LA TABARÉ

Un viejo entusiasmo renovado

Una mirada al ensayo de la banda, que mañana presenta “Fugas disociativas” en el Solís.

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"Después de 30 años, seguir entusiasmado con esto, me siento bendito", dice Rivero. Foto: Difusión.

Para mí es como volver a nacer", comenta Tabaré Rivero antes de empezar un nuevo ensayo de La Tabaré. El año pasado, su banda cumplió 30 años que se festejaron con un sinfín de actividades (shows con distintos enfoques, toques en Argentina y la proyección del documental Ni estrellas ni fugaces) y tuvieron un broche de oro en el Teatro de Verano. Esa fue una noche redonda, para ellos y su público.

Pero los 30 años pasaron y Rivero siente que ahí se cerró "una etapa muy linda". Ahora hay que volver a empezar ("aunque en este país siempre es así", piensa) y, para su suerte, el grupo está "con todas las pilas puestas".

"Es mucho más grande el entusiasmo que tengo ahora que el que podía tener hace cinco años, por ejemplo. Y después de 30 años al seguir entusiasmado con esto, me siento bendito", le cuenta a El País antes de trabajar en un nuevo espectáculo. Mañana a las 21:00 horas, La Tabaré presentará en el Teatro Solís el show Fugas disociativas, una de las primeras actividades formales de un 2016 que ya se ve venir bien cargado.

Convertida en un septeto con la reciente incorporación del tecladista Sebastián Gagliardi, quien había venido tocando como invitado con la banda, La Tabaré se junta a ensayar en el centro de Montevideo recién a las 23:00 (aunque siempre termina siendo un poco más tarde).

El trombonista Enzo Spadoni no viene; vive en el interior, pero además ese día está tocando en Argentina con otra banda. El bajista, Martín García, está atrasado; está trabajando en un recinto tanguero y los demás ofrecen hacerle una colecta para que tome un taxi y llegue rápido. El baterista Chelo Lacava avisa que hace rato está esperando ómnibus, y no pasa. Todo eso a las 11 de la noche.

Mientras, Rivero y Lucía Ferreira reflexionan sobre el momento que está viviendo cada uno en la banda. Mientras el primero siente que vuelve a nacer, la segunda reconoce que acaba de empezar. Si bien viene hace dos años siendo la cantante de La Tabaré, el Teatro de Verano terminó de ubicarla en este panorama. "Fue como una realidad que me cacheteó y una exposición mucho más grande de la que había tenido hasta ahora", explica.

"Para vos es distinto, tenés el proceso de La Tabaré muy incorporado", le dice a Rivero.

"Lo tengo incorporado", le reconoce el frontman, "pero con esta alegría no. Esta alegría hace tiempo que no la sentía".

Fugados.

Hace algunas semanas, el mánager de La Tabaré les habló de la posibilidad de tocar en el Solís y la Zitarrosa, y les pidió a los músicos que pensaran un nombre para englobar los espectáculos. Entre charlas apareció la idea de la locura, del quiebre entre personalidades, y surgió entonces Fugas disociativas.

Pero ese nombre, después, se les fue de la mente, y empezaron a armar un espectáculo a la manera tradicional. "Llevar lo que estábamos armando al nombre fue un poco caótico", reconoce Ferreira entre risas.

Para moldear esas ideas y mezclarlas con las canciones se valieron de la ayuda del actor y dramaturgo Federico Guerra (autor de Snorkel y Odio oírlos comer, de la que Rivero forma parte). Él los ayudó a estructurar la presentación del Solís de mañana, en la que además estará involucrado.

"Pero es importante que la gente sepa que no es una obra teatral: es un espectáculo musical donde hay alguna connotación al título", señala Rivero. En las redes, Fugas disociativas fue presentado casi como una película de terror, con una estética dark, pero tampoco será ese el encare total que tendrá este recital.

Cuando llegan el guitarrista Leo Lacava y el resto del grupo, todavía con un vino que da vueltas en la sala de ensayo, hay que resolver qué se va a ensayar. Rivero toma el cuatro para hacer un par de temas (después le explicará brevemente a Ferreira cómo funciona ese instrumento, mientras los demás se embarcan en una discusión puntual sobre un arreglo), y salen bien.

"Pero no hagamos temas que ya sabemos, vamos a laburar", propone García, y entonces se enfocan en una canción del disco Yoganarquía de 1997, que hasta ahora La Tabaré nunca tocó en vivo. Es "Qué venís", de Alejandra Wolff, y Ferreira tenía muchas ganas de hacerla porque de adolescente la cantaba con una banda.

Con la letra escrita a mano en un papel y con Rivero mirando en silencio, la banda la prueba una, dos, tres veces. Hay unos versos que demandan un tempo distinto, aunque no hay acuerdo en si debe ser más lento o más rápido. Toman todas las sugerencias, mientras Ferreira repite: "sobre el placer por el placer"; Rivero dice que la última que hicieron está muy punk y García le recuerda, entre chistes de si prefiere tocar pop, que la original es así.

Llegan a un acuerdo, después de un largo rato.

En general, el repertorio para un show surge del deseo general de los músicos, Rivero lo pule y entre todos lo definen. "Pero no sos muy de preocuparte", le dice Ferreira. "No, ahora no", comenta él. "Antes era todo como yo decía, ahora por suerte me descontracturé y disfruto mucho más. Aparte confío mucho en ellos, tienen cabezas muy de La Tabaré".

Varias veces Rivero habla del que era antes: un tipo con fama de hosco y cierta tendencia autoritaria dentro de la banda. Ya no es así, asegura, y en la interna del grupo eso se nota. Habían avisado previo a esta entrevista, que la instancia del ensayo era hermética y que preferían evitar extraños, pero terminaron haciendo de esa una jornada más, con la misma dinámica y los mismos chistes.

Cuando se trancan en una discusión se llega fácil a un acuerdo, asegura Gagliardi, el último en llegar a La Tabaré. "Tabaré es una persona muy armoniosa", dice entre risas. "Son cosas del momento, como de una cancha. Se soluciona y se sigue para adelante. No hay rencor", asegura.

Esta vez, para Fugas disociativas, Rivero reconoce que se puso "caprichoso" porque quería hacer algunas versiones de temas ajenos, que la banda nunca había hecho y que en algunos casos están bastante alteradas. Los músicos no estaban demasiado de acuerdo, pero terminaron cediendo. Después de "Qué venís" se ponen a probar uno de esos covers, que sin dudas será una de las sorpresas de la noche.

"La premisa es tocar todas las canciones que no estamos acostumbrados a tocar", dicen, concentrados en este Solís. Después de que pase ese show y el de la Zitarrosa, volverán a meterse de lleno en el nuevo disco que saldrá antes de fin de año, seguramente con el DVD de los 30 años. Hay otra etapa en marcha.

Espectáculo doble pero en lugares diferentes.

Fugas disociativas se llama el espectáculo que La Tabaré propondrá en dos escenarios diferentes de Montevideo. Habrá canciones viejas (incluso alguna que nunca han tocado en vivo), nuevas, y algunos covers que no forman parte del repertorio habitual de la banda.

El primero de los shows será mañana en el Teatro Solís (habrá invitados especiales), a las 21:00 horas, y quedan pocas entradas en venta en boleterías y Tickantel a 400 y 300 pesos.

El otro show será el jueves 5 de mayo en la Sala Zitarrosa, a la misma hora y con localidades en Tickantel a 350 pesos. La propuesta, en este caso, tendrá algunas variaciones con respecto a la del Teatro Solís.

También se venden abonos numerados para las dos fechas a 600 pesos, pero estos sólo están disponibles en la boletería del Solís, entre las 13:00 y las 20:00.

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