entonces no estoy en condiciones de grabar mi álbum nuevo ahora. Con Fito fue muy intenso, te imaginas. Muy fácil musicalmente, muy dionisíaco, nos complementamos. Yo digo que él es un dionisíaco dictatorial, y yo soy un pasivo insistente.

Un show en solitario con guitarras a mano siempre.

El jueves 16 a las 21.00 Paulinho Moska se presenta en solitario en el Teatro Solís, en la sala mayor. El concierto se llama Violoz y en él se relaciona con cinco guitarras importantes de su carrera, encarnando para cada una un personaje distinto. Así, entra de saco y corbata y toca con una de cuerdas de nylon para samba, y se empieza a acomodar el vestuario para ir cambiando de personalidad. Es, contó a El País, un show más teatral. Quedan las últimas entradas en venta en boleterías de la sala y Tickantel, a partir de 600 pesos.

TRES DISCOS DESTACADOS.

Vontade - EMI, 1993.

Alejado de sus primeras bandas, Garganta Profunda e Inimigos do Rei, Moska se lanzó a una carrera solista y debutó de la mano de EMI, con un repertorio de 12 canciones en su mayoría propias. Todavía con una faceta más rockera, el cantautor empezó a mostrar sus composiciones bajo su propio nombre.

Tudo novo... de novo - Casulo, 2003.

Es el sexto disco de Moska, el primero editado de manera independiente y el que le abre definitivamente las puertas a la región. El álbum tiene dos de sus grandes hits, "Lágrimas de diamantes" y "Pensando em voc, y un cover de la canción "La edad del cielo" de Jorge Drexler, con quien entabló amistad.

Locura total - Sony, 2015.

Lo último que se editó de Moska es un disco a dúo con el músico argentino Fito Páez, en el que hay canciones de ambos en inglés y en español. Es un material fresco y divertido que refleja bien las diferencias y similitudes de los dos, priorizando a la canción. Dice el brasileño que quedaron satisfechos.

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