MÚSICA

La visita de un pianista genial

El 20 de junio, el argentino Bruno Gelber en el Solís.

El eterno femenino de una imaginativa pintora
Bruno Gelber. Foto: Difusión.

Bruno Gelber, se sabe, es uno de los grandes músicos argentinos, uno de los mejores pianistas de su generación y como uno de los cien mejores del siglo XX.Y su figura pianística ha trascendido el ámbito de la música académica para posicionarse en la televisión del Río de la Plata por sus muchas apariciones en los más diversos programas, desde sus encuentros con aquella empleada pública de Gasalla a los almuerzos con Mirtha Legrand.

Es singular y carismático, y un sacerdote (muy laico) de la música: ha ofrecido más de 4.700 conciertos en más de 45 países. Una personalidad muy argentina pero marcada por el espíritu francés.

Actuará el lunes 20 de junio en el Teatro Solís en el ciclo Grandes Intérpretes.

En 2013, la famosa Tribune des critiques de disques, de Radio France, eligió su registro del Concierto Nº1 para piano y orquesta de Brahms como la mejor grabación de la historia del op. 15 brahmsiano. El disco —un registro de culto de casi 50 años, premiado desde su aparición con el Gran Prix du Disque— fue grabado por EMI en 1965, con Gelber como solista y la Filarmónica de Munich dirigida por Franz-Paul Decker.

Algo similar, pero con las sonatas de Beethoven, ocurrió este año. El pianista fue nuevamente reconocido después de un proceso de selección basado en la audición comparativa y secreta, en varias rondas, de todas las versiones discográficas existentes, con un jurado que califica en detalle las distintas interpretaciones sin distinguir a sus ejecutantes de antemano, hasta decantar en una versión de referencia.

Recital montevideano.

No es casual que Beethoven sea en esta nueva visita a Montevideo gran parte del corpus musical que estará en el recital del Teatro Solís. Dos de las sonatas beethovenianas que han sido siempre su carta de triunfo y en las que se mueve como pez en el agua, ocuparán la primera parte del recital: la Claro de Luna y la Waldstein. La antesala al pianismo romántico llegará tras la pausa, con el Carnaval Op. 9 de Schumann y el Andante Spianato y La gran polonesa, de Frédérik Chopin, una obra que le ha valido el aplauso en los principales teatros del mundo, desde las lejanas salas de Japón (donde Bruno es adorado) al Teatro Colón de Buenos Aires.

Gelber ha dicho, alguna vez, que lo único cierto en el arte de los besos es que nunca se debe dejar una boca vacía. "En la música, ocurre algo parecido. El intérprete no debe buscar su propia emoción y satisfacerse con ella, debe hacerla pasar. Transmitirla".

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