CRÍTICAS

De cómo es ver a una estrella de rock brillar

Una estrella de rock puede tener muchas características bien particulares y distintivas, pero hay una que debe andar en el top 3 de las más importantes: el efecto.

El eterno femenino de una imaginativa pintora
Memorable: Fito Páez y su banda dieron un show impecable con gran trabajo en la iluminación.

Si cada vez que termina una canción en un recital, sea mega hit o tema de escasa popularidad, la gente aplaude un minuto largo sin parar y grita, lo más fuerte que el cuerpo se lo permita, el que está en el escenario es una estrella de rock.

Entonces, Fito Páez es un rockstar. Tiene otras cualidades, sí, para encajar en ese perfil. Más allá de sus discos y canciones, sus romances mediáticos (y abundancia de mujeres a lo largo de su vida), su estética tan particular, y su actitud cirquera. Pero la ovación que el público le rinde es sorprendente.

El miércoles, el rosarino llenó el Teatro de Verano con la excusa de repasar Giros, su segundo disco, a propósito de los 30 años que cumplió en este 2015. El aniversario fue, más que nunca, una simple excusa; en media hora, las nueve canciones del álbum pasaron de un tirón, sacudiendo los estados de ánimo sin piedad.

Y sacudiéndolo al propio Fito, también, que fue del piano al micrófono una y otra vez, un ejercicio constante que lo tiene más que asimilado tanto él como su banda. Los cinco músicos que lo acompañan son una máquina que está programada para cumplir determinada función, pero a la que le encanta salirse de la línea.

Y el equipo que lo acompaña hace que nada salga mal, sobre todo a nivel de luces. Esta vez, los efectos logrados fueron un gran componente de la efectividad que tuvo el recital, siguiendo a la perfección cada golpe, cada corte, cada compás.

Giros era la vedette de la noche y brilló con versiones renovadas, siempre de finales extendidos (ese síndrome tan propio de Fito Páez). "Yo vengo a ofrecer mi corazón" funcionó, dedicada al músico uruguayo Lobo Núñez que estaba en la platea, como un mantra unificador.

De esos momentos hubo varios e intensos en un show de perfil bastante politizado. El repertorio de Fito tiene varios temas controversiales y el miércoles desfilaron muchos, sacando ventaja las interpretaciones de "Gente sin swing" (gran tema) y "El diablo de tu corazón". "Argentina soltó amarras", lanzó Fito en algún momento, e hizo al pasar menciones del momento que atraviesa su país.

Aunque su país también sea este, un poco. Si bien evitó caer en uruguayismos, cosa que tanto le gusta a su colega Andrés Calamaro, le dedicó reiteradas declaraciones de amor a Montevideo, hasta que afirmó: "Me siento en condiciones de decir que Montevideo soy yo... también". Que lo sea, si quiere.

A juzgar por el afecto con que lo recibieron miles de personas en el Teatro de Verano, quizás no sea Montevideo pero sí un buen ícono rioplatense, al que de este lado se quiere bastante.

A modo de bautismo simbólico para este nuevo uruguayo, fue que cayeron unas gotas pesadas (que duraron poco, por suerte) cuando el show ya se estaba despidiendo. El bloque final fue abrumador, con una sucesión de éxitos entre los que estuvieron "Polaroid de locura ordinaria", "Fue amor" y una larguísima versión de "Y dale alegría a mi corazón". Y "A rodar mi vida", cómo olvidarla.

Fito Páez y su banda brillaron (lo del tecladista Juan Absatz es de no creer) rememorando un disco significativo y otras joyas de los ochenta, y dando los golpes más fuertes con sus canciones poderosas, capaces de trascender generaciones y conmoverlas con el mismo poder. Un poder infalible que el miércoles se hizo sentir.

FITO PÁEZ (****)

Fecha: 16 de diciembre. Lugar: Teatro de Verano. Show: Giros, 30 años. Músicos: Diego Olivero (guitarra eléctrica), Carlos Vandera (guitarra electroacústica) Mariano Otero (bajos), Juan Absatz (teclados), Gastón Baremberg (batería). Producción: Gaucho

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