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Vinilos, el material de los tesoros musicales

Mañana en Sinergia Design se realiza una feria de long plays, un formato en pleno auge

El vinilo, un formato con encanto
El vinilo, un formato con encanto: Darwin Borrelli

Empecemos con un aviso: es posible que en su vieja colección de vinilos usted tenga una pequeña fortuna. Porque si es sabido que el negocio de los vinilos se encuentra en un renacimiento y eso se ve en las ediciones y las reediciones de long plays y en la venta de tocadiscos, lo que sí es una novedad es que la música uruguaya en vinilo también está siendo revalorizada y las ediciones en este formato son altamente buscadas. Vaya y revise qué discos tiene.

Mañana, entre las 12.00 y las 21.00, se realizará una feria de vinilos en Sinergia Design (Colonia 2235) y es una buena oportunidad de conocer el mercado. En el evento se reunirán la mayoría de los vendedores de vinilos de Montevideo, muchos con décadas en el negocio. En total se podrán encontrar más de 10 puestos de discos que ofrecen música de todos los géneros. Además habrá música de DJs y varios espacios de gastronomía y tragos.

Aunque es válido pensar que la venta de discos en este formato se concentra en la feria de Tristán Narvaja. Este domingo, por ejemplo, un comprador curioso y económico podría hacerse de En familia de Ruben Rada, Canciones y negocios de otra índole de Leo Masliah, el primero de Los que iban cantando, Tiempo de Cantar, una recopilación fundacional del sello Ayuí y gasta por todo eso 1.000 pesos. Hay discos que valen mucho más que eso y alguien puede llegar a pagar 4.500 pesos por el segundo de Los Traidores. El período más valioso en vinilo de la música local es el rock posdictadura.

Pero más allá del paseo dominical, escondidas en las galerías o en pequeños locales del centro de la ciudad, es posible encontrar más de cinco tiendas de vinilos.

El Astro de los Discos es la disquería de usados más antigua de Uruguay: la fundó David Bercovici en el local de siempre de Uruguay y Tristán Narvaja en 1966. Desde que falleció David, en 1992, su hijo Luis pasó a encargarse de la tienda y así mantener la tradición familiar.

Al entrar al local es inevitable sorprenderse por la enorme cantidad de discos: Luis habla de miles y tiene razón. Hay un sector de long plays apilados donde el mínimo movimiento amenaza con provocar una avalancha. Si bien puede parecer que el orden es arbitrario, se aclara que todos sus discos están clasificados.

Luis Bercovici en El Astro de Los Discos
Luis Bercovici en El Astro de Los Discos: Darwin Borrelli

En la pared hay un cuadro con la lengua de los Rolling Stones, varios pósters descoloridos por los años y numerosos discos de colores que disimulan la pintura desgastada. Hay olor a humedad. Sentado al lado de una bandeja de vinilos, Luis saluda a los clientes y vecinos que pasan frente a la vidriera del local. “Hugo Fattoruso ha venido a comprar discos de OPA y han pasado varias veces a charlar Rubén Olivera, “Chichito” Cabral y el ‘Enano’ de La Vela”, cuenta. En un estante, que como todo alrededor está repleto de vinilos, hay una foto de su padre, el fundador de la tienda.

“Este comercio atravesó todas las crisis: la dictadura, la llegada del casete, el auge de los CD y el 2002”, dice el vendedor. Según comenta, el negocio de la venta de discos ha cambiado en los últimos años. Con internet, ahora se puede comprar material de todo el mundo sin la necesidad de salir de la casa. “Ya no competimos con el que está a la vuelta, sino que competimos con el mundo. Te compran discos en Japón y en España. Se globalizó todo”, dice.

Sin embargo, las disquerías tienen un encanto que las hace insustituibles. Uno puede ir a lugar, charlar con el vendedor sobre música, intercambiar opiniones, escuchar discos y pedir recomendaciones para ampliar sus gustos musicales. “Si comprás un disco por internet lo pagás por PayPal y ya está, es todo muy frío. Pero si vas a una casa de discos es distinto: hablás con el vendedor, charlas y probás el objeto”, dice Bercovici.

En este punto coincide Luis Alberto Dorta, quien desde hace 40 años se dedica a la venta de vinilos. Todos los domingos trabaja en la feria de Tristán Narvaja con su puesto, ubicado en la calle principal de la feria y Paysandú, y desde 1986 tiene su disquería, Sun Rockabilly Discos.

“Enviar un disco al exterior es algo muy frío”, dice Dorta. “Lo hacés solo por el dinero, pero para mí la venta de álbumes va más allá del lo que uno puede ganar, es la satisfacción de lo que te deja estar haciendo lo que uno ama. La clave del sentido de tener un local es charlar con el cliente y generar una amistad”.

Luis Alberto Dorta en Sun Rockabilly Discos
Luis Alberto Dorta en Sun Rockabilly Discos: Darwin Borrelli

Al adentrarse en el pasillo de la galería Monteverde, ubicada en Eduardo Acevedo y 18 de Julio -donde mudó su local hace dos años- es imposible no reconocer su tienda. Con una vidriera repleta de tapas de álbumes (que van desde Los tontos al natural, de Los Tontos, a Singin’ the blues, de BB King), y la música de Elvis saliendo por los grandes parlantes del tocadiscos, Sun Rockabilly te invita a bucear en sus bateas.

Al igual que El Astro de los Discos, las paredes están repletas de vinilos de colores. También hay varias tapas de singles y pósters de rock. En las bateas se mezclan 15 cajones repletos de vinilos, en los que conviven simples, maxi-singles, discos de Johnny Cash importados y varias recopilaciones de tango.

“El vinilo tiene un sonido natural, el del CD es más artificial; es un sonido pasteurizado. Lo comparo con los grandes saxos de la década del cincuenta, que no tiene la misma calidad de ahora. El vinilo tiene alma, el CD no”, asegura el vendedor.

Y esa alma es la que andan buscando cada vez más compradores. No se olvide de ir a revisar su discoteca: ahí capaz que tiene escondido un tesoro.

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