MÚSICA

El largo viaje que los trae de vuelta

Una charla con la banda que se prepara para dar tres conciertos en el Teatro de Verano, en abril.

El eterno femenino de una imaginativa pintora
NTVG toca el 15, 16 y 17 de abril, y ya agotó dos de los recitales. Foto: Difusión.

Reencontrarse con el disco Solo de noche es un ejercicio de lo más interesante y recomendable para cualquiera que lo haya escuchado a principios de los 2000. Meterse en esas 14 canciones es toparse otra vez con grandes temas como "Yrigoyen", que no quedaron en el bloque de hits que No Te Va Gustar logró cosechar con el tiempo. Es bailar con "Déjame bailar" o "Llévame contigo"; descubrir otra vez un buen cover de Fito Páez (el de "La ciudad de los pibes sin calma"), o identificar a los invitados.Todavía recuerdo la primera impresión que me dejó "Cosa linda": tenía nueve años, y creí que la voz que acompañaba a la de Emiliano Brancciari, una voz que distaba mucho de las que estaba acostumbrada a escuchar en las radios, era la de un amigo de la banda que no se dedicaba a la música. No conocía en ese momento a Mandrake Wolf, el "amigo" en cuestión, ni tenía Internet para despejar dudas.

"Es una buena definición para una escucha de nueve años", dice entre risas Martín Gil, trompetista de la banda desde 1997. Está con Brancciari y Gonzalo Castex, los dos miembros fundadores que siguen en el grupo, y con Diego Bartaburu y Fran Nasser, incorporaciones de la última década, sentados en la que parece ser la sala de reuniones del estudio Elefante Blanco, en el que alguno ha sabido vivir.

Ubicado en una preciosa calle de Montevideo, el centro de operaciones de los NTVG de afuera parece un búnker: no se puede ni espiar hacia el interior. Tras el cerramiento, una antigua casa verde de dos pisos reúne buena parte de la historia de la banda: hay equipos e instrumentos amontonados, premios Graffiti por aquí y por allá, afiches de recitales importantes encuadrados, discos de otros artistas y ediciones en vinilo de El tiempo otra vez avanza, el último trabajo que editaron, en 2014.

Hay algunos mates en la vuelta para compartir (la entrevista con El País es en una mañana soleada), y una extraña pieza de tela que generará varios chistes entre los músicos.

—Escuchando Solo de noche pensaba en lo lejos que estoy de quien era en ese momento. ¿Qué tanto se parecen ustedes a los que eran?

Emiliano Brancciari: No mucho. Nos parecemos respecto a la esencia de lo que somos como grupo, en lo intangible, en qué lugar ocupa el grupo en nuestras vidas, en la dedicación, en intentar hacer algo que nos guste, el respeto al público y a nosotros. En eso no hemos cambiado; después, en todo lo demás, inevitablemente sí. Y festejamos esos cambios, desde la infraestructura a que nos hemos hecho hombres acá adentro, y tenemos otro tipo de preocupaciones fuera de acá. Inclusive con el grupo, porque esto se ha transformado en la fuente de ingreso de muchas familias, y tenemos una responsabilidad que en ese momento no. Ahí vivíamos con nuestros padres, o nos estábamos empezando a emancipar.

Nasser (hijo de Jorge y el tecladista que se incorporó tras la muerte de Marcel Curuchet), tenía 16 años cuando su actual banda lanzó aquel primer disco. "Yo estuve en la final de 1998, cuando la banda ganó el concurso (el III Festival de la Canción) en la carpa de la Intendencia. Iba sin saber qué era y quedé de cara: explotó de gente, sonaba bien, y cuando salió el disco me pareció impresionante. Ni me imaginaba que 15 años después iba a estar acá", dice.

En esa época, coinciden todos, los discos uruguayos en general no sonaban bien, salvo casos como La iguana en el jardín de Claudio Taddei o lo hecho por Peyote Asesino. Solo de noche, una producción independiente, sonó y aún suena muy bien, y dejó varias canciones convertidas en clásicos. La más obvia es "No era cierto", que sigue siendo el broche de los conciertos de la banda.

Por supuesto, será una de las que sonará en el Teatro de Verano en un par de semanas. No Te Va Gustar tocará el 15 y 16 de abril, y como las entradas se agotaron agregó un tercer show para el domingo 17: quedan pocas entradas, en venta en Tickantel a 700 pesos.

Sonido.

Con Aunque cueste ver el sol, el tercer disco de la banda (y uno de los mejores, por cierto), el sonido que NTVG tiene hoy empezó a tomar forma, para ir variando a lo largo de los cinco álbumes siguientes.

En un momento casi desapareció el reggae, hubo una transición bastante experimental (en la variedad de estilos abordados) con los repertorios de Aunque cueste... y Todo es tan inflamable, su trabajo más flojo, y en El camino más largo hubo toques electrónicos que ya no estuvieron presentes en Por lo menos hoy. Sin embargo, parece que desde El camino... los álbumes se hubieran vuelto homogéneos. "Hoy un disco nuestro tiene más que ver al audio en vivo", dice Brancciari.

Los productores han influido bastante en el sonido final de cada trabajo, aunque siempre llegaron para potenciar y no para tomar decisiones por los músicos. A NTVG le gusta hacer las cosas a su modo, aunque le deja al productor el deber de guiarlos rumbo al mejor resultado (y el de terciar cuando no se ponen de acuerdo).

Sin embargo, esa mutación que pasó de un primer sonido que se debatía entre el rock, el reggae y el ska, con una energía fuerte y rabiosa, a este más pop y nostálgico que los caracteriza hoy, no fue algo que se hayan planteado objetivamente.

Y así ha sido siempre: en Solo de noche grabaron "La ciudad de los pibes sin calma", de Fito Páez, porque su entonces socio Andrés Sanabria (hoy director de Bizarro) les pidió que versionaran algún tema conocido por si los suyos no funcionaban. Una semana antes de entrar a grabar, Sanabria les preguntó qué tema habían elegido y los músicos se habían olvidado de aquel pedido.

Brancciari estaba estudiando (en realidad, mientras todos estudiaban él estaba "boludeando", confiesa) en la casa de una compañera de clase (Amalia Rossi, hoy también en Bizarro) y encontró el disco Ey! del músico rosarino. Lo escuchó, reparó en el cuarto track, y listo.

"No es algo que manejemos muy a conciencia lo del cambio de sonido. Venimos escuchando cosas y eso se traduce en lo que después terminamos tocando", explica Brancciari. "Nos pasa desde el primer disco, y desde ahí no cerramos ninguna puerta, y bancamos que nos digan lo que nos digan. Cada vez que nos enfrentamos a un disco nuevo aparecen cosas nuevas, pero no les tenemos miedo".

Los gustos personales y actuales de cada uno influyen mucho, y también la música que escuchan en las giras: a veces escuchan por separado, a veces suenan varias cosas a la vez (le llaman Fiesta X y es un poco esquizofrénico), o a veces eligen un disco y lo gastan, como pasó con Cerca de las nubes, el penúltimo de Las Pelotas. Y también tuvieron alguna experiencia casi traumática, de la que por supuesto hoy se ríen, como una vez que en Europa Mauricio Ortiz los saturó con un DVD de Pat Metheny.

—Supongo que deben haber tenido varias situaciones en las que no se reían tanto.

Martín Gil: Tenés que pasar por todo. Ahora estamos en un muy buen momento hace varios años, y la estamos pasando bien. Obviamente con rencillas, discusiones o enfrentamientos directos por determinadas cosas. Pero ya a otro nivel, sabiendo que en definitiva es en pos del colectivo, de tratar que todo camine. Empezamos siendo muy chicos, y todo es parte del crecimiento personal. Hubo momentos bastante difíciles.

Emiliano Brancciari: Aprendimos de lo relativo de los problemas y las dificultades. A veces estamos muy irascibles y nos damos cuenta que es el día 20 de gira; ahí sabemos que hay que parar, cortar con la discusión porque no tiene sentido.

Las giras de No Te Va Gustar suelen durar dos años en total, aunque no pasan en la ruta más de 20 días porque de lo contrario la convivencia se vuelve difícil y empiezan a extrañar demasiado sus casas y familias. La de Viajando sin espadas (que está en marcha), sin embargo, se les excedió un poco más.

Por eso, la banda planifica seguir tocando y viajando todo el año: en lo que va de 2016 ya estuvieron en Argentina, Bolivia y algunos festivales del interior, y tienen agendados shows en Paraguay, Chile, Colombia, México. Además, el 14 de mayo estará en el Teatro de Verano de Florida (las entradas están en venta en Red UTS). El plan es editar disco el año que viene, pero lanzar antes un par de canciones nuevas.

Canciones.

La banda tiene un esqueleto de show, a partir del que se construye el set para cada concierto. En el Teatro de Verano, entre noche y noche pretenden renovar unos 10 o 15 temas, por ejemplo. Para eso, Brancciari consultó en el grupo de Whatsapp qué querían volver a tocar los demás. Él se decanta por "Te quedás", una de sus favoritas del grupo.

Gil menciona "La soledad" o "No lo ves", Castex opta por "Poco", Bartaburu tararea antes de recordar el nombre de "Una triste melodía", y Nasser elige "Voy". "Esas van a ir", adelanta el cantante acerca de los tres recitales que, de alguna manera, servirán para revisitar varios lugares de su discografía.

Además, en el Teatro de Verano habrá un artista distinto invitado por noche, para abrir: el viernes será Los Cuerpos, el sábado Martino y el domingo la banda argentina Turf.

"Hay temas que son para el disco y no funcionan de otra forma, y hay temas que si los tocás en vivo son una bomba y en el disco los pasás", dice Brancciari; eso pasa incluso entre los propios músicos.

"Es tan relativo y tan personal que por eso para mí los críticos de música no sirven. Si a vos te emociona o no, no podés ponerle una o 100 estrellitas y convencer al otro de que las tiene. Es un trabajo ingrato, evidentemente sirve para algo, pero es muy difícil medir algo, ponerle una medida al arte. Es un huevo: a vos te puede pegar en un momento, en otro, nunca, y al de al lado todo lo contrario", reflexiona.

Argentina.

La banda más importante del rock argentino: ese es el mote que NTVG se ganó en los últimos años en la prensa de la vecina orilla. Aunque de adentro no lo vean "tan así", con tanta conciencia, reconocen que se sienten orgullosos de haber llegado a ese lugar.

"Nosotros estábamos haciendo Teatros de Verano y tocábamos en cumpleaños de 15 acá para poder pagarnos los pasajes e ir a Buenos Aires", dicen. Lo hacían para abrir el mercado, porque sabían que si se limitaban al circuito uruguayo, con las dificultades que tiene para una banda nueva moverse en el interior, no iban a tener demasiado futuro.

"Nunca imaginamos que íbamos a terminar tocando en 22 países", reconoce Brancciari. "Solo queríamos abrir un poquitito para agrandar el circuito. Pero como dice Japo (Castex), nosotros sabemos que el éxito del grupo está, pero llegas acá y tenés que ir a hacer el reclamo de UTE como cualquiera. La vida nuestra sigue siendo normal".

Una banda que en vivo siempre está empezando de nuevo.

El primer Teatro de Verano de NTVG en solitario fue el 12 de octubre de 2002: presentó su segundo disco, Este fuerte viento que sopla, y Brancciari lo recuerda sin hacer demasiado esfuerzo. "Es que si no te acordás, no te corre sangre por las venas", dice.

"Me acuerdo desde la escenografía hasta lo emocionados que estábamos porque había ido cantidad de gente. Del repertorio, que hicimos como un semicírculo acústico en la mitad del show, me acuerdo de los invitados, de que perdimos plata... Quedamos debiendo por todos lados porque no agotamos y no nos dio para cubrir los gastos, pero no nos importó por la felicidad que teníamos", asegura 14 años después.

NTVG ya perdió la cuenta de cuántas veces tocó en el Teatro de Verano, un lugar que ahora les resulta "muy familiar". "Por eso lo elegimos nuevamente, porque tiene un valor afectivo para nosotros", dice Brancciari.

Fue con Este fuerte viento que sopla que el éxito de la banda empezó a crecer rápidamente. Conciertos multitudinarios, shows en el exterior, participación en festivales masivos (incluyendo la cancelación de su toque en una Fiesta Final, debido a la excesiva convocatoria), reconocimientos, nominaciones, premios, ventas... Todo eso, pero también el alejamiento de miembros fundadores como Mateo Moreno y Pablo "Chamaco" Abdala, o el fallecimiento de Curuchet, fueron parte de un proceso que llevó a NTVG a ser la banda más popular de América Latina del momento. Sin embargo, siempre están empezando de nuevo: pasan de tocar para 60.000 personas en un estadio de Argentina a actuar para 500 en un boliche de algún país nuevo.

"Es un gran ejercicio", afirma Gil, y Brancciari asegura que ya están "reacostumbrados". "Está bueno porque también sabemos cómo movernos ahí; o cómo no movernos, porque estamos muy pegados", bromea.

"Te independiza de la cantidad de gente el show que vas a dar. Por suerte siempre encontramos las ganas de tocar lo mejor posible, de dar el mejor show que tenemos para dar en ese momento, con la energía que tenemos. A veces te agarra de gira y no siempre estás igual, pero siempre salimos con las mismas ganas", señala Gil y se sincera: "si no nos gustara tocar para poca gente sería frustrante, y horrible para el camino que venimos haciendo que es el de tocar por todos lados".

"Además sentís el calor de la gente y le ves la cara, porque cuando lo tenés a 50 metros al que tenés más cerca ves una masa. Es algo más personal", agrega el baterista Bartaburu. "Y te lleva mentalmente a momentos que fueron muy felices para nosotros. Cuando empezamos el contacto con la gente era muy disfrutable, y que nos vuelva a pasar está buenísimo", reconoce el cantante.

Una vez que empezaron a convocar a miles de personas en el Río de la Plata, la primera experiencia "fuerte" en lugares pequeños y con menos público fue en giras por Alemania y Austria, donde además estaba la barrera del idioma. "Es como una situación de conquista la que te toca ahí: tenés que ir y seducir", señala Gil.

Reportar error
Enviado
Error
Reportar error
Temas relacionados