ENTREVISTA

Vicentico habló con El País: "Uruguay es mi segunda casa, y muchas veces la primera"

El músico argentino habló con El País sobre su nuevo disco, "El pozo brillante", repasó su estrecha relación con Uruguay e hizo un balance de su carrera

Vicentico. Foto:  Difusión.
Vicentico. Foto: Difusión.

El pozo brillante, lo nuevo de Vicentico, no se parece en nada a lo que se podría esperar del hombre detrás de los éxitos “Solo un momento”, “Los caminos de la vida” y “No te apartes de mí”. El lado más hitero del argentino —ese que se ve reflejado en la portada de Último acto y que lo muestra junto a discos de oro y un Grammy— se mantiene, claro, pero esta vez no es el protagonista.

Ya lo había dejado claro con La salvación de Solo y Juan, la ópera rock que lanzó con Los Fabulosos Cadillacs en 2016: su nueva búsqueda va por la experimentación. “El pozo brillante parte de mezclar la música que tengo adentro y de las influencias de los sesenta con los sonidos de la compu”, le explica a El País mediante videollamada por Zoom. “Parte de mi entretenimiento es buscar luz y jugar mucho, y en este disco quería ver qué pasaba”.

A lo largo de los 11 capítulos del álbum hay espacio para varios juegos musicales. Aparece en “¿Quién sabe?”, una canción que mezcla aires hindúes al estilo de “Love You To” (The Beatles), arreglos de vientos, programaciones y un ritmo bien bailable. Lo mismo sucede con “Rima”, que hace que el trap, flamenco y el cha cha chá convivan con total naturalidad.

“El disco se llama El pozo brillante porque nos metimos en un viaje profundo que te atrapa. Nos costó mucho frenar porque corríamos el riesgo de ponernos medio barrocos y molestos, pero fue un trabajo muy lindo”, explica.

Pero los fanáticos no tienen motivos para preocuparse, porque el Vicentico que conoce a la perfección los secretos de la canción radiable está presente en las bellísimas “Ahora 1” —y su continuación, “Ahora 2”—, “Freak”, “No tengo” y “Un camino”.

Sobre su nuevo trabajo y su interés por la experimentación, Vicentico habló con El País.

—El pozo brillante abre con “Freak”, una celebración de lo que significa ser diferente. En tu carrera solista y con Los Fabulosos Cadillacs, siempre has grabado canciones bien diferentes de lo que suena en el momento. ¿Te has sentido un freak en algún momento?

—Yo no me doy cuenta de afuera cómo se me ve, y tampoco es que me interese. Pero sí, tal vez lo que hicimos con los Cadillacs y lo que hago yo como solista va por el costado de lo que es el mainstream; igual soy un artista que hace música popular y que graba para un sello grande, no es que ande por un camino rarísimo, pero sí camino por un costadito. No me meto de lleno en la pelea por la música pop o en la búsqueda del hit; lo que me interesa es poder conmoverme y conmover al que tengo en frente con una canción. Ya eso me parece un gol. Lo mismo que alguien escuche este disco entero, porque eso ya no se hace, pero que con un par de personas me digan: “Lo escuché y qué loco esto”, eso ya representa el éxito en este momento de mi vida.

—En este momento, en el que las plataformas digitales permiten acceder a la música de todo el mundo en cuestión de minutos y que el acto de escuchar un disco está cada vez más fragmentado, el concepto del hit puede pasar por otro lado: generar algo diferente y que sea bien personal. ¿Lo sentís así?

—Obvio. Lo que a mí me interesa de un artista es poder encontrar una personalidad única y ver cuánto me afecta ese modo de ser. Eso es lo lindo del arte y de la música en general: uno escucha a un artista que te gusta mucho y enseguida te mueve a tu lugar, te conecta a vos mismo y te representa en un montón de cosas. No da para ponerme a buscar cómo la pego con una canción porque sería como medio chiflado de mi parte. En realidad, con Los Cadillacs nunca lo pensamos de ese modo, pero a lo mejor antes era más normal que si tenías una gran canción pop sucedieran un montón de cosas en la radio. Eso ya no sucede ni tampoco va a pasar por mucho tiempo, así que el camino va por otro lado.

—El álbum está repleto de experimentos sonoros, de climas nocturnos y de atardeceres. Tenés una casa en Uruguay y venís seguido, ¿los paisajes de acá te inspiraron?

—Uruguay es mi segunda casa y muchas veces es mi primera casa. Desde que soy muy chico voy muy seguido y en los últimos 20 años paso mucho tiempo allá y tengo amigos. Y sí, mucha música de El pozo brillante se hizo en Uruguay. El productor Héctor Castillo, que también graba con No Te Va Gustar, conoce la zona del país por donde me muevo —y que no la quiero decir— y me ayudó a poner mucho de eso en el disco. El pozo brillante tiene atardeceres, mucho del mar, del campo y de la mezcla salvaje entre el campo y la playa uruguaya.

—Lo noté escuchando las canciones “Ahora 1” y “Ahora 2”, que me trasladan a un atardecer frente a la playa uruguaya. ¿Qué lugares te inspiraron?

—Tengo mis lugares allá, que no son de nadie pero también son míos. Nadie es dueño de ninguna roca que está en el mar, pero yo tengo las mías para escribir. El video de “No tengo” lo filmé con mi celular y tiene un par de momentos, olas y playas de allá... Me parece raro cuando te digo “allá” porque estoy a un par de horas. Acá ando mucho en bicicleta todas las mañanas y cuando estoy pasando frente al río, miro para el horizonte y digo: “estoy acá nomás, si me pongo las pilas y me voy nadando”. Justo ahora la situación está complicada con la cuestión de la pandemia, pero en cuanto se libere un poco me voy para allá.

—Ya que mencionaste a la pandemia, ¿esta pausa obligada de más de un año te permitió hacer un balance del camino recorrido?Empezaste con Los Cadillacs por “el costado del mainstream” y terminaron logrando bastantes cosas.

—Sí, qué se yo. No he pensado mucho en eso, pero ahora que lo mencionás, lo que te puedo decir es que sé que quiero seguir tocando siempre hasta que me muera porque es algo que me gusta mucho. Tal vez pienso que con mis compañeros de Los Cadillacs hicimos todas las que se podían y todas las que queríamos hacer; pero eso sí, tenemos ganas de repetirlas. En ese sentido, si uno piensa en todas las cosas que pude hacer y me comparo con cuando tenía 18 años, me pongo muy contento porque yo era un músico de punk rock que tocaba en una banda de barrio que hacía cualquier cosa, así que no está mal el camino que logramos hacer. Me siento contento con la vida que nos tocó vivir, que es muy intensa, agradable y buena onda. Eso no quiere decir que no me quede mucho por recorrer porque recién estamos en la mitad del camino.

—¿Hay algún momento que te haya marcado?

—Obvio. Todas las colaboraciones que hicimos con otros artistas me pegaron fuerte. Cuando hicimos el tercer disco de los Cadillacs, en 1988, grabamos “Vasos vacíos” con Celia Cruz y esa fue una experiencia que nos modificó a todos porque aprendimos un montón y nos dejó una canción tremenda para toda la vida. Después, tuve la suerte de grabar con Debbie Harry, que fue tremendo; también con Tony Bennett, Willie Nelson, Andrés Calamaro y Natalia Lafourcade. Son montones de chabones muy pesados que me dieron recuerdos alucinantes. Hay una especie de logia de gente que nos gusta la música y que se une. Eso es lo que más me dio la música y que me va a seguir dando toda la vida.

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