MÚSICA

Vestida de noche y soñando con una revolución emocional

La española Silvia Pérez Cruz vuelve en junio y presenta su nuevo disco.

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La cantante viene a estrenar su nuevo disco a Montevideo. Foto: Difusión

Yo no sabía lo que era cantar hasta que escuché a esta mujer", escribió hace algunos días un comentarista de este diario. Hablaba, claro, de Silvia Pérez Cruz, y es una percepción que, con más o menos entusiasmo, pueden compartir varios de quienes hayan escuchado a esta española, una de las más interesantes que ha llegado a esta región en el último tiempo: su canto es de los que llevan hasta las lágrimas.

En contrapartida de toda esa intensidad que transmiten su voz y el repertorio que aborda —que va de canciones propias a ajenas—, Pérez Cruz habla y siempre parece estar conteniendo las ganas de reír.

Nació en un rincón de Cataluña hace 34 años, y se crió dando vueltas en la escuela de arte de su madre, respirando la posibilidad de expresarse en diferentes maneras. Tiene una hija de ocho años y una mirada sobre la vida que desprende ternura y optimismo, aún cuando viene cantándole a los más sufridos. En febrero le dedicó a los desahuciados el Goya a mejor canción original por "Ai ai ai", que compuso para la película Cerca de tu casa (que también protagonizó); y ahora está haciendo parte de la banda sonora de Memorias del calabozo, la película de Álvaro Brechner sobre el libro de Mauricio Rosencof y Fernández Huidobro.

"Últimamente sí que me toca estar acompañando causas reales y concretas", dice a El País, "pero mi intención siempre ha sido hacer una revolución emocional. Intentar que la gente esté viva para sentir, para quejarse o para enamorar. Me da igual, la intención es la misma para mí: transmitir vida".

Dice además, pensando en su creciente faceta de actriz, que todavía se siente una intrusa en un set de cine pero que hay algo de complicidad musical, que la hace sentirse un poco en casa, en su terreno más familiar. Ese terreno en el que ha pasado la vida entera, estudiando, componiendo y proyectándose. El disco que lanza el próximo viernes y que viene a presentar a Uruguay en junio, tiene que ver con eso.

Vestida de Nit (vestida de noche) toma el nombre de una canción compuesta por los padres de Pérez Cruz, y toma forma a partir de un deseo que a la cantante le surgió en su época universitaria: tocar acompañada de cuerdas. Así, giró tres años con un quinteto y luego grabó este álbum, que incluye versiones como "La Lambada" o "Gallo rojo, gallo negro" (entre otras), que aquí popularizaron Los Olimareños pero que es de la pluma del español Chicho Sánchez Ferlosio. De eso, Álvaro Brechner ya la puso al tanto.

Si no puede ver el video, haga click aquí.

Con este espectáculo volverá Pérez Cruz a la Sala Zitarrosa (las entradas ya están en venta en Tickantel, desde 700 pesos), el sábado 17 y domingo 18 de junio. "Tenía muchas ganas de ir a Uruguay, tengo muy buen recuerdo de la otra vez y muchas ganas. Y ahora que he conocido a tantos uruguayos", dice en referencia al equipo de Memorias del calabozo, "ya les he dicho que vayan por favor".

—Tu manera de cantar tiene un factor emocional marcado. ¿Hay interpretación de tipo actoral, o es puro sentimiento?

—Cuando canto siempre soy yo, no interpreto a nadie. Y aunque no hablo de mis emociones presentes, hablo de lo que pienso yo en general de las emociones. Y me coloco en un sitio casi de canal. Una vez me pasó algo muy bonito después de un concierto, cuando una chica me dijo: "¿Quién te contó mi pena, que la has cantado?". Y es que yo no canto tu pena ni la mía, canto la de todos. Por eso me gusta cantar, porque me conecta con algo universal y porque es un viaje distinto. El escenario es un espacio donde parece que se permite la locura.

—Por momentos pareciera que cantar es, para ti, como llorar: una posibilidad para aliviar cualquier tristeza.

—Pero para mí no es doloroso, y el lloro es algo muy íntimo. Para mí, aunque le cante a la pena, es una purga: canto tristezas para ser feliz. No sufro; a veces me cansa físicamente pero no me duele, lo saco.

—Dijiste que a veces te sentís un canal y eso se nota mucho en Vestida de Nit, tu nuevo disco, que tiene varias versiones de otros autores. ¿Cómo te apropiás de cada canción para hacerla tan tuya?

—Primero, tiene que ser una canción que me apasione. Luego, no pensar que tienes que hacerlo mejor que nadie, sino ser valiente y sincero para encontrar tu propia manera de contar. No tener prisa y dejarte llevar. También es verdad que cuando compongo, hasta que no siento que las canciones son mías, no las disfruto. Entonces me gusta pensar que no es mío lo que canto. Es como un vestido que te gusta: hay algunos que te quedan fatal pero otros te quedan bien, y hay que saber escoger ese vestuario y bailarlo.

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