DANGER FOUR

"No sé si se ha valorado a la banda en su dimensión"

La banda tributo a The Beatles vuelve a la Sala Zitarrosa para cumplir con un clásico desde hace 14 años. Tocan mañana y el sábado a las 21.00 y el domingo a las 19.30, y quedan entradas en Tickantel desde 580 pesos.

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Danger Four. Foto: Difusión.

Antes de cruzar el río para tocar en su país natal, Krikor “Coco” Boudakian charló con El País del proyecto que lidera hace ya más de 30 años. “No pasé por esta vida al pedo”, dice.

—¿Cómo es el público que los va a ver cuando tocan acá?

—Mayoritariamente gente grande, de 35 años para arriba, pero va mucha pendejada. Cada vez va más, en Buenos Aires los shows nuestros están llenos de pibes de 12 o14 años.

—¿Te sorprende?

—No, ¿sabés por qué? Porque en cada casa que hay un disco de los Beatles, después los hijos salen fanáticos. Mi hijo (Mikael Boudakian, bajista de Snake) se hizo fana de los Beatles escuchando los discos que yo tenía. Él tenía 10 años cuando yo estaba con todo esto de los Danger Four. ¿Pero la alegría sabés cuál es? Que la gente te va a ver, cierra los ojos y escucha a los Beatles, y eso te genera un compromiso.

—Cuando empezaste a hacer aquellas funciones con Danger Four en el Teatro Anglo, en 1985, ¿te imaginabas eso?

—Ni en pedo. No porque la conclusión que yo saqué, medio a la apurada, fue que por ahí había un lugar vacío y lo ocupamos nosotros. Capaz la gente quería ver algo con revival. Fijate que en Buenos Aires me adjudican ser el padre de las bandas tributo.

—Con una banda tributo que también respeta la estética.

—Sí, pero hasta ahí nomás. Porque yo la ropa del Sgt. Peppers no me la pongo ni en pedo, eso es una payasada. Siempre traté de cuidar que los chicos no hicieran los gestos, que no se dijeran "John" o "Paul" sobre el escenario.

—¿Es difícil cuidar eso?

—Y sí, obvio. Pero es una condición sine qua non, como tener los mismos equipos de los Beatles. Otra: no drogarse. Somos caretas, lo que quieras, pero acá no se droga nadie.

—¿Caretas por qué?

—Porque no nos drogamos. Una vez el chofer trajo a un ayudante de sonidista que estaba fumando porro, y a las tres de la mañana lo bajamos en la ruta, porque desde las 20.00 le estábamos diciendo: "loco, cortala". Son pequeñas cosas que hacen a las bandas. Y nosotros antes éramos una banda casi metalera, hacíamos temas de protesta e íbamos en cana todos los sábados a la noche. No había bandas de rock and roll, nadie te contrataba y pusimos un boliche nosotros, y había un tema que se llamaba "Cacerola", que era el hit, y con eso se pudría todo.

—¿Hoy cómo es la vida de Danger Four en Buenos Aires?

—Estamos haciendo teatros y casinos. Pero cuando armamos la banda nos llevaron Badía y Tinelli a sus programas. Fijate que salíamos en Ritmo de la noche y al otro día no nos paraba de sonar el teléfono. Fue una época muy linda de trabajo, recorrimos una cantidad de países. Hemos hecho más cosas de lo que la gente está enterada, y no sé si se ha valorado a la banda en su real dimensión. No es fácil lo que hemos hecho, porque nos tiraban todas pálidas cuando empezamos. Que dónde está la creatividad, que por qué no componen ustedes.

—¿No se te volvió cansador este trabajo?

—Sí.

—¿Y cómo seguís?

—El día que yo no tenga más ganas de subirme a un escenario no me voy a subir, no le voy a robar plata a la gente. Ahora estoy probando músicos, hay un integrante que por ahí entra en mi lugar, que canta muy bien y toca muy bien. Lo estoy metiendo de a poquito.

—¿Pero creés que Danger Four puede seguir sin vos?

—(Se ríe) Seguro que puede, nadie es imprescindible. Yo voy a estar en la dirección del grupo, con ellos. No te pienses que los voy a soltar así nomás a que hagan lo que quieran, ellos son medio desbolados. Pero me respetan mucho.

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